Urraca Alfónsez (1081-1126) desafió a todos en una sociedad que no estaba hecha para mujeres, ni siquiera cuando se era hija del rey de un país. Ella era hija de Alfonso VI y de su segunda mujer, Constanza de Borgoña. No había más hermanos ni más herederos por el camino, porque se constató que su madre no podía tener más descendencia. No quedó más remedio que la joven asumiera los mandos del reino. Un hecho histórico para la época.
La monarca se convirtió en una de las pocas mujeres que, a lo largo de la historia de España, ejerció la plenitud del poder real. No era reina consorte, como muchas anteriores y posteriores, sino que era reina de pleno derecho. El ordeno y mando era suyo.
La regina, como se denominó a sí misma, no rehuyó sus responsabilidades como monarca. Tomó las riendas de su cargo y su reinado se terminó extendiendo durante 17 años. Un periodo mucho más largo de lo que se le presuponía, porque no se libró de las críticas a su liderazgo, solo por el hecho de ser mujer.
Urraca, ¿La Temeraria?
Urraca luchó contra todos desde bien pequeña. Ella no era el bebé que todos esperaban para suceder en el trono a Alfonso VI. No tenía más hermanos, dentro del matrimonio oficial, así que la joven recibió una educación a la altura de sus responsabilidades, recuerda la Real Academia de la Historia. Se formó en un territorio tributario del matriarcado astur, donde no se impedía a las mujeres ejercer la potestad real.












