La final de este año de la Champions League enfrenta mucho más que dos grandes equipos europeos, sobre todo para aquellos que disfrutamos de los manejos tácticos que tanto pueden otorgarte la capacidad de golear como la capacidad de no encajar un gol. En realidad supone el choque de dos maneras contemporáneas de entender el control en el fútbol moderno. Tanto Mikel Arteta como Luis Enrique comparten muchas raíces conceptuales, pero han evolucionado hacia modelos radicalmente opuestos.La pelota ya está a punto para la final FRANCK FIFE / EFEEl Arsenal es seguramente uno de los equipos mejor estructurados de Europa. Todo esta diseñado para evadir la incertidumbre: la salida del esférico, las alturas de presión, los mecanismos defensivos. Hay un gran reconocimiento en que Arteta ha transformado al Arsenal desde un proyecto atractivo pero irregular hacia un equipo capaz de competir desde una madurez extrema. No solo es un equipo ofensivo, sino que sabe administrar exquisitamente sus ventajas, ralentizar contextos y sobrevivir en escenarios de máxima tensión. Puede que su gran virtud no sea atacar, pero sí lo es que el rival no consiga desarrollar su juego. Todos sus jugadores transmiten la sensación de tener un control racional del juego.Luis Enrique y Arteta han interpretado la herencia de Guardiola de manera radicalmente opuestaEn cambio el PSG está construido desde una lógica totalmente opuesta. Desde luego que pretende dominar el juego con posesión y presión alta, pero acepta la existencia de un caos y de una improvisación necesaria. También ha cambiado el club que se basaba en la dependencia de las máximas estrellas, hacia una estructura mucho más colectiva, dinámica y flexible. Luis Enrique ha provocado una revolución tanto emocional como táctica. El movimiento de sus jugadores es continuo, mediante intercambio de posiciones y los ataques se producen desde múltiples focos. Es como si hubiera aleccionado a sus jugadores a mostrar una estructura homogénea y sólida dentro del desorden.Lee tambiénPor eso para mí esta final adquiere una dimensión fascinante. La semifinal de los franceses me encantó por su número de goles, quizás una semifinal más dirigida hacia al espectáculo. Pero es que la de los ingleses, debido a mi capacidad de admirar los mecanismos para maniatar al contrario, también me dejó perplejo. Dos mundo antagónicos que los ha situado a ambos en la gran final. Sabemos y no es un secreto, que ambos proceden, de u modo u otro, del universo futbolístico de Guardiola y su Barcelona. Podríamos decir que es un homenaje más a Pep esta temporada que ha dejado al Manchester City. Pero cada uno de ellos ha interpretado esa herencia de manera radicalmente opuesta. Arteta ha endurecido la idea hasta generar un sistema de funcionamiento matemático. Luis Enrique la ha flexibilizado para hacerla más intuitiva y adaptable.
Una final fascinante, por Joan Golobart
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