La pen�ltimaCon la educaci�n que le caracteriza, apenas disfraz� un mensaje muy claro y muy sano: "Estoy hasta los cojones de madrugar y de trabajar". Ol� t�Carlos Alsina, presentador de 'M�s de Uno', en Onda Cero.Actualizado Jueves,

mayo

21:31Como tantos, lo primero que pens� al enterarme de que Carlos Alsina sal�a del tramo m�s influyente de su programa es que era un reajuste ideol�gico de la cadena o un paso intermedio en su cr�nicamente rumoreada marcha a la SER. Los periodistas siempre creemos que todo lo que ocurre en la profesi�n es m�s enrevesado de lo que es. Nos hace sentir importantes asegurar que nos castigan por lo que escribimos o defendimos aquella vez o que nuestro destino se decide en complej�simos entramados empresariales, en lugar de asumir que, sencillamente, somos intercambiables y lo que de verdad importa son las cabeceras o el logo del micr�fono. Salvo excepciones. Alsina es una.Luego se explic� y nos dej� con cara de tontos. Con la educaci�n que le caracteriza, apenas disfraz� un mensaje muy claro y muy sano: "Estoy hasta los cojones de madrugar y de trabajar". Ol� t�. Posteriormente, supongo que anticipando el escuadr�n que ya afilaba las garras de la envidia, casi se justific� por poder permit�rselo. Todo es parte de la misma trampa, ese clich� de que el trabajo dignifica y se refleja en la idealizaci�n de la Espa�a que madruga. Si la Espa�a que madruga pudiera elegir a qu� hora despertarse, los bares empezar�an a servir desayunos a las diez. O diez y media. Trabajar es un medio, no un fin. El fin es tomar una cerveza mirando el mar.Para saber m�sNos han incrustado en el subconsciente dos mentiras: que el trabajador debe dar gracias a la empresa por permitirle tener un empleo y que somos unos fracasados si no queremos siempre m�s. Est�s feliz en tu puesto, pero no basta. M�s, m�s, m�s. La est�pida ambici�n. Seamos serios: la ambici�n no es nada, no existe. Esta sociedad, que sospecha de la bondad y la empat�a, ha decidido que es una virtud cuando s�lo es un escondite de frustraciones. Ser ambicioso es la excusa de quien, a falta de talento, inteligencia o capacidad, s�lo tiene ganas. No lo valgo, pero lo quiero. Si cierro los ojos y lo deseo muy fuerte, he tenido sexo. Pues no. Al menos, no acompa�ado. La ambici�n es la metadona de los mediocres. Por eso, hay que aplaudir que una estrella como Alsina, en la cima de su poder y con la capacidad de seguir yendo a m�s (en influencia, en dinero, en popularidad...), reconozca, al m�s puro estilo Bartleby, que lo que de verdad quiere es ir a menos. Ahora que a tantos se les ha ca�do un mito con Zapatero al descubrir que Bambi era Shere Khan y tambi�n anhelaba reinar en la selva, hay que admirar a un tipo que, pudiendo ser cualquier cosa, decide que lo que m�s desea es irse a casa a leer un libro, levantarse a media ma�ana y salir a mirar obras. La mediocridad no es despreciar el poder, es no saber vivir sin �l. No saber vivir, en definitiva.