Aitana Palomar S.Barcelona. Periodismo Blanquerna 30/05/2026 06:00 En los últimos años se han popularizado nuevos fármacos para el tratamiento de la obesidad. Medicamentos análogos del GLP-1 –como la semaglutida o la tirzepatida, comercializados con nombres como Ozempic, Wegovy o Mounjaro– han demostrado ser muy eficaces para reducir el peso corporal, al actuar sobre mecanismos clave del apetito y la saciedad. Una de las preguntas más frecuentes sobre estos medicamentos es qué sucede cuando se interrumpe el tratamiento y por qué muchas personas recuperan el peso perdido.Tal y como aseguran especialistas del Hospital Clínic Barcelona, la respuesta no es simple, pero los datos recopilados apuntan a una idea fundamental: la obesidad es una enfermedad crónica y multifactorial, y los medicamentos no modifican de forma permanente los mecanismos biológicos que la provocan. De ahí que el tratamiento no sea tan sencillo ni el resultado necesariamente definitivo.Durante el tiempo que el paciente toma la medicación, estos fármacos imitan hormonas intestinales que regulan el apetito, el azúcar en sangre y la digestión. Este efecto facilita que la persona ingiera menos calorías y, como resultado, pierda peso. Al dejar de tomar la medicación, el apoyo farmacológico desaparece y, con él, su efecto sobre el apetito y la saciedad.Sin el medicamento, el cuerpo recupera progresivamente sus señales habituales de hambre y saciedad, lo que puede favorecer un aumento de la ingesta calórica. A esto se suma que el uso prolongado de estos fármacos puede influir en la regulación hormonal del apetito: el organismo, expuesto durante un tiempo a niveles artificiales de GLP-1, podría producir menos cantidad de esta hormona de forma natural o a responder con menor intensidad a su señal.Por otro lado, si durante el tratamiento la persona ha dependido exclusivamente del fármaco para suprimir el apetito y no ha consolidado cambios reales en la alimentación o el estilo de vida –como la práctica de actividad física–, es probable que el peso se recupere.Según un estudio de la Universidad de Cambridge, en el año posterior a detener el tratamiento los pacientes recuperan de media un 60% del peso perdido. El mismo análisis indica que esta recuperación se estabiliza cuando se ha recuperado alrededor del 75% de la pérdida de peso original. Esto significa que, a largo plazo, los pacientes pueden mantener aproximadamente un 25% del adelgazamiento conseguido durante el tratamiento.A partir de estos datos, los especialistas estiman que el retorno completo al peso inicial podría producirse entre un año y medio y dos años después de abandonar la medicación. Hay, no obstante, dos matices importantes: estos fármacos son relativamente nuevos y la mayoría de los estudios solo recoge el seguimiento de los doce meses posteriores al tratamiento; además, la respuesta varía considerablemente entre pacientes y algunas personas pueden recuperar todo el peso perdido e incluso superar el peso inicial.En cualquier caso, la obesidad, como otras enfermedades crónicas, tiende a reaparecer una vez se detiene el tratamiento. Por eso, estos fármacos se consideran una herramienta a largo plazo dentro de un abordaje individualizado y flexible. El tratamiento puede seguir tres caminos: mantenimiento continuado para evitar el rebote, reducción progresiva de la dosis tras alcanzar el objetivo, o suspensión total cuando los cambios de conducta y estilo de vida son suficientes para sostener los resultados sin medicación.