El "Dios" que ahora pontifica contra el "puto amo": negocios, amigos y jarrones chinos rotos.

Con una ingenuidad que probablemente diga mucho de mi falta de capacidad de entendimiento de cuál es el objeto de la participación en general y muy particularmente el de la militancia política he de reconocer que no me siento concernido cuando se califica como “puto amo” o “Dios” a quienes, en mi opinión, deben ser sólo, y nada menos, que los dirigentes, los lideres en quienes confiamos la dirección, del “intelectual colectivo orgánico, vivo y estructurado” que, parafraseando a Gramsci, es un partido político. Y es desde esa posición desde la que me resultan especialmente lamentable contemplar el uso bochornoso de curiosas varas de medir.

Don Felipe, cuando eche pestes de Pedro Sánchez, cuando se duela de los "siervos", cuando se rasgue las vestiduras por la corrupción ajena, por favor, no olvide pasar por su propia trastienda

Cuando Óscar Puente calificó a Pedro Sánchez como "puto amo", Felipe González levantó la voz con esa solemnidad de padre prior y sentenció que para que exista un "puto amo" hacen falta "putos siervos". La ironía, claro, es que el propio González fue conocido durante décadas en su partido como "Dios". Así, con mayúscula y sin sonrojo. El apodo se lo acuñó Txiki Benegas en 1991, en unas conversaciones telefónicas filtradas, para referirse a su poder omnímodo e incuestionable dentro del PSOE. ¿Y eso no es acaso la definición exacta de un "puto amo" con sotana laica y coro de fieles? Entonces, claro, no había "siervos", había "adoradores". Pero la memoria, como los jarrones chinos, se rompe con facilidad.