La principal lección que uno como cinéfilo aprende con Amarga Navidad (2026, España) -la más reciente cinta de Pedro Almodóvar- es que hasta una película inconclusa del director manchego puede ser una buena películaNo estamos en la mejor película de Almodóvar, no es tampoco la peor, esta cinta es simple y sencillamente otra tarde con el director que todos conocemos, el de mujeres al borde de un ataque de nervios (aquí sucede literal), el que no puede evitar poner una canción completa de Chavela Vargas (aquí lo hace, y mala suerte a quien le moleste), y el que tal vez ya abusó demasiado del juego autorreferencial, escribiendo personajes que en realidad son él mismo.El cine es todo, o todo es cine, incluso el proceso de hacer cine. En Amarga Navidad conocemos a Elsa (espectacular Bárbara Lennie), una directora de cine retirada, que con tan solo dos películas se volvió de culto, pero que prefirió el confort (y el dinero) que deja el mundo de la publicidad al arduo camino de seguir haciendo cine.Elsa llega a un hospital acompañado de su atractivo y amoroso esposo, Bonifacio (Patrick Criado) quejándose de una terrible jaqueca. Es 2004 y en ese entonces esos terribles dolores de cabeza eran diagnosticados como tal, y no como lo que realmente eran: ataques de pánico. Elsa sufre cada vez más de esos ataques pero no encuentra la razón de tan doloroso malestar.En esas estamos cuando nos damos cuenta que Elsa y Bonifacio no son sino producto de la imaginación de Raúl (Leonardo Sbaraglia), un exitoso y atractivo director de cine, con decenas de cintas en su haber, con fama y probablemente algo de fortuna, pero que está sufriendo del típico bloqueo de escritor. Hace mucho que no filma y justo ahora empieza de nueva cuenta con una historia que bien a bien no sabe dónde terminará.Así, con una habilidad de maestro, Almodóvar nos habla de su angustia como director y escritor a través de Raúl, quien a su vez vierte sus frustraciones a través de Elsa, quien ha decidido (como Raúl, y como Almodóvar) que es el momento justo para regresar y escribir una nueva película.Presentada en el reciente festival de Cannes, donde pasó sin pena ni gloria, Amarga Navidad es un juego de matrioskas donde Almodóvar reconoce que muchas veces los autores, los artistas, son casi como sanguijuelas: absorben todo alrededor buscando inspiración para escribir y eventualmente filmar.Elsa se inspira en la historia de una amiga cercana (a la que su marido le puso el cuerno) para escribir su nueva película, Raúl se inspira en la historia de su manager, quien ha decidido abandonar el trabajo para ir a cuidar a su novia (una relación que al parecer no es pública), y Almodóvar…, Almodóvar se inspira en él mismo y sabrá dios en qué amigos suyos o simples conocidos de los cuales claramente les roba sus historias, que no son sino su vida misma.Almodóvar reconoce esa cualidad vampírica inherente en su cine pero, a pregunta expresa en Cannes, el director dice estar harto de sí mismo, del juego autorreferencial y del universo al cual en cada película nos invita. “Estoy buscando alguien con quién escribir, que me traiga nuevos mundos”, declaró en Francia el cineasta.Así pues, Amarga Navidad puede pasar a la historia como la película que le hizo cambiar de mundo a Almodóvar. No importando lo que le depare el destino, en lo personal sigo disfrutando esta visita al universo Almodóvar: esos colores, esas canciones, esa elegancia narrativa donde el cineasta puede llevarnos por dos mundos paralelos y hacerlo sin romper el ritmo y sin que se vuelva confuso. ¿Qué importa que la película no esté terminada? Con Almodóvar siempre importa el viaje, no tanto el destino.Únete a nuestro canal