¿Han leído la reciente encíclica del papa León XIV, inspirada en la preocupación que le provoca la inteligencia artificial (IA)? Si no lo han hecho aún, quizás sea una buena lectura para este fin de semana, dejando la religiosidad de lado. Es un texto que invita a pensar profundamente a quienes utilizamos la IA a diario y a diario nos sorprenden sus alcances.El papa, cumpliendo su posición pastoral y paternal para los católicos, filosófica para quienes no lo son, nos advierte desde su visión que la tecnología no es una “fuerza antagónica respecto a la persona” ni “un mal en sí misma”. Pero sí que “no es neutra, porque asume el rostro de quien la concibe, la financia, la regula y la utiliza”. Hace un llamamiento a “construir en el bien” y a “permanecer humanos” y entonces plantea el concepto más contundente de su encíclica: hay que “desarmar la IA” para sustraerla de la lógica de la competencia militar, económica y cognitiva; para romper la equivalencia entre poder técnico y derecho a gobernar; para sustraerla de los monopolios e impedir que domine al ser humano.Admite que la IA puede imitar y simular al hombre, pero no posee conciencia moral, empatía, capacidad afectiva, relacional ni espiritual. Sugiere que es necesario abordarla con sobriedad y vigilancia, manteniendo la claridad sobre las responsabilidades de todas sus etapas y apostando por políticas y marcos jurídicos adecuados, una supervisión independiente y la educación de los usuarios. Cosas que aún se ven muy lejanas en algunas legislaciones globales.El pontífice tiene claro que vivimos una época en la que las plataformas digitales están diseñadas para acaparar el tiempo de los usuarios y explotar sus fragilidades, lo que vuelve urgente reforzar la libertad interior de cada uno y hacer frente al riesgo del control social derivado de la recopilación masiva de datos y del uso de sistemas algorítmicos. A su juicio, perfilar, predecir y orientar los comportamientos es “un poder nuevo” que podría discriminar a los más débiles.Dice León XIV una gran verdad contemporánea: “Las nuevas formas de trabajar no son necesariamente mejores”, ya que la tecnología puede descalificar a los trabajadores, relegarlos a funciones marginales y someterlos a una vigilancia automatizada para que asuman el rostro de quien la financia, la regula y la utiliza. Y va más allá: la IA genera nuevas formas de esclavitud, como la de los “cuerpos marcados, mutilados, consumidos” de quienes trabajan en la extracción de las “tierras raras” necesarias para la tecnología. Por ello, la lucha contra las nuevas formas de esclavitud es otra “prueba decisiva para el discernimiento ético” de la transformación digital.Sobre la guerra, dice: “No existe ningún algoritmo que pueda hacer que la guerra sea moralmente aceptable”. Y profundiza: la tecnología “no libera al conflicto de su intrínseca inhumanidad: solo puede hacerlo más rápido e impersonal, bajando el umbral del recurso a la violencia y transformando la defensa en previsión operativa, con las víctimas reducidas a datos. Así, nos acostumbra a la idea de que la violencia sea inevitable y solo deba optimizarse”. Coincido con buena parte de las preocupaciones de León XIV. ¿Y ustedes? (O)
Gustavo Cortez Galecio: Ver más allá de la IA | Columnistas | Opinión
Sobre la guerra, dice: “No existe ningún algoritmo que pueda hacer que la guerra sea moralmente aceptable”.












