Todos contra uno, y uno contra todos. Este es el mandato que se impone Junts per Catalunya para preparar la apretada agenda electoral que se avecina, con unas municipales para dentro de 50 semanas y, a continuación o si no antes, unas generales. El partido que comanda Carles Puigdemont se victimiza para tratar de recuperar fuerza en las urnas. “Tenemos tantos adversarios que nos quieren apartar, porque molestamos a todo el mundo”, ha exclamado Jordi Turull, secretario general del partido. Junts fue la fuerza ganadora en las municipales de 2023, pero ahora baraja unas encuestas que dejan al partido en una situación comprometida, a la sombra del poder que acapara el PSC, ayudado por sus aliados de ERC y Comunes, y acechado por el impulso de la ultraderecha de Aliança Catalana. El contexto alienta las tensiones internas, como en el caso de Barcelona, donde las disputas entre aspirantes a cabeza de cartel fuerzan la convocatoria de unas primarias que la dirección quería evitar a toda costa para no aparentar divisiones. Junts ha organizado este sábado su convención municipalista en el local de ensayo de los Castellers de Vilafranca, una de las colles más populares de Cataluña en el arte de levantar estructuras humanas. El acto, que ha congregado a unos 500 militantes, pretendía fijar la línea de actuación del partido independentista con vistas a las elecciones municipales del mes de mayo del año que viene, una cita que Junts observa con un sentimiento dual: la ambición de recuperar ánimo aprovechando un terreno que acostumbraba a ser propicio, y el temor a un trompazo que certifique que, ni siquiera los ayuntamientos son ya un fortín seguro para el partido. Jordi Turull, secretario general de la formación, ha hecho un discurso destacando la tarea de los alcaldes que gestionan los municipios con, dice él, escaso apoyo de la Generalitat que comanda el PSC: “Os han dejado a la intemperie”, ha dicho Turull, y ha señalado que los alcaldes son quien a menudo “tiene que dar la cara” en “situaciones de emergencias, ante el caos de Rodalies o con todo el papeleo y la burocracia”. Ha denunciado que instalado en la Generalitat hay un Ejecutivo que gobierna “por supervivencia” más que por desplegar un proyecto ambicioso para Cataluña. Turull ha aprovechado para lanzar un dardo a Esquerra y los Comunes cuando ha dicho que el Govern de Illa ha hecho “unos presupuestos para satisfacer partidos y no para dar solución a las necesidades del territorio”. Ha aludido a otro argumento recurrente de Junts, la supuesta dependencia que tiene Illa de La Moncloa: “El Govern está más pendiente de ayudar a Pedro Sánchez, de salvarle del lodazal de corruptelas en el que está metido, mientras en Cataluña el sufrimiento de la gente se va acentuando”.Turull no ha hecho mención al frente que tiene abierto el partido en Barcelona, donde las disputas internas han forzado unas primarias para encontrar alcaldable, pero sí se ha detenido en asuntos donde Junts busca asomar la cabeza, como la exigencia de aplicar más dureza contra la multirreincidencia y las ocupaciones, o la reclamación de una rebaja fiscal: “que nos dejen de ahogar a impuestos”. Turull ha advertido que también en las municipales “está en juego la nación”, pero ha dicho que “no la de aquellos que se apropian de ella desde el odio”, ha dicho, en alusión a Aliança Catalana.El secretario general del partido ha hecho referencia a Carles Puigdemont, “que fue alcalde y sabe perfectamente como desde los ayuntamientos se puede robustecer a la nación”, y en la sala ha habido aplausos generalizados, pero la ovación ha sido menor que la que se había llevado un rato antes Eduard Pujol. El senador es alcaldable de Vilafranca y ha sido rehabilitado tras haber sido acusado falsamente de una serie de delitos de naturaleza sexual.