Leonardo Padura (La Habana, 1955) es muy prudente. El escritor se niega a aventurar pronósticos para Cuba o a responder sobre si ve alguna vía intermedia entre el actual régimen y una intervención estadounidense que lleve a un estatus de protectorado o colonia para la isla. “No tengo la menor idea de lo que puede pasar”, afirma quien logró el Príncipe de Asturias de las Letras en el 2015, de visita en París para promocionar la versión francesa de Ir a La Habana y para un coloquio en el Instituto Cervantes. El autor, cansado de la insistencia mediática para que se pronuncie, reconoce que la transición española podría ser una fuente inspiradora, como muchas otras, “pero depende de otras decisiones que no está a mi alcance ni siquiera poder esbozarlas”. “La especulación de cualquier futuro es muy arriesgada; la del futuro de Cuba es una locura”, se disculpa.La presión americanaEl cambio en Cuba debe venir desde dentro, no porque lo obliguen a cambiar”¿Cree que, después de tantos años, una reconciliación entre cubanos del interior y del exilio sería posible en un futuro próximo?Tampoco lo sé (ríe). Me preguntas cosas que pudieran pasar...¿Pero usted sí ha dicho que Cuba no es Venezuela?Evidentemente son dos países diferentes, por muchas condiciones, desde el hecho de que en Cuba ha habido una revolución real, que cambió muchísimas cosas, y en Venezuela hubo transformaciones políticas, sociales, pero no fue una verdadera revolución, y eso cambia los contextos, por supuesto. Y la historia de la Cuba revolucionaria tiene casi 70 años.Ha alertado del peligro de catástrofe humanitaria. ¿Estamos ya en ello o es una catástrofe a cámara lenta, silenciosa?La situación en Cuba se ha ido deteriorando. Esto no es nuevo. Naturalmente ha habido un descenso de los niveles de vida a partir de la pandemia. No ha habido recuperación del turismo, de la economía. Se han hecho algunos cambios, como el llamado “ordenamiento monetario”, que al final provocó un aumento de los precios y por tanto una disminución de los poderes adquisitivos. Ahora se han producido otras modificaciones como la posibilidad de que cubanos que viven en el exterior puedan invertir en Cuba, pero la realidad es que con este bloqueo energético la situación se ha puesto mucho más complicada. La gente está viviendo con unas carencias evidentes: el precio altísimo de los alimentos, la falta de electricidad, de agua, de medicamentos. Hay un deterioro notable de las condiciones de vida.¿Hasta el punto de que puede morir gente por falta de atención, de transporte?Sí, por supuesto. Al paralizarse prácticamente el país, pueden presentarse escenarios que son muy complicados y este que menciona es una de estas posibilidades, que alguien necesite una operación y que por determinadas condiciones no pueda hacerse. Un problema muy visible es la recogida de basuras. En cualquier esquina te encuentras una montaña de basura, y eso en un país tropical donde ahora viene el verano, con lluvias, se crían mosquitos, distintos tipos de vectores. Eso puede provocar consecuencias muy lamentables de carácter sanitario. Ya el año pasado hubo en Cuba una verdadera epidemia de estos virus estacionales como el chinkungunya, el oropuche, el zika o el dengue que afectó a un porcentaje muy notable de la población. Algunos de estos virus dejan secuelas que duran meses o años.Siempre ha habido una distancia entre el discurso oficial y la realidad. ¿Quizás ahora es mayor que nunca?El discurso oficial trata de darle una lógica a lo que está pasando y fundamentalmente, por supuesto, culpa al bloqueo de Estados Unidos, pero también hay muchas responsabilidades domésticas. Hay una serie de problemas económicos que han ocurrido y están ocurriendo. Por ejemplo, ahora se están intentando montar, con bastante velocidad, sistemas de energía fotovoltaica, paneles solares. Pienso que el escenario de lo que ha ocurrido ahora pudo haberse previsto antes, y haber comenzado un cambio de la matriz energética del país, porque ya se sabe que las centrales térmicas cubanas son muy viejas. Mientras se fueron construyendo hoteles para turistas que no llegaron, no se hizo ese cambio necesario de la matriz energética. Ahora estamos pagando estas consecuencias.¿Piensa, por lo tanto, que el cambio tiene que venir desde dentro y no por una presión extranjera, militar?Yo pienso que ese cambio debe venir desde dentro porque el problema no es que al Gobierno cubano lo estén presionando, aunque realmente es una fuerza que influye en cualquier decisión que se vaya a tomar. Yo sí creo, y lo he repetido muchas veces, que Cuba necesita muchos cambios, pero no porque la obliguen a cambiar sino porque los cubanos necesitan que muchas cosas cambien para que los niveles de vida de la gente sean mejores. En definitiva, una sociedad socialista a lo que aspira es a mejorar la vida de las personas. Es un propósito que no se puede olvidar y que sí hay que hacer cambios profundos. Yo siempre digo que se han puesto tiritas donde debieron haberse hecho cirugías profundas, y eso incluye la trama social, política y económica, toda.¿El acercamiento de Cuba a EE.UU. durante la presidencia de Obama fue un espejismo?Mira, si tú te montas en una máquina del tiempo que te da un margen de diez años y llegas a Cuba en el 2016, te hubieses encontrado un país en el que estaba produciéndose un concierto de los Rolling Stones, con miles de personas asistiendo, la visita del presidente Obama, un desfile de Chanel, la filmación de un episodio de la serie Fast & Furious , Madonna, Rihanna y las Kardashian en La Habana. Si vuelves al presente otra vez, te parece que has llegado a otro mundo, una ciudad prácticamente paralizada, oscura, sin casi transporte, apenas con esos triciclos eléctricos que ahora mueven a las personas de un lugar a otro y con unas condiciones de deterioro evidenteDe todos modos, La Habana sigue siendo un excelente manantial de inspiración literaria para usted ¿Piensa seguir en Cuba, pese a todo?Tomé mi decisión hace mucho tiempo. En el momento más complicado de la crisis de los noventa fui por primera vez a Estados Unidos y todo el mundo me preguntaba si me iba a quedar. Era lo que parecía lógico. Yo dije que no, que quería regresar a Cuba. Yo quiero estar en Cuba porque quiero escribir y vivir en Cuba. Eso lo he mantenido hasta ahora y espero poder seguir manteniéndolo. Sé que la situación es muy complicada, pero yo soy un escritor, y los escritores necesitan tener unas raices lo más firmes posibles. La realidad cubana es un elemento fundamental para mi trabajo como escritor e incluso como periodista. A veces digo que querría escribir de otra cosa, pero la situación de Cuba me obliga. Así que ahí estamos en este ejercicio que es vivir y un poco también, para mucha gente, sobrevivir.Corresponsal de 'La Vanguardia' en París desde el 2018. Anteriormente fue corresponsal en Alemania (1994-2002), en Estados Unidos (2002-2009) y en Italia y ante el Vaticano (2009-2018)