En 1876, el empresario alemán Fritz Henkel y dos socios más creaban una compañía en una antigua fábrica de zapatos para empezar a producir detergente en su país. El primer éxito llegaría algo más tarde con el Persil, una fórmula activa en polvo entonces revolucionaria que aún perdura como marca a día de hoy. Hace 150 años que el apellido Henkel se ha convertido en un gigante industrial que factura 20.000 millones de euros anuales, gana otros 2.000 millones y tiene 47.000 empleados alrededor del mundo. Su negocio ya no se sustenta solo en los detergentes, sino en productos que van desde el cuidado del cabello –en 1995 compraron los champús germánicos Schwarzkopf– hasta los adhesivos como Loctite, Pritt y Pattex.La compañía nació en 1876 de la mano de Fritz Henkel y dos socios, y a día de hoy el 60% de las acciones aún las controla la quinta generaciónEl presidente de Henkel Ibérica, Adrián Orbea, explica con motivo de esta efeméride cómo han evolucionado ambos segmentos. Por un lado, bienes de consumo que encontramos en el supermercado o la peluquería. Por el otro, pegamentos que empezaron a producir cuando en el período de entreguerras había una falta de abastecimiento de soluciones para cerrar cajas. Estos productos, asegura el directivo, son “el héroe invisible” de Henkel. “Los adhesivos están prácticamente en todas las cosas que vemos”, dice Orbea. Estos químicos se usan para ensamblar botellas, latas, pañales, coches, teléfonos móviles e incluso cohetes como el de la misión Artemis, que consiguió volver a la Luna este año y usó productos de Henkel.Henkel ganó cerca de 2.000 millones a nivel global y obtuvo un beneficio bruto de 500 en la filialDe hecho, la industria aeroespacial es uno de los nuevos pilares de la filial ibérica de la multinacional. Su planta catalana, en Montornès del Vallès, es una de las dos fábricas en el mundo –hay otra en Bay Point, California– dónde el grupo produce estos adhesivos tan específicos. “Desde aquí exportamos a más de 60 países”, añade Orbea. Estas instalaciones tienen más de 60 años, aunque esta parte concreta se inauguró en 2019. Hasta el año pasado no empezó la producción en la planta mientras conseguían las certificaciones, ahora están al 40% de capacidad y prevén llegar al 100% en un par de años.“Hemos invertido más de 100 millones de euros en Montornès en los últimos ocho años para temas muy diversos”, destaca el presidente de Henkel Ibérica. Por ejemplo, han desarrollado unos nuevos almacenes totalmente automáticos y unas líneas de producción de envasado más rápidas. “Creo que es la mejor señal para la industrialización”, defiende el directivo, en un momento en que preocupa la pérdida de tejido manufacturero en Europa y continua el rastro de EREs en Catalunya. El directivo insiste en el mensaje de la alemana, en línea con la visión de la UE: “Estamos en la región para la región”.“Es una atracción de talento y una decisión estratégica del grupo apostar por Barcelona”En Barcelona, Henkel también cuenta con las oficinas centrales de la filial, así como tres hubs , que sigue ampliando. En primer lugar, uno para la planificación de todas las fábricas europeas de adhesivos, que sumará una veintena de nuevos trabajadores hasta superar el centenar. Después, otro para centralizar las compras de materiales indirectos para los mercados de Europa y Oriente Próximo, con 22 empleados. El último en estrenarse ha sido un hub de planificación para los productos de bienes de consumo que da trabajo a 120 personas en la capital catalana. “Es una atracción de talento y una decisión estratégica del grupo apostar por Barcelona”, incide Orbea, que lleva casi 20 años en distintos cargos directivos dentro del grupo alemán. La filial española tiene una plantilla de 1.250 empleados, que ha crecido un 20% en 10 años, y genera un beneficio bruto de 500 millones.Percil fue el primer éxito comercial de la empresa REUTERSComo recuerda el directivo, 150 años después de su nacimiento, continua siendo una empresa familiar, en la que el 60% de las acciones siguen en manos de la quinta generación de descendientes de Fritz Henkel. “Tienen un acuerdo mancomunado entre ellos por el cual no pueden vender los títulos”, dice. En un contexto de gran concentración en el sector y de más presión por parte de los fondos de inversión, es la fórmula que han escogido para mantener la propiedad familiar de Henkel. Recientemente, la empresa recompró acciones por valor de 1.000 millones de euros para reforzar esta posición. El presidente de Henkel Ibérica considera que la empresa es “sólida” para afrontar situaciones como el contexto geopolítico actual, aunque los problemas de abastecimiento les puedan afectar en algunos de sus negocios.“Son el héroe invisible. Los adhesivos están prácticamente en todas las cosas”De cara al futuro y a seguir sumando años, Orbea tiene claro que conseguirlo pasa por la innovación y la sostenibilidad. “Ahí está el reto y ahí es donde creo que estamos mejor preparados que nadie”, defiende. Henkel ya cuenta con laboratorios automatizados que funcionan día y noche para resolver los problemas con los que se encuentran sus ingenieros. “El siguiente nivel es que toda esa información esté disponible para todos los investigadores”, añade. El principal está en Düsseldorf, donde también tienen la sede, y 500 profesionales usan la inteligencia artificial para testear qué soluciones son viables. “Es fascinante”, asegura Orbea.Periodista de Economía en La Vanguardia. Antes trabajó durante diez años en la misma sección en el Diari Ara. Es autora del libro 'El club de los unicornios' (Península, 2023).