¿Quiénes serán las figuras…? Faltan solo trece días para que suba el telón del Mundial 2026 y el hincha le hace al periodista preguntas que este no puede responder. Acaso la joya más valiosa del fútbol sea su imprevisibilidad, lo inesperado. Pocas veces un futbolista llegó precedido de tan buenos augurios a un Mundial como Van Basten a Italia 90. Todo indicaba que Holanda sería el campeón y Van Basten la estrella. Venía de ganar dos Balones de Oro (1988 y 1989), de ser goleador de la serie A en esos mismos años, de conquistar la Eurocopa 88 y la Champions 89… Era por lejos el mejor futbolista del momento. En el Mundial no pudo hacer un gol. Holanda, superfavorita al título, fue eliminada sin ganar un partido, hasta empató con Egipto e Irlanda, que estaban muy por debajo. Así es el fútbol.Sí se puede apuntar a un puñado de jóvenes que deberían brillar. Hablamos de jugadores que no han estado en mundiales anteriores. Naturalmente, Lamine Yamal (19 años el 13 de julio) encabeza el lote. Es el futbolista con mejor proyección para ser número uno del mundo, hacerse con el Balón de Oro y brillar por una década al menos: técnica prodigiosa, gambeta impredecible, fantástico pasador (un gran jugador es gran pasador, si no, no es gran jugador). Y atrevido, con la personalidad para sustentar su fama. No se achica. Tiene todo para deslumbrar en esta Copa, incluso el equipo que lo rodea y el juego que practica España. El mayor surgimiento de los últimos años.Casi en un mismo escalón ubicamos a Michael Olise (24), el francés que milita en el Bayern Munich y que juega de lo mismo que Lamine: zurdo como extremo por derecha. Con características muy similares al chico del Barcelona: habilidad de gato, amague para un lado y salida para el otro, creación de jugadas de ataque y definición. Como Lamine, su característica es pegarle combado al segundo palo después de salir de la gambeta. Es el gran fichaje del Bayern junto al de Harry Kane. Tan parecidos son con Lamine que hasta presentan una tarjeta casi idéntica: en las últimas dos temporadas marcaron ambos 42 goles. Y en asistencias, Olise suma 48 en tanto Lamine 38.Inmediatamente situamos a Anthony Gordon (flamantes 25), quien acaba de firmar por el Barcelona (lo pagó 80 millones de euros). Para este cronista, el más prometedor jugador inglés. Tiene todo: habilidad, enganche, freno, uno contra uno, es muy veloz cuando sale del rival, magnífico remate, crea y define (17 anotaciones y 5 asistencias esta temporada). Mucha energía y mentalidad agresiva. Es una pesadilla para los defensores por su forma de presionar y obligar al error.Un escalón por debajo está Rayan Cherki (23 en agosto), otro zurdo talentoso (también francés) del Manchester City. Como Lamine y Olise, se mueve por derecha, aunque un poco más adentro, no tan cerca de la raya. Posee incluso más fantasía que los anteriores, pero menos gol. Imposible adivinar qué hará con la bola. Es más habilitador que asistidor. Mbappé se puede hacer un festín aprovechando las opciones que creen para él Olise y Cherki en la selección de Deschamps.Y completamos el quinteto con Lennart Karl, el alemancito de frescos 18 años. Veremos cuántos minutos le dará Julian Nagelsmann, pero no le temblarán las piernas. Ya ha jugado 37 partidos este curso con 9 goles y 7 pases para gol. De juego profundo, ofensivo, rápido, muy decidido, con excelente remate y mucho carácter.Seguramente hay más, nos quedamos con estos cinco. Pero nadie puede asegurar nada. Recordamos el sensacional caso de Paolo Rossi en el Mundial 82, exactamente a la inversa del de Marco Van Basten. De los 528 futbolistas que participaron de aquel Mundial de España, posiblemente el que menos posibilidades tenía de destacar era Paolo, el centrodelantero italiano. No por sus