30/05/2026 a las 01:06h.

En plena descomposición nacional, produce ternura el afán culé por codearse futbolísticamente con el Real Madrid, tan distinto y tan distante. El Barcelona, que no se clasificó para el Mundial de clubes, representará en el Mundial de selecciones a España (sólo en la última ... década, el Crystal Palace posee más títulos europeos que el club catalán), cuyo Combinado Autonómico copa por birlibirloques políticos que no vienen al caso. Y no basta con que el Barcelona meta a muchos futbolistas en el saco; es preciso, además, que el Madrid no meta a ninguno. Cuando tal circunstancia se da, la prensa de provincias («yo nací en un país pequeñito», decía el Pep) lo celebra como un grandioso triunfo deportivo. Esto no es arrimar el ascua a su sardina, sino, además, y en lo posible, orinar en el ascua del vecino, o sea, el Madrid, cuyos españoles no tendrían lo que el seleccionador, un capillita de Haro, llama «gen especial», un gen de selección, tan especial como el color que Los del Río le ven a Sevilla («Sevilla tiene un color especial, / Sevilla sigue teniendo / su duende…»). Cómo será la cosa de cachonda que hasta Rufianejo, uno de los bien cebados próceres de cuyos votos depende «la gobernanza», o «garbanzá», del país ha tuiteado mofas sobre el asunto.