La búsqueda de Agostina Vega, la adolescente de 14 años desaparecida desde el pasado 23 de mayo en Córdoba, tuvo el peor desenlace: su cuerpo fue hallado sin vida luego de una semana marcada por rastrillajes, allanamientos y pericias. Desde el comienzo, la causa estuvo atravesada por contradicciones, reconstrucciones parciales de los hechos y una fuerte presión social para acelerar la búsqueda.

Agostina había sido vista por última vez la noche del sábado pasado, cuando salió de su casa en barrio General Mosconi y tomó un remís rumbo a barrio Cofico. Allí se encontró con Claudio Barrelier, de 33 años, conocido del entorno familiar y señalado desde el inicio de la investigación como la última persona que tuvo contacto con la adolescente.

Con el correr de los días, la investigación acumuló más de 19 allanamientos, análisis de cámaras de seguridad, pericias telefónicas y múltiples testimonios. En ese sentido, la Justicia mantenía bajo secreto de sumario buena parte de las actuaciones mientras intentaba reconstruir qué ocurrió durante las horas posteriores al encuentro entre la menor y el principal sospechoso.

Uno de los puntos centrales de la investigación giró alrededor de la versión aportada por Barrelier. Durante los primeros días, el detenido negó que Agostina hubiera ingresado a su vivienda de barrio Cofico. Sin embargo, registros de cámaras de seguridad y distintas evidencias comenzaron a debilitar esa declaración. Sin embargo, el pasado viernes el acusado terminó admitiendo que la adolescente sí había ingresado a la casa, contradiciendo parte de sus versiones iniciales.