La ciudad de Buenos Aires construyó su mística y su identidad en torno a la cultura del encuentro. El café sin apuro, la charla en la vereda y el club de barrio. Históricamente, el café porteño no ha sido un mero espacio de consumo rápido de una infusión; funcionó como una extensión de la vida privada, un "tercer espacio" sin plazos ni tiempo donde se detiene el reloj y se teje la trama social, política y cultural de la ciudad. Sin embargo, la combinación de un agresivo cambio demográfico, un boom inmobiliario orientado a la vivienda mínima y las sucesivas crisis económicas están transformando la fisonomía de los barrios y poniendo en jaque estos históricos lugares de pertenencia ¿Hacia dónde va una sociedad cuando el mercado y el bolsillo fragmentan sus espacios comunes? La respuesta no es sencilla. Los especialistas consultados por PERFIL coinciden en que se trata de un proceso de transformación profunda que atraviesa la manera de habitar Buenos Aires. La pandemia, el auge del trabajo remoto, el crecimiento de los hogares unipersonales, la expansión de los alquileres y la presión del mercado inmobiliario están redefiniendo tanto el paisaje urbano como los vínculos sociales.

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