Pese a los desmentidos de Trump, Washington se enfrenta al problema de la escasez de proyectiles si el conflicto con Irán se alarga. Ucrania se ha declarado dispuesta a ayudar con su tecnología de interceptores
El secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, presumía esta semana de la superioridad de su país y de Israel en su ofensiva conjunta contra Irán. El enemigo, aseguraba, se está viendo obligado a economizar los proyectiles que lanza. Respecto al primer día de conflicto, sus disparos se han reducido en un 86%. “Estamos ganando con contundencia”, presumía. Pero Washington, pese a que la Administración de Donald Trump lo niega categóricamente, afronta un problema similar: escasez de municiones tras los intensos lanzamientos de los primeros días de la Operación Furia Épica.
Irán ha lanzado miles de drones Shahed 136 (“Mártir”, en farsi y árabe) unidireccionales y centenares de misiles de crucero contra objetivos estadounidenses en el golfo Pérsico. Para neutralizarlos, Estados Unidos y sus aliados requieren interceptores. Han estado utilizando munición de sus sistemas de defensa aérea Patriot y THAAD, cuyos misiles tienen un coste de millones de dólares frente a las escasas decenas de miles que cuesta uno de los drones “suicida” iraníes. A su vez, según los datos del Comando Central, responsable de las fuerzas estadounidenses en Oriente Próximo, Estados Unidos ha alcanzado más de 2.000 objetivos iraníes con más de una decena de miles de proyectiles desde el comienzo de la Operación Furia Épica el pasado sábado.







