Como Santiago Caputo y Martín Menem iban a estar cara a cara, se esperaba que se dijeran en persona lo que venían discutiendo en público. Pero la reunión de la mesa política del martes, que los tuvo a los dos, volvió a ser tranquila. “En Twitter son explosivos y acá se quedan calladitos”, describió al día siguiente alguien que estuvo allí. Ni siquiera Patricia Bullrich abrió ahí la boca, y hasta se encargó de anticiparles a sus colaboradores que será así por bastante tiempo: recordó que ya había dicho todo lo que pensaba y que no volvería a repetir sus diferencias con Adorni. ¿Se aplaca la interna del Gobierno? Los libertarios parecen al menos haber tomado conciencia de que tampoco conviene exponerla al sol y de manera permanente. Es probable que se atenúe por unos días, hasta el nuevo encontronazo.Las fricciones existen y es cierto que Milei no ha mostrado hasta ahora vocación de encauzarlas. Pero tiene una ventaja: la mayoría de sus colaboradores sabe que tampoco hay margen para rebeldías o patriadas personales. No tanto por lealtad como por la gravitación que aun hoy, con errores, torpezas y hasta escándalos, ejerce Javier Milei. Algo que no sólo parece estar ocurriendo en el seno del Gobierno, sino en el establishment entero: pese al ajuste, a una reactivación que carece todavía de vigor generalizado y a la caída en el ingreso disponible, una parte importante del electorado ve al Presidente como el único en condiciones de ofrecer una narrativa económica para salir de la crisis.No es casual que a la oposición le cueste tanto encontrar un líder y que hasta haya incorporado estandartes como el equilibrio fiscal. Bríos opositores o candidaturas que venían despuntando sobre el final del verano, al cabo de un mal trimestre económico y con las filtraciones del caso Adorni, parecen ahora bastante aplacados. Una encuesta de Atlas Intel que publicó la agencia Bloomberg dice que el Gobierno recuperó en mayo 4 puntos de imagen positiva, la primera mejora desde noviembre.Milei y su ministro de Economía están convencidos de que subió la actividad. “En mayo pega la vuelta”, dijo el Presidente en privado esta semana, con el riesgo país otra vez por debajo de los 500 puntos. ¿Logró entonces evitar lo que los analistas llaman el “síndrome del tercer año”, el momento en que termina la luna de miel y el electorado empieza a relativizar la herencia y a exigir soluciones nuevas? Dependerá en realidad de las variables económicas. La inflación, los ingresos, la situación cambiaria. “Gracias por aguantar”, agradeció Karina Milei a quienes se habían acercado a saludarla en su recorrida por las calles después del Tedeum.La reunión que tuvo el martes 19 la cúpula de la UIA con el ministro de Economía, Luis CaputoPero el establishment económico no ve aún un círculo virtuoso. Y, sin tanta inflación que disimule ineficiencias, debe revisar costos. El martes, en la última reunión de la UIA, el comité directivo cuestionó las tasas municipales que les cobra Pilar. Y a varios gobernadores que, dicen, sólo le bajan ingresos brutos al que se radique en la respectiva provincia. Ya con Caputo habían aprovechado para quejarse del impuesto al cheque, que consideran distorsivo. “Coincido”, les contestó el ministro, pero les anticipó que no estaba en condiciones de eliminarlo porque eso atentaría contra el equilibrio fiscal. No habrá tampoco, anticipó, y pese a los pedidos del FMI, una reforma tributaria durante este mandato de Milei. Deberán esperar, dijo, a que las inversiones del Régimen de Incentivo a Grande Inversiones (RIGI) empiecen a generar recaudación.Una economía más robusta tonificaría al Gobierno para encarar no sólo las elecciones del año próximo, sino la conformación de las listas.Es demasiado tiempo para la industria. El crecimiento sigue siendo heterogéneo y muy pocos tienen motivos para la euforia. Es lo que enojó el miércoles a Sergio Iraeta, secretario de Agricultura, durante un discurso delante de productores que no lo aplaudían a pesar de que el Gobierno, dijo, bajó retenciones a las exportaciones. Pero en el campo razonan al revés: ¿esa reducción de dos puntos sobre el trigo y cebada y la promesa de futuros recortes en la soja es todo lo que el Estado puede ofrecer?, se preguntan. ¿No habrá entonces más anuncios en la exposición de julio en la Rural?Todo estará sujeto a los ingresos. Caputo confía en aumentar la base tributaria: ya avisó que será difícil seguir sosteniendo el equilibrio fiscal con ajuste. Apuesta al regreso del crédito, a los dólares del colchón. La semana pasada, por ejemplo, volvió entusiasmado de un encuentro con contadores que le aconsejaron cambios en la ley de Inocencia Fiscal, que hasta ahora no tuvo el éxito esperado.Una economía más robusta tonificaría al Gobierno para encarar no sólo las elecciones del año próximo, sino la conformación de las listas. Es el mismo debate interno de 2025: ¿en qué distritos conviene hacer acuerdos con gobernadores, y en cuáles, presentar candidatos propios que sin dudas restarán los apoyos de las provincias en el Congreso? Lo que pasa en el Senado, donde aguardan demorados diez proyectos del oficialismo, incluidos el de reforma política o los pliegos de los jueces, es acaso un anticipo. Lo saben las alimenticias que quisieran ver derogada la ley de Etiquetado Frontal, un texto redactado por Mario Lugones que el Poder Ejecutivo envió hace dos viernes y que no tiene los votos ni para el dictamen. Hacía tiempo que no se veían tantos ejecutivos recorriendo despachos en la Cámara alta.El oficialismo necesita negociar con la oposición. ¿Acompañarán la derogación los radicales, que votaron exactamente al revés por la misma ley en 2021? ¿A tanto llega el cambio de época? Lule Menem dijo en la reunión de mesa política que los gobernadores le habían anticipado apoyo para eliminar las primarias. “No es lo que dicen sus respectivos senadores”, objetó Patricia Bullrich.El dilema vuelven a ser los costos de no acordar. ¿Pintar el mapa de violeta, como les gusta a los libertarios, complica la administración? Es una discusión que Milei decidió delegar en Karina y los Menem, pero cuyos resultados dependen en última instancia de aquello en lo que él no negocia, las cuentas públicas. Restricciones presupuestarias polémicas y de las que se jacta a los gritos para mantener el equilibrio fiscal, atenuar la inflación y, así, desdibujar a la oposición que condena ese ajuste: la política no ha encontrado hasta ahora un plan B para esta paradoja.