Esta es la 91.ª entrega de ‘Después de los 60’, la sección de testimonios sénior donde recogemos experiencias vitales en esta etapa de la vida. Nos puedes hacer llegar tu historia a seniors@lavanguardia.es.Si hubiese podido ver por un agujerito todos los vaivenes y aventuras de su vida, seguramente José María Abad no se las hubiese creído. Nacido en 1934 en Valencia, vivió las miserias y el hambre de la posguerra, trabajó duro en empleos dispares —obrero de una fábrica de juguetes, vendedor de libros a puerta fría, taxista, jardinero, profesor de español o director de una revista de poesía—, emprendió con éxito y siempre cultivó su verdadera vocación: la creación artística —ha publicado dos libros y tiene una amplia producción pictórica—. A las puertas de los 90 años, le llegó el éxito más inesperado: el digital. Y es que a sus 91, miles de personas lo conocen como “el abuelo de TikTok” o “el abuelo de los sensibles”. De hecho, el mismo se autodenomina así, y a comienzos del año pasado recibió el premio a la Divulgación y Cultura en los Premios TikTok.“Desde pequeño he tenido que buscarme la vida y rebuscarme a mí mismo. Durante la guerra teníamos hambre y había que buscar cosas: comida, pajaritos, albaricoques, nísperos, granadas. Pasábamos la vida por las acequias intentando cazar alguna rana para luego comer”, rememora José María. Dado que su padre había sido llamado a filas, pasaba mucho tiempo con su abuelo, que empezó a comprarle revistas. “Un día me regaló un libro maravilloso sobre la selva, de los primeros a color, y me encantó. Sembró en mí el espíritu aventurero”. Por aquel entonces, la vida transcurría en pandilla y al aire libre. “No parábamos quietos: encontrábamos incluso armas inutilizadas o abiertas en las acequias. Pasábamos el día explorando”.Cuando falleció su madre, estuvo un par de años en Mislata. “Mis primas y el resto de mi familia me arroparon mucho”, recuerda. En los años de instituto en el Luis Vives de Valencia se encontró a gente maravillosa. “Por ejemplo, Alfonso Pérez Sánchez, que luego fue el director del Museo del Prado. Ya en aquella época, con trece o catorce años, era un enamorado del Renacimiento y yo me empapé de sus conocimientos”, cuenta José María, que empezó a pintar copiando postales de las cuevas de Altamira —“fui de los pocos afortunados que pudo verlas”— o inspirándose en los toros de Picasso.Una juventud atravesada por el arteAbad fundó con otros amigos como el poeta Gil Albert o el filósofo Jacobo Muñoz La Caña Gris, una revista de arte y ensayo que se editó de 1960 a 1963, culminando con la publicación de un libro de poesía dedicado a Luis Cernuda. “Fueron tres años muy bonitos; debería volver a editar ese libro, porque el único que queda vivo de La Caña Gris soy yo”, ríe José María. En aquellos años vivía cerca del cine y se veía 10 o 15 películas a la semana.Tanto le gustaba el séptimo arte que cogió el petate y se fue a estudiar cine a París, donde conoció a figuras tan ilustres como Godard, Samuel Beckett, Sartre u Octavio Paz. Vivió ocho años en la ciudad de la luz, hasta el 68. Allí conoció el amor, se casó y tuvo a una niña. “Yo traducía los planos para hacer azucareras en América Latina”. Estudió Civilización francesa en la Universidad, daba clases de español, hacía trabajos de jardinería y de chófer, y los domingos se iba a pintar a Montmartre, a la Plaza de los Pintores y al lado del Sacré-Cœur. “Dormía poco”, recuerda con felicidad.José María Abad, a sus 91 años, pintando. CedidaAl volver a España, trabajó para el Círculo de Lectores. Vendía en las zonas periféricas de Madrid, porque tenía coche. Timbraba a las casas y les decía la siguiente frase. “Una casa sin libros es un jardín sin flores”. Después encontró otro curioso empleo: montar una empresa para vender buscapersonas, pequeños aparatos electrónicos y portátiles para recibir avisos a distancia. “Fue mi empresa principal al principio”.Luego creó un próspero laboratorio farmáceutico, Isomed. “Tengo espíritu emprendedor porque mis abuelos tenían una fábrica de juguetes y yo trabajé en ella con mi padre”. Su compañía inventó el TAU-KIT, un test de aliento para el