El 30 de mayo de 1996 se hizo oficial su divorcio, pero durante décadas siguieron viviendo juntos y se defendieron mutuamente de las polémicas. El estrecho vínculo con el fallecido pederasta les hizo perder sus títulos y su casa, y ahora por primera vez la expareja ha tomado caminos separados
La historia de Andrés de Inglaterra y Sarah Ferguson empezó con una inocente presentación. Lady Di quiso ejercer de Cupido porque creía que ambos formarían una buena pareja. El 18 de junio de 1985, la princesa de Gales, que era muy amiga de Ferguson, la incluyó en la lista de invitados a Royal Ascot. Un año después, el 23 de julio de 1986, la pareja se casaba en la abadía de Westminster, en Londres. Pero este cuento de príncipes y princesas no tiene un final feliz. El matrimonio se separó en 1992; cuatro años después, el 30 de mayo de 1996, se hizo oficial el divorcio. Han pasado tres décadas en las que hicieron un frente común ante múltiples adversidades. Hasta ahora.
Durante 30 años, el exmatrimonio demostró tener una relación poco convencional: continuaron viviendo bajo el mismo techo, se fueron de vacaciones en familia, acudían juntos a eventos y, cuando Carlos III asumió el trono, Ferguson fue bienvenida de nuevo a los encuentros de la familia real. Pero desde el pasado mes de septiembre, la situación es otra muy diferente. Tras ver la luz nuevos correos sobre la relación de Andrés de Inglaterra y su exmujer con el fallecido pederasta Jeffrey Epstein, y tras la publicación del libro de memorias póstumo de Virginia Giuffre —quien acusaba a Andrés de abuso sexual—, la realidad paralela en la que habían estado viviendo durante años se desvaneció en cuestión de semanas. Él se vio forzado a renunciar a su título de príncipe; su hermano, el rey Carlos III, les obligó a abandonar la mansión de Windsor en la que residían; y ella perdió acuerdos con organizaciones benéficas y proyectos. Royal Lodge fue durante más de dos décadas la vivienda y refugio de la familia York; también fue el lugar que vivió las últimas horas de la vida conjunta de los exduques, cuya relación no ha sobrevivido al último escándalo.








