Eva Orúe (Zaragoza, 1962) fue la primera mujer que, en 2022, dirigió la Feria del Libro de Madrid, cuya 85ª edición comienza este viernes 29 de mayo en el parque del Retiro. En esta entrevista defiende el doble carácter comercial y cultural del evento, dedicado este año al humor.Publicidad¿Qué siente cuando ve a un escritor solitario en una caseta esperando a firmarle un libro a alguien?A mí también me ha pasado, por lo que —por empatía, solidaridad o simpatía— siento una cierta tristeza. Cuando alguien pide ir a firmar a la Feria del Libro, lo que en realidad está pidiendo es sentarse en una caseta y, con suerte, firmar algún libro. Para algunos, es un ejercicio de humildad. Para otros, la ilusión de estar ahí supera cualquier inconveniente u obstáculo que se pueda plantear.Más allá de los superventas clásicos, ¿comprende las largas colas que generan los nuevos fenómenos literarios?Aquí hay libros de todo pelo, porque no es la feria de la alta literatura. Algunos están escritos por gente que no tiene pretensiones literarias y que, sin embargo, conecta, por la razón que sea, con un público muy amplio. De ahí la necesidad de trabajar bien la organización de las colas, que es uno de los grandes desafíos que tenemos en un sitio como el parque del Retiro. Básicamente, se trata de conseguir que, sin renegar de esos fenómenos, los autores de prestigio y quienes sí se dedican a la literatura no se sientan desplazados ni incómodos. Hay que trabajar mucho para lograr un equilibrio y vamos por el buen camino.¿Pueden ser esos libros y autores una puerta de entrada a una literatura más prestigiosa y exigente?Es un debate constante en la Feria: ¿deben estar presentes determinados autores y libros? Yo tampoco leía alta literatura cuando tenía cierta edad y, sin embargo, después salté a otro tipo de libros. Es decir, me hice lectora leyendo libros que ahora para mí no tienen mayor interés. Por una parte, cada uno es libre de leer lo que le dé la gana. El mundo del libro es amplio y presumimos de bibliodiversidad: hay literatura, poesía, ensayo, autoayuda, novela histórica, de género… Tenemos de todo y que cada uno elija. Por otra parte, si ayudamos a que los lectores pasen a una literatura con más recorrido, estaremos contentos.El tema de este año es el humor, aunque usted cree que "la literatura que marida con el humor no siempre ha disfrutado de buena prensa".Los británicos tienen una tradición de la que presumen, en cambio nosotros no. Hacemos mal, porque El Quijote es un libro de humor. Además, tenemos una larga tradición de autores que se han servido de él no solo para hacer reír —que a mí ya me parece bien—, sino para mucho más: para denunciar, para tratar asuntos serios, para abordar situaciones que quizá desde la seriedad son más difíciles de analizar… Por eso, reivindicamos esa tradición y esa literatura española basada en el humor, así como la Feria como un sitio de buen rollo donde vas a comprar, a leer, a conocer a los autores, a pasártelo bien y, por qué no, a reír. Por ello, vamos a intentar traer a la Feria a todos aquellos que han llegado a los libros desde otros sitios —la comedia, el cine, la música—: la única condición es que tengan mucho sentido del humor.PublicidadAunque desde 2022 no hay país invitado, ¿cuál maridaría mejor con el humor?Probablemente, Gran Bretaña. Como decía, tienen una tradición humorística enorme y de la que están profundamente orgullosos, algo de lo que deberíamos aprender nosotros."Durante 17 días soy la alcaldesa de un pueblo pequeño, ruidoso y vivo"¿Cómo se gestiona un evento cultural tan expuesto a críticas?El humor también es una buena coraza para resistir y protegerse [risas]. De entrada, rebajándonos los humos. Esto es una feria, y hay ferias de ganado que afrontan las mismas dificultades que la Feria del Libro. Tenemos una naturaleza doble: la de los feriantes —es un evento comercial— y la de la cultura —es un festival con unas 400 actividades en 17 días, una barbaridad—. ¿Cómo se gestiona? Pues estando segura de que lo que haces es lo que tienes que hacer, aunque luego te equivoques. Nos equivocamos mucho, pero hay que probar. Funcionamos por el sistema de prueba y error. Nosotros trabajamos durante todo el año con ideas y luego las ponemos en práctica. Si funcionan, las mantenemos. Si no, nos echamos atrás e intentamos otra cosa diferente. Toda crítica es bienvenida con dos condiciones: que sea respetuosa y que se base en hechos ciertos.