Un dron militar adaptado con un lanzagranadas rompe el silencio de los Andes. Suspendido en el aire, fija un objetivo y deja caer una carga con TNT que retruena en la montaña. Así entra Colombia en la guerra de drones para enfrentar a las guerrillas.
El piloto activa a control remoto un sistema que permite la caída perpendicular del proyectil. ¡Bum!, suena cuando toca el suelo y levanta una nube de polvo y piedras.
Capaz de destruirlo todo en un radio de 15 metros, esta es la nueva tecnología disponible para las fuerzas armadas en un país desangrado por más de seis décadas de conflicto.
Desde hace meses, las guerrillas financiadas por la cocaína y la minería ilegal muestran músculo al presidente izquierdista Gustavo Petro con ataques de drones cargados de explosivos y adaptados artesanalmente pero letales.
Ahora las fuerzas armadas responderán con drones capaces de lanzar tres granadas de calibre 60 desde alturas de hasta 1,000 metros.














