Han bastado tres meses de campaña militar en Irán para que las advertencias del Pentágono se materialicen. El ejército estadounidense ya ha disparado más de 1000 misiles Tomahawk, así como entre 1500 y 2000 sistemas de defensa antiaérea, incluidos los Patriots y los sistemas THAAD, según el último informe del CSIS. Unas cantidades que ahora la administración de Donald Trump pretende reponer con un nuevo presupuesto de defensa de 1,5 millones de dólares. Pero el problema real no es el dinero, sino el tiempo. Aunque se logre aprobar el incremento del gasto militar, fabricar un misil Tomahawk requiere al menos dos años.PublicidadUna de las grandes razones por las que el jefe del Estado Mayor, el general Dan Caine, desaconsejó a Trump atacar Irán era el mermado arsenal del Pentágono. Una de las razones por las que Caine subrayaba este hecho es por el largo tiempo que se tarda en fabricar la mayoría del armamento central para el ejército estadounidense. La rapidez con la que se consume la munición y la lentitud con la que se fabrica es un problema que hace años que el Pentágono evitaba confrontar. Pero ahora la guerra de Irán está obligando a mirarlo de frente.Ya a principios de 2000 el secretario de Defensa de George Bush, Robert Gates, advertía que las armas que constituyen el pilar central de la supremacía militar estadounidense necesitaban años para construirse y, en consecuencia, pedía invertir en una nueva generación de armas que representaran el "75% de las soluciones" pero que se pudieran hacer más de más soluciones.La brecha que señalaba Gates se ha acelerado en los últimos años con la aparición de los drones baratos. Primero se vio en Ucrania y ahora se ha visto en Irán. Los ayatolás han estado enviando enjambres de drones Shahed –baratos y rápidos de producir– contra los THAAD, que son caros y más lentos de reponer. El alto el fuego ha dado una leve tregua a los sistemas de defensa y ataque del ejército estadounidense, pero ni mucho menos resuelve los dos o tres años mínimos que necesitará para reabastecer a parte del arsenal.La perspectiva de poder volver a reponer al completo el arsenal de munición a los niveles previos de la guerra se dibuja complicada. El pasado año, la marina compró solamente 55 Tomahawks. Y este año, el Pentágono quiere comprar 785, un incremento de más del 1000% según destaca el Instituto Cato.PublicidadEl último análisis elaborado por el departamento de Defensa en 2025 sobre el panorama de los proveedores del Pentágono subrayaba lo siguiente: "La DIB [Base Industrial de Defensa] se ha consolidado pasando de 51 proveedores que había después de la Guerra Fría a solo cinco grandes contratistas que hoy desarrollan los sistemas de armas más críticos. Mientras, sigue dependiendo de piezas obsoletas, procesos de fabricación anticuados y una innovación estancada".En marzo, Trump se reunió con los directores ejecutivos de las principales compañías armamentistas de EEUU para acordar cuadruplicar la producción de armamento. Las compañías que se comprometieron con los nuevos objetivos eran BAE Systems, Boeing, Honeywell, L3 Harris, Lockheed Martin, Northrop Grumman y Raytheon.Poco después, el Wall Street Journal sacaba un titular que parecía propio de la Segunda Guerra Mundial: la administración estadounidense ha estado tanteando a fabricantes de coches y otras compañías manufactureras para ayudar a acelerar la producción de armas. Desde antes de la guerra, altos cargos de Defensa ya habían conversado con ejecutivos de distintas empresas, como General Motors y Ford, según revelaban fuentes conocedoras en el medio.
La guerra de Trump en Irán acaba mostrando el talón de Aquiles de la industria militar de EEUU
El tiempo de fabricación de las armas juega en contra de Washington.











