Aunque luego resultó ser un error del personaje, que confundió una isla con otra, los islandeses dieron un respingo cuando, en su discurso en Davos el pasado enero, Donald Trump mencionó Islandia como objetivo de sus apetitos expansionistas. El presidente de Estados Unidos quería decir Groenlandia, así que la alarma pasó rápido, pero de todas maneras su acoso a la isla ártica vecina ha tocado la fibra en la sociedad y la política islandesas. Los bandazos geopolíticos de Trump plantean dudas en Reikiavik sobre la seguridad de esta estratégica isla del Atlántico Norte, europea de corazón nórdico, que durante decenios ha preferido no formar parte de la Unión Europea (UE).Ahora, en la tierra de volcanes, glaciares y géiseres la opción de la UE se abre camino, si bien dista de concitar amplias mayorías. El Gobierno tripartito de la primera ministra socialdemócrata, Kristrún Frostadóttir, promueve un referéndum el 29 de agosto sobre si se deberían reanudar conversaciones con Bruselas. El Gobierno llama a votar sí, invocando que Islandia necesita estabilidad y seguridad, mientras que el bando del no –formado por toda la oposición– alerta de riesgos para la pesca y la agricultura, y se enroca en la soberanía nacional.La consulta se anuncia reñida. A cien días de la cita con las urnas, la campaña ha arrancado, y los 397.000 habitantes de esta isla de 103.000 kilómetros cuadrados –tamaño similar a Cuba– están divididos. Un sondeo del diario Morgunbladid revela una parca mayoría a favor de retomar las negociaciones (52% frente al 48% en contra), y otro del semanario económico Vidskiptabladid , que preguntaba específicamente si Islandia debería unirse a la UE, da un 54% en contra y un 46% a favor.Contraste de argumentosAunque el acoso a Groenlandia de EE.UU. pesa, preocupa más qué pasaría con la pesca en caso de ingreso en el club comunitario; mientras, el bando del sí ve en la UE estabilidad y seguridad “La pertenencia a la UE ha sido durante décadas un tema muy controvertido; los islandeses están prácticamente divididos al respecto, y en muchos sentidos se ha convertido en un tema un tanto tóxico, con mucha distorsión y desinformación que circulan”, explica Eiríkur Bergmann, politólogo de la Universidad Bifröst, en conversación desde la pequeña localidad homónima en el oeste de Islandia. “Los islandeses se han sentido muy desconcertados con el asunto de Groenlandia y Trump, y la mayoría detesta su agresividad contra nuestro vecino más cercano. Hay cierta preocupación, pero no ansiedad. Y es un factor en el debate, sobre todo porque, por primera vez, Islandia está empezando a debatir la UE en seguridad y defensa, cuestiones que nunca antes habíamos asociado a la UE”, señala Bergmann, que dirige el Centro de Estudios Europeos de la Universidad Bifröst.La primera ministra de Islandia, la socialdemócrata Kristrún Frostadóttir, en una visita a Varsovia el 25 de febrero del 2026 Jakub Porzycki / NurPhotoDe hecho, el Gobierno –formado por socialdemócratas, liberales y un partido vinculado a derechos de jubilados y personas con discapacidad–, en el poder desde diciembre del 2024, propuso este referéndum antes del inicio del segundo mandato de Trump. Quería celebrarlo en el 2027, pero las tensiones geopolíticas en torno a Groenlandia y el Ártico han llevado a adelantarlo un año.“El Gobierno islandés es muy cauteloso para no ofender al presidente de Estados Unidos; dada la situación, hay políticos que dicen que debemos acercarnos más a Europa, pero nadie quiere insultar a Estados Unidos, y es difícil encontrar el equilibrio entre ambas cosas”, tercia Grétar Thór Eythórsson, politólogo de la Universidad de Akureyri.