El nuevo ministro de Seguridad, Martín Arrau, ha tenido un nutrido despliegue para intentar revertir la imagen de desorden y desorientación en que había caído esta repartición durante la breve gestión de su antecesora, que fue removida por el Presidente de la República apenas transcurridos 69 días de mandato. Arrau ha sostenido encuentros con representantes del Congreso, también con los altos mandos de las policías y con el Ministerio Público así como con el ministro de Seguridad de la administración pasada, entre otros, como una forma de contar con sus propios diagnósticos y trazar cursos de acción, donde en lo inmediato pretende presentar ante parlamentarios un variado paquete de proyectos de ley así como una nueva estrategia de seguridad luego de la cuenta pública presidencial del 1 de junio. Con ello Arrau ha logrado -al menos por ahora- sacar a esta repartición del centro de la polémica y darle alguna dirección, tomando en cuenta que la anterior ministra se vio sumida en una desgastante controversia por la ausencia de un plan de seguridad, donde fue evidente que las autoridades no contaban con una estrategia bien diseñada y planes de acción concretos -la propia exministra reconoció que no esperaba que en el Congreso se le exigiera un plan formal y estructurado en materia de seguridad-, siendo evidente la improvisación en un área que para el gobierno resulta especialmente crítica.Arrau también hizo un anuncio que sorprendió al mundo político: señaló que “ya existe una Política Nacional de Seguridad Pública. Esa está vigente y la promulgó el expresidente Boric. Dura seis años y nosotros creemos que esa política es suficiente, es amplia, da espacio para ciertas políticas, para ciertos planes, programas”. Sus dichos fueron inmediatamente aprovechados por sectores de oposición, haciendo ver que por fin se estaba reconociendo que el gobierno anterior tenía planes en materia de seguridad -la exvocera Camila Vallejo señaló que “el Gobierno de Kast por fin dice cuál es su Plan de Seguridad: el Plan del Gobierno de Boric. Parece chiste”-, aunque también hubo voces opositoras que valoraron este reconocimiento. Pero sorprendentemente también hubo críticas desde sectores del propio oficialismo, que ven los dichos de Arrau como una suerte de reconocimiento a la gestión de Boric, haciendo ver la importancia de marcar la diferencia para contar con nuevas estrategias y otro tipo de planes. Aun cuando no sorprende que desde la oposición se busque cualquier pretexto para criticar al gobierno, llama la atención, en cambio, que parlamentarios oficialistas cuestionen a su propio gobierno. Estas críticas son desde luego mezquinas, porque para el país debería ser una buena señal que la nueva administración no busque comenzar desde cero en ámbitos como la seguridad -ya se deberían haber internalizado los riesgos de las “refundaciones”- y que se rescaten los aspectos positivos del diseño institucional existente. Pero hay además una confusión manifiesta en quienes han vertido estas críticas, porque Arrau no ha alabado las políticas de seguridad del gobierno anterior ni ha dicho que estas fueron efectivas; simplemente planteó que el marco general era razonable. Al respecto, cabe recordar que la propia ley mandata que exista una Política Nacional de Seguridad Pública, la que fue promulgada por el Presidente Boric y tiene una duración de seis años. Reconocer las ventajas de dicho marco es comenzar a avanzar en lógicas de políticas de Estado en materia de seguridad, y desde luego el Ministerio tendrá la responsabilidad de implementar sus propias estrategias dentro de este marco general ya establecido, cuyas líneas generales resumen los principales desafíos que el país tiene en materia de seguridad, siendo tarea de cada gobierno aterrizarlas en medidas concretas.Para poder implementar políticas de seguridad que trasciendan gobiernos y que brinden los resultados que los chilenos esperan es fundamental salir de las lógicas destructivas en las que nos encontramos, ya sea criticando por todo al gobierno de turno o caer en la mezquindad de no conceder nada al contrario, y en tal sentido los gestos que Arrau ha tenido en estos días podrían ayudar a comenzar a tender puentes. Habiendo sido él mismo un duro crítico del Ministerio de Seguridad cuando este se creó, es valioso que su empeño esté puesto ahora en sacar adelante esta institucionalidad.Con todo, estas buenas señales iniciales no pueden hacer perder de vista que fue un grave error del gobierno del Presidente Kast no haber diseñado con mucha anterioridad un plan exhaustivo en materia de seguridad. El gobierno tiene ahora una ventana para enmendar el rumbo a partir de la llegada de un nuevo ministro de Seguridad, así como con los anuncios que se espera que haga el Presidente Kast en la cuenta pública y con la presentación que Arrau hará de la nueva estrategia para contener el delito y el crimen organizado. Si esa bajada en temas de seguridad decepciona, ya sea por su generalidad o porque no contempla medidas audaces, metas concretas y plazos definidos, el costo político para el gobierno será considerable.