La verborrea de Victoria Martín siempre ha sido muy desternillantemente bestia. Sus contestaciones sin piedad son su sello. No lo iba a ser menos su serie de Movistar Plus: Se tiene que morir mucha gente. Una comedia sobre la vida a la que nos va empujando los caminos del éxito que nos enseñaron. Hasta creernos que importa más lo que aparentamos ser que lo que auténticamente somos. Difícil salir cuerdo de tal disociación, palabro sobreusado últimamente. Tal vez porque hemos leído demasiados folletos malos de autoayuda. Pero Martín solo necesita seis capítulos de media hora para dar una merecida bofetada al individualismo que nos bebemos cual batido de fresa (con nata montada y siropes de colores) en la era de las redes sociales. Hay para cada uno de nosotros. Y, muy especialmente, para los referentes de Instagram: las pijas. Hay incluso un gender reveal en el primer episodio. La escena de la "fiesta de revelación de genero" de un bebé es una buena síntesis de cómo siempre estamos a tiempo de retroceder en derechos y, encima, celebrarlo como si fuera una excelente idea. Qué divertido.Así Se tiene que morir mucha gente ejerce la socarronería sin medias tintas. Se atreve a mirar las composturas sociales desde los personajes de Bárbara, Elena y Macarena, interpretados por Anna Castillo, Macarena Garcia y Laura Weissmahr. Amigas desde el colegio, que es complicado discernir si las odias o las amas. Es la gracia. La ficción rompe el tabú de que las protagonistas de una ficción siempre deben de ser empátícas. Qué antiguo. Pues, depende. En este caso, mejor enfrentarnos a las contradicciones humanas, que son la base del crecer, con la carcajada que todo lo permite. Sobre todo, cuando construye bien la complicidad desde el minuto uno para que existan cero límites del humor con el públicos. Bárbara está acompañada de su ‘yo’ de niña. Fantasma incontinente que no la deja sola y que no conoce la utilidad de una mentira piadosa. Al contrario, ella va a degüello. La actriz Sofía Otero (20.000 especies de abejas) convierte en realidad a esta cría resabiada con la emocionante frialdad que merece. Dice todo lo que el resto del mundo no se atrevería a decir nunca. Y por eso nos reímos. Mucho, aunque se vean venir de lejos algunos momentos de la trama. Porque Se tiene que morir mucha gente afronta hasta al fondo nuestras miserias sociales. O lo que nos dijeron que era miserias, que ahí está la clave: la serie da la vuelta al paternalismo machista, la maternidad perfecta y la familia que baila feliz en TikTok gracias a unas amigas que lo son desde pequeñas, Bárbara, Elena y Macarena. Amigas que transmiten tirria y afecto al mismo tiempo. Quién sentenció que era incompatible. Eso es la amistad: permitirte desquiciarte justo antes de abrazarte.