Cada desove en laboratorio acerca la esperanza de recuperar una especie clave para la Ciénaga Grande.Foto: UnimagdalenaResume e infórmame rápidoEscucha este artículoAudio generado con IA de Google0:00/0:00Por años, la lisa hizo parte del paisaje cotidiano en la Ciénaga Grande de Santa Marta. Era común verla llegar en abundancia a los mercados populares y convertirse en sustento para cientos de familias que dependen de la pesca artesanal en la región Caribe. Pero esa realidad empezó a cambiar silenciosamente.Lea: Las capturas disminuyeron drásticamente y con ellas también creció la preocupación de pescadores e investigadores. Lo que antes se contabilizaba en grandes toneladas hoy apenas alcanza entre una y dos, según científicos que estudian la especie. La sobrepesca, el deterioro ambiental y el cambio climático han golpeado con fuerza a este pez emblemático del Caribe colombiano.Ahora, desde los laboratorios de la Universidad del Magdalena, un grupo de investigadores intenta cambiar el rumbo de esa historia.El pez que resiste, pero ya no alcanzaLa lisa (Mugil incilis) es considerada una especie estratégica para la seguridad alimentaria en zonas costeras del Caribe. Su importancia no solo radica en el consumo local, sino también en el impacto económico que históricamente ha tenido sobre las comunidades pesqueras de municipios como Ciénaga, Puebloviejo y Santa Marta.“La lisa es una especie resiliente, que ha permanecido durante muchos años en ecosistemas como ciénagas, ríos y el mar. Tiene una gran importancia en la seguridad alimentaria y en la economía de las comunidades pesqueras”, explica Adriana Rodríguez Forero, bióloga marina, doctora en Biología y líder del proyecto.Durante tres años, el equipo científico ha trabajado en el estudio de la reproducción de esta especie bajo condiciones controladas, buscando desarrollar herramientas que permitan su conservación y, al mismo tiempo, abrir oportunidades para la acuicultura sostenible en Colombia.El avance que podría cambiar el futuro de la especieUno de los mayores logros del proyecto ha sido obtener desoves exitosos en laboratorio mediante técnicas de reproducción inducida.El proceso consiste en estimular hormonalmente a los peces para lograr que se reproduzcan en cautiverio, permitiendo así la obtención de huevos y la producción de alevinos, es decir, peces en sus primeras etapas de vida.“Ya hemos logrado desoves consecutivos en laboratorio, lo cual es un avance muy importante. Sin embargo, aún estamos afinando los protocolos para optimizar la producción de alevinos”, señala Rodríguez.El resultado representa un paso clave para futuros programas de repoblamiento de ecosistemas afectados y para el desarrollo de modelos de acuicultura que reduzcan la presión sobre las poblaciones silvestres.Además de la reproducción inducida, los investigadores lograron establecer parámetros fundamentales sobre temperatura, salinidad y condiciones ideales de crecimiento, así como información biológica y molecular de la especie, conocimientos que hasta ahora eran limitados en Colombia.Cuando la ciencia llega a las comunidadesPero el proyecto no se quedó únicamente en el laboratorio. En medio de la crisis pesquera que atraviesan varias poblaciones ribereñas del Magdalena, la investigación también buscó llevar el conocimiento científico a quienes históricamente han vivido de la ciénaga y el mar.En el proceso, alrededor de 250 personas, entre jóvenes y adultos de comunidades pesqueras de Ciénaga, Puebloviejo y Santa Marta, fueron capacitadas en temas relacionados con acuicultura marina, procesamiento de productos pesqueros, formulación de proyectos, buenas prácticas de manejo, legislación pesquera y acuícola y mercados verdes.Los talleres contaron con participación de representantes de distintas organizaciones y asociaciones pesqueras de Tasajera, Guamal y la Ciénaga Grande de Santa Marta, entre ellas asociaciones de pescadores artesanales, transformadores de productos pesqueros, comercializadores y colectivos de mujeres dedicadas a actividades productivas ligadas al ecosistema.La iniciativa incluyó comunidades como la Asociación de Pescadores del Barrio Panamá de Tasajera, la Cooperativa de Pescadores de Tasajera de Camarones, el Comité de Pescadores del Mar Caribe y la Ciénaga Grande del barrio La Gloria, asociaciones de pescadores marítimos y continentales, además de grupos de mujeres como Costafina, conformado por diseñadoras artesanales de Tasajera.Más allá de la formación técnica, el proyecto busca abrir nuevas oportunidades económicas para familias golpeadas por la disminución de las capturas y la crisis ambiental que enfrenta la Ciénaga Grande.“Esto puede convertirse en una fuente alterna de ingresos para pescadores artesanales, al permitirles incorporarse a procesos de acuicultura”, destaca la investigadora Adriana Rodríguez Forero.El proyecto, respaldado por el plan de gobierno 2024-2028 “Unimagdalena Más Inclusión, más Innovación y más Compromiso”, liderado por el rector Pablo Vera Salazar, también cuenta con la participación del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, el Instituto Nacional de Formación Técnica Profesional Humberto Velásquez García y la Institución Universitaria ITSA.A nivel ambiental, los investigadores consideran que el cultivo de lisa podría contribuir a reducir la presión sobre las poblaciones naturales y favorecer procesos de sostenibilidad en ecosistemas frágiles como la Ciénaga Grande de Santa Marta.La investigación también dejó capacidades instaladas en las instituciones participantes, con fortalecimiento de laboratorios, más de diez semilleros de investigación y una tesis de maestría en Ingeniería enfocada en el estudio de esta especie.Una esperanza para la Ciénaga GrandeEl proyecto también abre la posibilidad de pensar en estrategias de recuperación ambiental a largo plazo.Si los procesos de reproducción en cautiverio logran consolidarse, los investigadores consideran viable desarrollar programas de repoblamiento en zonas donde la lisa prácticamente desapareció o redujo considerablemente sus poblaciones.“Si logramos consolidar la producción en cautiverio, podríamos apoyar procesos de recuperación de la especie en ecosistemas afectados”, afirma Rodríguez.La experiencia incluso podría replicarse en otras especies marinas de alto valor comercial como el pargo o la cojinúa, ampliando el potencial de la acuicultura marina en Colombia, un sector que aún se encuentra en etapa de desarrollo frente a otros países de la región.Mientras tanto, en los laboratorios de Unimagdalena, cada nuevo desove representa mucho más que un avance científico: es la posibilidad de devolverle al Caribe una especie que durante décadas alimentó comunidades enteras y sostuvo la economía de cientos de familias pescadoras.Temas recomendados: