La AAA y el gigante luchístico global WWE han conseguido que una rivalidad entre dos foráneos en un combate de máscara contra máscara, una de las estipulaciones más sagradas, se convierta en uno de sus primeros aciertos creativos

Si hay algo que enoja al mexicano, es cuando se ofende a su gente, sus símbolos patrios, tradiciones o a su cultura. La lucha libre encapsula y enaltece a una gran parte de estos sentimientos, si no es que a todos. La rivalidad del Grande Americano es una historia que ha cautivado en los últimos meses a los aficionados de espectáculo en México. Dos luchadores, uno estadounidense, el otro alemán. Ambos tienen el mismo nombre: El Grande Americano. Uno enaltece a México y lleva los colores de la tricolor en su máscara. El otro aborrece al país y luce las barras y estrellas de la bandera del vecino del norte, también en su máscara. En el cuadrilátero, el origen y el respeto al dueño de un nombre son fundamentales. Desde que la empresa mexicana Lucha Libre AAA fue adquirida en abril de 2025 por la World Wrestling Entertainment (WWE), con base en Estados Unidos, la compañía más grande e importante de lucha libre del mundo ha intentado conectar con el público del país; sin embargo, no lo habían conseguido hasta ahora al capitalizar tan bien estos elementos. En su más reciente historia, consiguieron que un tradicional enfrentamiento entre dos extranjeros de máscara contra máscara, una de las estipulaciones más sagradas, tenga en el filo del asiento al público seguidor de este espectáculo para conocer el final de su lance.