Maitena Burundarena (Buenos Aires, 64 años) ha vivido muy deprisa. Con 17 años tuvo a su primera hija y con 19 tuvo al segundo. Para sacarlos adelante, empezó a trabajar de ilustradora en revistas eróticas. Con veintipico publicó su primera tira cómica, Flo, en el diario Tiempo Argentino, y con 32 estrenó la tira Mujeres alteradas en Para ti, decana de las revistas femeninas. Ahí exploraba sus deseos, miedos y obsesiones con el cuerpo, el sexo, los hombres, la maternidad y la moda. Con 36 aterrizó con Superadas en el diario La Nación. Con 43, ella era la que estaba superada. Estaba en la cúspide de su carrera, era la historietista y humorista gráfica más famosa de habla hispana, sus ilustraciones se publicaban en 30 países y se traducían a doce idiomas, pero necesitaba parar.“Me di cuenta de que tenía todo lo que una persona puede desear para ser feliz y no era feliz, estaba re angustiada. Me dije: acá hay algo que no está funcionado”, recuerda. “Me había pasado muchos años trabajando muchísimo y había cosas que se me habían desordenado: los hijos, la salud, las sustancias. Trabajaba demasiado. Trabajaba hasta los domingos para no estar con mi pareja, con la que tenía conflictos. Era adicta al trabajo. El éxito es una trampa”.No le costó nada tomarse un año sabático. El dinero no era un problema. “No me interesa mucho el dinero. Solo me interesa para no hablar él”. Primero dejó el trabajo y luego todo lo demás: a su segundo marido, el alcohol, el tabaco, las drogas, Argentina. Se retiró a La Pedrera, un pueblito pesquero en Uruguay, donde se dedicó a divertirse y a vivir. Salió a bailar, paseó por la playa, se enamoró y se desenamoró, pasó mucho tiempo con sus hijos y amigas y empezó a implicarse en la militancia feminista. Al final, el año sabático duró casi dos décadas. “Fue una jubilación temprana y estuvo buenísimo”, dice sin arrepentimiento. Llegó a pensar que su trabajo había perdido vigencia. En 2018 se dio cuenta de que estaba equivocada. Se sumó al movimiento feminista Ni una menos y salió a las calles de Buenos Aires a luchar por la legalización del aborto. “Llevaba muchos años sin publicar y medio escondida y muchas mujeres de distintas generaciones empezaron a acercarse y a decirme: ‘Maitena, vos me hiciste feminista’. Empecé a llorar. Era el piropo más lindo me podían hacer”. En 2021 le ofrecieron hacer una gran retrospectiva de su trabajo en Buenos Aires. El éxito fue descomunal. Pasaron por ahí más 150.000 visitantes durante ocho meses. “Fue una locura. Yo acababa de cumplir 60 años y acababa de pasar un cáncer de páncreas. Sobreviví porque soy Highlander [título original de la película Los inmortales]”. Su obra también es inmortal.En su nuevo libro, Las mujeres de mi vida (Lumen), repasa 40 años de trabajo. Su humor e ironía no han perdido vigencia. De hecho, están más vivos que nunca. El ministro Urtasun acaba de reconocer a Maitena con el Premio Iberoamericano de Humor Gráfico Quevedos. Todos los anteriores premiados fueron hombres: Mingote, Quino, El Roto, Forges... Ella es la primera mujer en recibirlo.Pregunta. Hablemos de las mujeres de su vida. Empecemos por su madre.Respuesta. Uy, mi mamá era polaca y venía de una familia que había sufrido mucho durante el período de entreguerras. La educaron con la idea del sacrificio, no tenía humor y no le interesaba el humor. No entendía lo que yo hacía. Para ella, si eras artista tenías que estar exponiendo en un museo o una galería. Me decía: “Te vas a morir de hambre”. Después fui viendo como mis hermanos, todos profesionales, se fueron quedando atrás. Yo era el desastre de mi familia y terminé siendo la más destacada. P. ¿Le dolía que no la comprendiera?R. Me dolía, pero yo me vengaba. La dibujé mil veces. Hay una viñeta de madres insoportables, ella era todas esas madres. Mirtha Legrand me invitaba a su programa de televisión y yo no le avisaba. Se enteraba por otros. Pero en el fondo me dolía porque sentía que no me veía, que no sabía quién era yo. En algún momento, con cuarenta y pico, decidí empezar el camino inverso: averiguar quién era ella. Iba a visitarla con bombones y a conversar sobre su infancia, su adolescencia. Fue alucinante. Pude entenderla. Mi mamá era maniacodepresiva. Estaba media loca y mis seis hermanos y yo la terminamos de volver loca. Tuvo la enorme generosidad de morirse y pude contar todo lo que quería contar sobre ella en una novela [Rumble, publicada en 2011]. P. ¿Quién es hoy la mujer de su vida?R. Tuve muchas. Mi madre, mi niñera, mis hijas, mis amigas y mis suegras fueron algunas de las mujeres de mi vida. Ahora es Gabi, mi novia. Seis meses después de esa gran exposición de mi trabajo, la conocí y me enamoré. Yo ya tenía 60 años. Hay una vida buenísima después de los 60.P. Su obra se centra en las mujeres, en sus deseos, en sus obsesiones. ¿Nunca le interesaron los hombres?R. No ha sido el tema principal. Las mujeres hablamos de hombres, pero también de mil cosas más. Estamos entrenadas. Trabajamos, criamos hijos, estudiamos, limpiamos la casa, nos preocupamos de estar lindas, todo junto