condiciones, que eran excelentes. Ya había sido revelación y marcado tres goles en Argentina 78. Era la Italia que había seducido en esa edición siendo cuarta y venciendo al campeón. La dirigía Enzo Bearzot. Para 1982 gozaba de una camada de notables intérpretes (fue la mejor selección Azzurra de la historia), pero el equipo no armonizaba, no convencía. Para peor, hizo una primera fase paupérrima con tres empates. Bearzot, el hombre de la buena pipa, mantenía un enfrentamiento feroz con la prensa italiana, sin embargo, tenía las ideas claras. Y tras la Copa hubo de pedirle perdón de una manera digna: al presentarse en la rueda de prensa posterior a la final, todos los periodistas italianos se pusieron de pie y le tributaron un sostenido y respetuoso aplauso. No hubo necesidad de palabras.La polémica del periodismo italiano con el técnico nació a raíz de haber ignorado a Roberto Pruzzo, atacante de la Roma que acababa de coronarse capocannoniere por segunda vez consecutiva —1981 y 1982— y en cambio convocar a Paolo Rossi, que había sido sancionado por dos años debido al Totonero, el escándalo de las apuestas clandestinas. Caso por el cual fueron descendidos el Milan y la Lazio. A Rossi se lo culpó de amañar resultados. Al llegar el Mundial, Paolo solo había disputado tres partidos en dos temporadas. Y el primero de ellos 43 días antes del debut en el Mundial. Lo más inquietante del equipo es que no tenía gol y Paolo no veía red, solo remató tres veces al arco en los tres empates ante Polonia, Perú y Camerún. Italia entera hervía de indignación. Pero Bearzot confiaba ciegamente en él y además tenía personalidad para aguantar las presiones.“Bien, con Pruzzo ya no se puede hacer nada (no había sido convocado), pero Altobelli sí está en Barcelona, ¿por qué no lo pone…?”, bramaban en la península al concluir la ronda inicial. Por si fuera poco, Italia debía enfrentar en la segunda parte a Argentina y Brasil. Rossi llevaba tres años sin marcar un gol para Italia. La situación era volcánica y se acusaba al técnico de capricho infame, de jugar con la ilusión de un país entero. Llegó el juego con Argentina y otra vez Paolo quedó en blanco. Tocaba Brasil y la situación era insostenible. El commendatore se la jugó una vez más con Pablito (así lo bautizaron en Argentina). La noche previa fue hasta su habitación y mantuvo una charla de 40 minutos con el jugador. Al día siguiente se abrió el cielo: Italia ganó 3-2 con triplete del goleador que no hacía goles.—La presión a la que estaba sometido era volcánica—, afirmó Rossi años después. El fútbol es todo para los italianos. Yo tenía la culpa de todo. La prensa se volvió loca, atacándome sin parar. Intenté ignorarlo lo mejor que pude, pero claro que te afecta. Al delantero de la Juventus se lo cuestionó como a ningún otro jugador en la historia de los Mundiales.—Mi confianza estaba por los suelos, pero la fe de Bearzot en mí no decayó. Eso fue fundamental. No sé si algún otro entrenador habría seguido optando por mí teniendo a un país entero encima dándole la brasa… El primer gol contra Brasil fue el más importante de mi carrera porque me devolvió la confianza en todos los sentidos del término. Un gol, cuando llega, es como maná caído del cielo para un delantero. A partir de ese momento, fue como si alguien en lo alto estuviese velando por mí. De repente, todo cambió. No me salía nada bien y luego me salía todo. Un gol puede cambiarlo todo. En mi caso, cambió hasta mi vida.Tanto que fue campeón, el héroe, se llevó el Botín y el Balón de Oro del Mundial. Y pasó a ser el ídolo de toda Italia. (O)
A qué jugadores debemos apuntar
Naturalmente, Lamine Yamal encabeza el lote. Es el futbolista con mejor proyección para ser número uno del mundo y hacerse con el Balón de Oro.












