Resume e infórmame rápidoEscucha este artículoAudio generado con IA de Google0:00/0:00Fundada hace 158 años, la Universidad Nacional de Colombia, la UNAL, ha sido el eje articulador de la unidad nacional, consolidándose como un centro de vida intelectual y un proyecto cultural pluralista, incluyente y colectivo. Con nuestra presencia en San Andrés y Providencia, Tumaco, Amazonas, Arauca y la región Andina, la institución acoge a estudiantes de todas las capas de la sociedad, transformando la realidad de una población estudiantil que, en gran medida, pertenece a familias y comunidades altamente vulnerables. Como institución pública, ha mantenido sus puertas abiertas a todas las corrientes de pensamiento y a todos los sectores étnicos, regionales y locales. Su misión histórica no solo se centra en estudiar y enriquecer el patrimonio material, natural y ambiental de la nación; radica, fundamentalmente, en su capacidad para “pensar en público”, democratizar el conocimiento y asimilar críticamente las transformaciones globales y las demandas de la actual era digital.Este proyecto de nación no es inmune a las tensiones del entorno. En los últimos dos años, la Unal se ha visto abocada a una compleja situación debido a sistemáticas agresiones contra su autonomía institucional. Agentes externos, incluyendo dinámicas asociadas a grupos al margen de la ley, han pretendido vulnerar sus campus y violentar a sus miembros, llegando incluso al doloroso asesinato de dos estudiantes en los últimos meses. Prueba de ello es el inédito incremento en el número de denuncias interpuestas ante las autoridades competentes y la Defensoría del Pueblo por agresiones directas contra estudiantes, docentes y trabajadores administrativos.Pese a este adverso panorama, la comunidad académica no se ha detenido. Lejos de paralizarse, la institución ha respondido con un redoblado compromiso en sus tres pilares misionales: la docencia, la investigación y la extensión a las comunidades y organizaciones. Hoy, más que nunca, se hace imperativo persistir en la formación de ciudadanos libres, capaces de pensar crítica y sistémicamente y agentes de la promoción de los valores democráticos de la tolerancia, el respeto por los derechos humanos y el cumplimiento de los deberes civiles. Somos una institución forjada en la diversidad territorial, cultural y generacional; una casa pública donde el país se encuentra, se interroga, se contradice y, sobre todo, busca comprenderse a sí misma.Bajo esta premisa, la Unal no puede asumir la paz como un concepto teórico o ajeno. Consecuentes con nuestra responsabilidad histórica como agentes al servicio del país, hemos declarado el año 2026 como el Año de la Paz en la UNAL. La paz en Colombia no puede quedar reducida a un recuento de intentos de búsqueda ni a un archivo documental o académico. Por el contrario, la academia debe liderar la vigencia de este propósito nacional —consagrado como un deber en la Constitución Política de 1991—, para lo cual hemos definido cinco acciones estratégicas:En primer lugar, visibilizaremos el aporte histórico y contemporáneo de la Unal a los procesos de paz del país. Segundo, estimularemos una deliberación rigurosa, de alcance nacional e internacional, sobre las líneas de investigación y acción que deben orientar los futuros esfuerzos universitarios para la consolidación de la convivencia. Tercero, adelantaremos un balance académico y crítico sobre el estado del Acuerdo de 2016 y los desafíos de los procesos actuales. Cuarto, propiciaremos un escenario de reflexión interna sobre la coexistencia plural de las diversas trayectorias políticas y culturales que convergen en nuestras aulas. Y quinto, rescataremos e impulsaremos los esfuerzos provenientes de todas las áreas del conocimiento, propiciando un escenario de encuentro que nos permita aprender de estas experiencias para una construcción efectiva de la paz al interior de la institución.Este esfuerzo de introspección se enmarca en la implementación de una política transversal de ‘Paz en Casa’. Mal haríamos en reflexionar y predicar la paz hacia el exterior si no somos capaces de aplicarla, con honestidad y coherencia, desde nuestro propio interior. En un momento histórico marcado por una profunda fragmentación social y política, y por la persistencia de violencias territoriales, la Universidad Nacional de Colombia reafirma su vocación como un faro de esperanza y un laboratorio vivo de reconciliación. No obstante, somos conscientes de que este desafío supera los límites de una sola institución. Es imperativo consolidar un trabajo articulado que convoque a las universidades públicas y privadas, a las organizaciones sociales, al sector productivo y a los ministerios, así como al Congreso de la República, la Fiscalía General, las Fuerzas Armadas y los organismos de control y defensa del Estado y a los múltiples esfuerzos de investigadores y observatorios de paz. La construcción de una paz estructural requiere, necesariamente, el concurso de todos los agentes de la sociedad. Ejercer nuestros deberes y derechos políticos con responsabilidad es, en última instancia, el camino definitivo para comprender la paz y legarla a las futuras generaciones.* Rector de la Universidad Nacional de Colombia.Conoce más
La Universidad Nacional de Colombia: un faro para el país frente a la fragmentación nacional
“Lla Unal se ha visto abocada a una compleja situación debido a sistemáticas agresiones contra su autonomía”: José Ismael Peña