y al mismo tiempo. Tenemos el cerebro partido en veinte y somos capaces de hacer veinte cosas a la vez. Los hombres, en cambio, solo pueden hacer una cosa a la vez y siguen igual. Les cuesta cambiar. Te digo una cosa: o cambian o no van a volver a acostarse con una mujer. Ahora están re enojados. La última ola feminista los dejó descolocados y hay muchos que no se reponen. En vez de entender una desigualdad evidente e histórica, nos atacan. Nos tienen miedo porque ya no les tenemos miedo. P. Las redes sociales están promoviendo un modelo de mujer retrogrado: las tradwives. ¿Le preocupa?R. Las redes sociales no tienen culpa de eso. Hay un plan conservador mundial, el neofascismo, que quiere volver para atrás. Se acabaron los distintos: los gordos, los feos, los gais. Estamos retrocediendo. A las mujeres nos quieren en casa cocinando y cuidando a los hijos. Por eso están de moda las tradwives. Otras tendencias de ahora son la juventud eterna y la delgadez extrema. Ven a Demi Moore, que está hecha un esqueleto, y dicen: “Qué divina”. Lo “lindo” hoy es ser hiperflaca, tener el pelo lacio y estar toda depilada. Yo me pregunto: ¿una mujer pequeñita, con el pelo lacio y sin pelos en el cuerpo, es una mujer o una niña? Quizá tengamos que asumir que hay muchos hombres a los que les gustan las niñas. P. Su padre era un hombre muy conservador. ¿Cómo se llevaba con él?R. Era cristiano y de derechas, pero no era tan conservador como parecía. La vida le dio tan duro que pudo cambiar. Yo lo volví muy loco, le hice las mil. Pero me veía con amor. A diferencia de mi madre, él me veía. Me dijo algo muy duro cuando me quedé embarazada con 17 años: “Yo pensé que eras más inteligente”. Eso me destruyó. Esa frase me arruinó la vida. Llevo toda la vida intentando demostrar que no soy estúpida. Tengo complejo de tonta. P. ¿Y el síndrome del impostor?R. Lo tuve, pero ya no lo tengo. Lo arrastré muchísimos años porque trabajaba en un oficio de hombres. Cuando empecé a dibujar, no había mujeres en esto. Lo más importante que hice fue habilitar a varias generaciones de chicas a hacer comics. Todas leían mis historietas cuando eran chicas. P. Se hizo muy famosa en Argentina publicando en medios conservadores como la revista Para ti o el diario La Nación. Eso siempre me pareció muy subversivo. R. Siempre me gustó traficar con ideologías. Me encanta eso. Primero te ganas a las lectoras y luego les sueltas las bombas. Primero les hablas de las dietas, los pelos y las modas, y luego les hablas de lo importante: “No aguanto a mi madre”, “no aguanto a mis hijos”, “no aguanto a mi pareja”. Siempre trabajé en medios conservadores y me gusta. Ahí está la gente a la que hay que convencer. Es una tarea casi pedagógica.P. Sus ilustraciones son un gran retrato de la clase media argentina. Ahora, con Milei, esa clase está en vías de extinción.R. Ese es el plan de Milei, beneficiar a los más ricos. Lo dicen abiertamente. Están fascinados con el modelo de Trump. Lo que más me impresiona es cómo a los pobres les fascina este modelo y cómo lo votaron. Lo llevaron al poder cansados porque tampoco veníamos de Disneyland. Pensaban que iba a hacer las cosas de otra manera y no fue así. El peronismo robaba, pero hacía cosas: universidades, escuelas, hospitales, parques, viviendas. Milei no hace nada. Lo que está pasando en Argentina es horrible y tristísimo. P. ¿Cómo está la vida cultural argentina?R. Ha caído mucho. Hay muchos centros culturales cerrados. Después de mi muestra, este gobierno puso una exposición de Mickey Mouse. ¡Mickey Mouse! Como si no hubiera grandes dibujantes en Argentina. P. En la introducción de su libro, Flavita Banana dice: “Vivo con miedo a que me pregunten qué es ser mujer. Ser mujer es lo mejor y lo peor que puede ocurrir.” ¿Está de acuerdo?R. Ser mujer es lo mejor que puede ocurrirte. Es lo más divertido. La diversión viene con mucho sufrimiento, pero es más divertido ser mujer porque tenemos más permiso para cagarla. Llevo 40 años trabajando en temas de género y cada vez tengo menos claro qué es lo masculino y qué es lo femenino. Es importante empezar a pensar de otra manera porque esa división no funciona. Creo que está claro que no funciona, creo que está claro que lo femenino lo puede tener un hombre y viceversa. No hay que tenerle tanto miedo a no ser lo que se espera de uno, a no entrar en el molde. Veníamos bien rompiendo los moldes, pero parece que a algunos los asustó mucho. P. ¿Cómo se relaciona ahora con los hombres?R. Me sigo relacionando. Tengo un hijo, tengo un exmarido y tengo amigos. Los hombres con los que me relaciono son bastantes femeninos. Por eso no sufro. No puedo con los “machotes”. Con ellos sí sufro. Me irritan, me ponen mal. Siempre digo: agradezcan que pedimos justicia y no venganza. Hay que seguir luchando porque ya hay hombres distintos. No está todo mal con todos los hombres. Tienen que sacarse el patriarcado de encima porque les hace daño. Tiene que haber un acercamiento, pero no va a ocurrir hasta que no depongan el poder. Nosotras no queremos el poder, queremos la igualdad.