Carlo Petrini, sociólogo y periodista italiano, murió el 22 de mayo en su región natal del Piamonte, a los 76 años. Fundó el movimiento internacional slow food que transformó la manera en que el mundo piensa sobre la producción y el consumo de alimentos.En 1986 el avance de la comida rápida, tendencia que imperaba en Estados Unidos, invadía el mundo y el primer McDonald’s en Italia abría sus puertas en la Plaza de España. Lo que empezó como una protesta callejera en Roma a propósito de este evento, con Petrini y sus amigos llevando pasta frente al local de fast food y comiéndola de la forma más parsimoniosa y placentera posible, se convirtió en una organización formal en 1989, cuando presentó el movimiento en París con un manifiesto firmado por delegados de quince países, habiéndolo publicado en 1986 en el diario gastronómico —el primero en su tipo— que él fundara, el Gambero Rosso.Desde allí su expansión fue imparable, reivindicando el placer de la mesa y la defensa de la biodiversidad alimentaria, una revolución silenciosa que llegó a más de 2.000 grupos con más de 100.000 personas en 160 países, e indirectamente, a un millón de personas más.Habló de la agricultura y la calidad alimentaria como asuntos culturales y sociales, contribuyendo a visibilizar a los agricultores a pequeña escala, las prácticas alimentarias tradicionales y la biodiversidad, en momentos que el consumo masivo y la globalización las erosionaba.El movimiento slow food fue el responsable de la fundación de la Universidad de Ciencias Gastronómicas de Pollenzo, la primera universidad dedicada íntegramente a la cultura agroalimentaria, y El Ara del Gusto, con proyectos en varios países sobre más de 2.000 alimentos en peligro de desaparición.En la alta gastronomía, la filosofía de Petrini influyó profundamente en chefs de la talla de René Redzepi, Massimo Bottura o Gastón Acurio, entre cientos más que construyeron carreras enteras sobre los valores que Petrini formuló.Los tres principios clave del movimiento: la comida debe ser buena, sabrosa, limpia; producida sin daño a la salud y al ambiente; y justa, accesible y producida en condiciones equitativas.En resumen, slow food transformó la manera en que pensamos en la comida, de ser un simple acto cotidiano a convertirse en un acto político, cultural y ecológico. Ese es quizás su legado más duradero. Recordamos la frase que lo definió: "Comer es un acto agrícola". Seguramente pocos leyeron sobre este personaje antes, pero puedo pensar en pocas personas que hayan influido en la gastronomía mundial y en su cadena de suministro en los últimos 50 años tanto como Petrini. (O)