Resume e infórmame rápidoEscucha este artículoAudio generado con IA de Google0:00/0:00Hace cuatro años, la escogencia de candidato en la primera vuelta no entrañó ningún dilema para un elector progresista: entre Petro, Federico Gutiérrez, Rodolfo Hernández, Sergio Fajardo, el pastor John Milton Rodríguez y Enrique Gómez Hurtado, optar por el primero era algo indiscutible. Petro supo encauzar el descontento del estallido social, venía madurando su candidatura desde 2010, la izquierda nunca había logrado llegar a la presidencia, se tenía todo por ganar y poco qué perder.Esta vez las cosas son a otro precio. Pasamos de la prolífica habilidad para lanzar globos a la obligación de tragar sapos. Durante su cuatrienio, Petro ha expuesto a las claras sus fortalezas, contradicciones y miserias. La izquierda ya tuvo chance de gobernar, no parte de ceros, le corresponde reconocer errores e improvisaciones, acusa el desgaste de la crisis de la salud, el incremento de la violencia y los escándalos de corrupción, y llega a la contienda con un candidato pacifista que el país aún no termina de digerir.Dicho lo anterior, pese a la suspicacia que despiertan su poca experiencia ejecutiva, su reticencia a debatir y su obsecuencia ante los descaches de Petro, frente al peligro inminente que hoy representan las candidaturas de Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia, sus firmes por la patria competidores, la necesidad de votar por Cepeda no deja lugar a dudas.A diferencia de Abelardo, el candidato del Pacto es una persona honorable que no ha hecho fortuna timando estafadores, paramilitares y narcotraficantes bajo los lemas de que la ética nada tiene que ver con el derecho y de que un ladrón que roba a un ladrón tiene cien años de perdón. Muy por el contrario, en diciembre de 2008, según un estupendo perfil escrito por Pacho Escobar, cuando el Consejo de Estado condenó a la nación por el asesinato de Manuel Cepeda y ordenó entregar una indemnización de 1.500 millones de pesos a sus familiares, Iván Cepeda renunció a esa remuneración, reclamando a cambio que el Estado reconociera su responsabilidad en la ejecución extrajudicial de su padre. Álvaro Uribe, que para ese momento ejercía su segundo periodo presidencial, se negó a ofrecer las excusas ordenadas por la justicia, una infamia que el gobierno Santos subsanó en 2011. Ahí aparece la estela siniestra de Uribe, el caudillo que Paloma venera como padre putativo, a quien, si por ella fuera, en caso de ganar pondría de vicepresidente o ministro de defensa.De no ser porque un delincuente y psicópata como Donald Trump, capaz de arrasar el planeta, la ley y la democracia, ha alcanzado, no una, sino dos veces, la presidencia de los Estados Unidos, uno podría suponer que es increíble que gente de la índole de Abelardo de la Espriella pueda llegar al poder. Pero no, ya hemos visto que, como en los casos de Trump, Bolsonaro, Bukele y Milei, en la era TikTok eso es perfectamente factible. Ante esa posibilidad, es preferible apoyar la revolución ética que propone un tipo serio como Cepeda, que plegarnos al reencauche uribista o al imperio de la extrema incoherencia.A la hora de decidir, sería injusto desconocer los logros alcanzados por el primer gobierno de izquierda de nuestra historia. En su libro Colombia después de Petro, Hernando Gómez Buendía destaca 34 avances concretos atribuibles al gobierno del cambio, entre los cuales figuran la reducción de la desnutrición infantil, el subsidio pensional para los adultos mayores, el número de hectáreas restituidas, tituladas, adjudicadas y en trámite de adjudicación, los planes para frenar la deforestación, el presupuesto educativo más alto de la historia, los aumentos del salario mínimo, la formalización de contratos laborales y la mejora de condiciones para los aprendices. Cada una de estas acciones y programas en pro de la equidad seguramente tendrán un reconocimiento popular en las urnas. No obstante, pese a reconocerle logros importantes al petrismo, en una reciente columna Gómez Buendía sostiene que en estas elecciones Colombia va en camino de escoger entre lo malo y lo peor. Por su parte, Sergio Ocampo asegura que, gane quien gane el domingo, todos perderemos, porque “lo que se viene es un espantoso cuatrienio de radicalización de discursos y proyectos políticos, de más división y pugnacidad”. De ser así las cosas, puestos a elegir entre la paloma de la guerra, el tigre aullador y el búho pacifista, votando por Cepeda, como diría Pacho Maturana, ojalá logremos perder ganando un poco. Por John Galán CasanovaPoeta y ensayista bogotano. Premio nacional de poesía joven Colcultura, 1993. Premio internacional de poesía "Villa de Cox", 2009.Conoce más
El búho, la paloma y el tigre
“La necesidad de votar por Iván Cepeda no deja lugar a dudas”: John Galán