diagnóstico de la infección gastroduodenal por la bacteria Helicobacter pylori. Vendió el laboratorio cuando se jubiló, en el año 2007. Desde entonces, no ha parado quieto.Tengo espíritu emprendedor porque mis abuelos tenían una fábrica de juguetes y yo trabajé en ella con mi padreJosé María Abad91 añosLee también“Me apunté a clases para escribir y para crear. Una profesora excelente nos llevaba al grupito todas las tardes a una librería”, recuerda. Publicó su primer libro basado en sus memorias, La fábrica de los juguetes prodigiosos, en el año 2015. “De 1.500 ejemplares apenas vendí 500. No gané ni un duro: 100 euros me debieron pagar”. Pero siguió escribiendo —al autobiográfico le siguió un volumen de cuentos, La cena árabe y otros relatos— y pintando cuadros, con un estilo muy propio y soñador, que recuerda al surrealismo infantil y onírico de Miró. “He hecho varias exposiciones en la Galería Orfila, que es una de las más antiguas de Madrid”, se enorgullece.Tiktoker por casualidadJosé María aterrizó en las redes sociales a una edad más avanzada que el resto de la gente, pero con un éxito veloz y abrumador. “Una amiga más joven de mi mujer, Julieta, vino a verme porque se le olvidó la cámara y la trajeron aquí unas amigas de Bogotá. Me estuvo haciendo fotos y vídeos en ARCO en 2023. Me gustaron tanto que le dije. Oye, Valentina, ¿tú podrías hacerme vídeos para promocionar mi obra y vender los 1.000 libros que tengo en casa? Y así empezó todo”. Ella lo ayudó a crear el canal de TikTok.“Muchos de mis vídeos con más repercusión son de cultura y de consejos para la vida. Para la gente que está perdida o que está enamorada, mi lema es que en esta vida hay que atreverse”, asegura. Hoy, su vídeo más visto rebasa los 8 millones de visualizaciones. Su contenido es de lo más variado: puedes verlo pintando, explicando cuatro formas de decir te quiero, recomendando un regalo para el Día del Padre, ahondando en emociones como la tristeza o explicando a los jóvenes las miserias del franquismo.José María dedica su día a día a la expresión artística. CedidaSu día a día lo dedica a la expresión artística. “Siempre he sido un creador nato”. Confiesa que se levanta algo tarde, hace un poco de ejercicio, da una vuelta por su casa, a la que apoda “su museo” —tiene más de 200 cuadros—, contempla las vistas —vive en un 15.º piso—, mira las nubes, lee, pinta y escribe. “Ahora estoy leyendo un libro sobre la creación, y releyendo los poemas de Walt Whitman”. Cada quince días sube un vídeo a TikTok. “Me sigue pareciendo divertido”. Pronto publicará una novela de tintes fantásticos titulada La reunión de los coronavirus, inspirada en la pandemia. “Los virus se reúnen en el ojo de un elefante muerto, mientras en Jerusalén se reúnen el Papa, el presidente de la OMS y los políticos más importantes”. Y también ultima la segunda parte de su obra autobiográfica.Entre escribir y pintar, no sabría escoger. “Es como elegir entre el cielo y el mar”. No tiene pensado parar en ninguna de sus actividades. “Estoy empeñado en que la cultura cambia a la gente. Mi vida consiste en seguir creando y atendiendo a la gente, en ayudar. Y en ser generoso, porque el 90% de las personas son buenas, y a través del arte uno se hace mejor”, concluye Jose María Abad, quien se considera optimista con respecto al futuro, aunque le preocupa mucho la crisis ambiental actual. Historias séniors‘Después de los 60’En La Vanguardia queremos recoger tu historia sénior. ¿Has cambiado de vida a los 60 y tantos? ​¿Has llevado a cabo un hito personal que te ha sacudido? ¿Has cambiado de pareja, de ciudad, de profesión o de manera de vivir? ¿Has llevado a cabo un viaje transformador o un reto personal? Nos puedes hacer llegar tu experiencia a seniors@lavanguardia.es.“Muchos niños nunca han visto una libélula, hay cada vez menos abejas y los tomates ya no saben a nada”, se entristece. A quienes estén jubilados y no sepan a qué dedicar su tiempo, les receta literatura por un tubo. “Que empiecen a leer poesía porque da alas. Si todavía no las tienes, las tendrás. Hay algo mágico en los libros: te permiten viajar a otros lugares o hablar con los muertos”.