Asuntos internosA tus pies, querido Carlos Alsina. Todos estamos gastados, pero s�lo tu voz tiene la valent�a de admitirloImagen de un quiosco en la ciudad de Madrid.Actualizado Viernes,
mayo
23:23Audio generado con IAHan cerrado el quiosco de la esquina del barrio casi perfecta. Hab�a de todo. S�per, papeler�a, cafeter�a, joyer�a, droguer�a. Por jubilaci�n, se despide la pareja due�a del quiosco con una nota pegada a la persiana de cierre. Despu�s de 41 a�os con todos vosotros, ha llegado el momento. Hace cosa de dos meses, cerraron tambi�n la corseter�a de las cajitas de cart�n con los sostenes las bragas, los pijamas y los camisones perfectamente alineadas en la estanter�a. Tambi�n la Onda Media ha desaparecido, dejando ya un silencio desasosegante para los que aprendimos a amar la radio de su mano. Todo cierre. Todo silencio. Todo duelo.Los quioscos, tal vez no por casualidad, est�n desapareciendo a la misma velocidad que el periodismo que no busca echar gobiernos, ni elogiar a partidos o l�deres, ni quiere ser correa de transmisi�n de la oposici�n. A tus pies, querido Carlos Alsina. Todos estamos gastados, pero s�lo tu voz tiene la valent�a de admitirlo.Est�n muriendo los quioscos y se merecen un entierro digno. Una oraci�n f�nebre a la altura de lo que representaron en nuestras vidas. El quiosco de Antonia, en el barrio de San Jos� Obrero de Zamora, era el coraz�n de padres, hijos y abuelos. �C�mo pod�a definirse la felicidad m�s que yendo al quiosco a comprar campeche negro y refresco para mezclarlo y que las burbujas estallaran en la boca? Nada parecido hoy en d�a a la alegr�a de ir a buscar el �ltimo libro de la colecci�n Biblioteca de la Historia de Sarpe, que mi madre le encarg� a Antonia habida cuenta del entusiasmo de la hija por la Historia. A�n permanece en la estanter�a, como el Nuevo Larousse y otras enciclopedias, aguardando pacientemente un futuro incierto. �En el contenedor? �Que no quiero verlo!�bamos al quiosco de Antonia a por los peri�dicos y las revistas y tambi�n a saber por d�nde iba la vida del barrio. Ella siempre ah�, sentada o de pie, hiciera fr�o o calor. Dispuesta a vender chucher�as, diarios, cromos o peque�os juguetes del pl�stico, o a interesarse por la salud de mi madre cuando le detectaron el c�ncer, o de los hijos que daban mala vida a los padres, o de los vecinos que viv�an en la escasez, que eran muchos.Todos hemos tenido siempre un quiosco, sucesivamente seg�n la vida nos iba llevando. El de Antonia fue el primero. Luego vinieron todos los dem�s. Cada vez que cierra uno, sentimos un golpe seco en la memoria emocional de nuestras muchas tristezas acumuladas.