“Trump es muy inestable, nadie sabe qué hará mañana ni pasado mañana, así que la gente intenta adaptarse a esta inseguridad”, sostiene Eythórsson desde su despacho en Akureyri, que con sus 19.000 habitantes es la segunda ciudad más grande del país tras Reikiavik.Los antecedentes Reikiavik pidió ya en el 2009 ingresar en el club comunitario, en plena crisis financiera, pero, tras un cambio de Gobierno, en el 2015 abandonó las negociaciones con BruselasIslandia es miembro fundador de la OTAN –la alianza se creó en 1949–, pero aparte de un servicio de guardia costera, carece de fuerzas armadas, pues Estados Unidos asume su defensa por un acuerdo bilateral de 1951. Hasta el 2006, los estadounidenses mantuvieron presencia en la base de Keflavík. “Ahora, todo está en entredicho, ya que Estados Unidos es visto cada vez más como un socio poco fiable y se cuestiona la validez de esa garantía de defensa”, apunta Bergmann.Al tiempo, con la agresión rusa a Ucrania y el desdén de Trump, la UE está interiorizando la urgencia de su propia defensa y seguridad. “Junto a la OTAN, la Unión Europea será una especie de arquitecto de seguridad en Europa, lo que plantea si Islandia necesita unirse a la UE para formar parte de esa arquitectura de defensa y seguridad –arguye Bergmann–. Pero esto solo está empezando a entrar en el debate ahora; diría que los islandeses aún no lo han comprendido del todo”.Recordatorio: Islandia pidió el ingreso en la UE en el 2009 debido a la crisis financiera. Pero en el 2013, el nuevo Gobierno conservador congeló las negociaciones, que acabaron formalmente en el 2015. En cualquier caso, las relaciones de Islandia con la UE han sido siempre positivas. Desde 1994, Islandia participa del mercado único a través del Espacio Económico Europeo (EEE), y está en el área Schengen desde el 2001.Una victoria del sí en el referéndum de agosto llevaría a retomar las negociaciones y, si estas resultaran fructíferas, se celebraría un segundo referéndum para decidir ya adhesión sí o no.El principal obstáculo, y los defensores del sí lo admiten cabizbajos, es el pescado. “La gente está preocupada por si Islandia tendría que aceptar y seguir al cien por cien la política pesquera de la UE; la pesca y el procesamiento del pescado son parte muy importante de la economía nacional”, alerta Grétar Thór Eythórsson. El bacalao y el capelán representan cerca de dos tercios de las capturas. País plenamente independiente desde 1944 Para el bando islandés del sí, la UE representa estabilidad y seguridad; el bando del no se aferra a la idea de soberanía nacional, muy presente en la identidad islandesa“Hay ideas sobre una solución específica para nuestras zonas de pesca, como crear en la UE una zona administrativa separada en las pesquerías islandesas que permanecería bajo control de nuestras autoridades”, añade Eiríkur Bergmann, el politólogo de Bifröst. “Sin una solución así, el Gobierno nunca firmará el acuerdo de adhesión ni lo someterá a referéndum, porque sería inútil. Los islandeses jamás lo aceptarían”.En el Althingi, el Parlamento unicameral de 63 escaños, el rechazo más fiero al ingreso en la UE viene de tres partidos de la oposición: el conservador Partido de la Independencia, el Partido del Centro, y el Partido Progresista. Pesca aparte, el bando del no insiste en la salvaguarda de la soberanía nacional, costosamente obtenida tras siglos de colonización noruega o danesa. Islandia logró el autogobierno en 1904, y se independizó plenamente de Dinamarca en 1944, durante la ocupación pacífica de la isla por los aliados –primero los británicos y luego los estadounidenses– mientras Dinamarca estaba invadida por la Alemania nazi.Por ese pasado, para muchos islandeses el debate sobre la UE es también emocional. “Somos una isla, y la gente de las islas suele ser más escéptica con los extranjeros, ya que históricamente no está habituada a relacionarse con personas del otro lado de una frontera; en Islandia estamos a tres horas de vuelo de las ciudades europeas más cercanas”, puntualiza el politólogo Eythórsson. “En la mentalidad de los islandeses está muy arraigado ser un Estado soberano, porque somos una república independiente solo desde 1944; hay temor a que la UE nos engulla”.Corresponsal en Alemania, Centroeuropa y países nórdicos desde 2014. Antes en Italia y Vaticano (2003-2009). Especialista en religión. Licenciada en Comunicación (UAB) y máster en Periodismo (beca Fulbright) en Columbia
Islandia mira de nuevo a la UE
La isla atlántica, inquieta por Trump, votará si entabla tratos con Bruselas para la adhesión
Islandia convoca referéndum el 29 de agosto para reanudar negociaciones con la UE; encuestas muestran 52% a favor. La presión de Trump sobre Groenlandia activa el debate de seguridad, aunque la política pesquera comunitaria sigue siendo el principal freno.