¿Qué crítica le ha ayudado a mejorar?La Feria no se extiende y, sin embargo, cada año quiere venir más gente. Por lo tanto, parte de nuestro trabajo consiste en inventar fórmulas y espacios nuevos para intentar meter a todos. Mantenemos una buena relación con esas personas que en ocasiones empieza con una crítica fuerte: "Nos habéis puesto en un sitio que no me gusta". Entonces intentamos trabajar con ellos para mejorar su ubicación mediante estructuras donde se sientan cómodos. En ese sentido, sus críticas nos ayudan a mejorar. Sin embargo, no nos sirven de nada aquellas que parten de datos falsos y que nos atribuyen criterios espurios para elaborar una teoría que ya traían preparada de casa.PublicidadLa Feria son libros, pero también baños químicos. Habrá tenido que enfrentarse a imprevistos de todo tipo…En el recorrido de la Feria no hay recogida de aguas fecales y, por lo tanto, no se pueden instalar baños normales. Y los que hay en el parque del Retiro no resultan suficientes para la avalancha de público, de ahí que los baños químicos formen parte de nuestro día a día. Yo entiendo que a la gente no le gusten, aunque se limpian con mucha frecuencia.Me refería a que la Feria, más allá de las casetas, supone un desafío logístico.De hecho, las casetas son la parte más fácil del montaje de la Feria, que se monta en un parque declarado Patrimonio Mundial de la Unesco y con unos servicios limitados. A partir de ahí nosotros empezamos a trabajar y sobre la marcha surgen problemas que tenemos que ir solucionando. Durante 17 días soy la alcaldesa de un pueblo pequeño y efímero, pero ruidoso y vivo. Y ahí nos pasa un poco de todo...¿Algún imprevisto o anécdota que no olvide?Una vez se quedó una señora encerrada en un baño. Con 35 grados, me imagino que no fue la mejor experiencia de su vida. En general, la gente es bastante comprensiva. Cuando introduces un cambio, suele haber quejas. Sin embargo, cuando explicas las razones termina entendiéndolo. Nos pasó cuando quitamos la megafonía, por ejemplo.¿Qué ve usted dentro de la Feria que le resulta invisible al visitante?Todo lo que hace de la Feria un sitio más amable es algo que tenemos que improvisar y crear para esos días. Por ejemplo, en el recorrido no hay agua potable y antes, cuando no había luz, recurríamos a generadores. El público llega y espera que haya de todo, pero no es consciente de la complejidad de montar un evento en un parque durante tanto tiempo.Y luego el trabajo de meses puede irse al traste por un problema circunstancial, lo que le parecerá injusto.Díselo a un atleta que lleva preparándose cuatro años para unos Juegos Olímpicos…La Feria del Libro es uno de los últimos reductos, como el café o el bar, que no ha sido absorbido por internet. Hay que ir.Nos sigue gente de fuera de Madrid y de España. La Feria debe tener una doble vida y lo más importante es que la virtual revierta en el Retiro. Dicho esto, efectivamente es un sitio de presencia, como reflejó una encuesta de los libreros que indicaba que la gente joven no compra en librerías, pero sí viene a la Feria del Libro. Y lo hace porque les ofrece dos cosas: el encuentro con el autor y la posibilidad de comprar, sentarse en un banco, tumbarse en un prado… Es una experiencia distinta que tenemos que preservar."La Feria del Libro de Madrid no se entiende fuera del parque del Retiro"¿Qué méritos se atribuye desde su primera Feria en 2022?Dar rienda suelta a la creatividad de un equipo que ha crecido desde entonces. Por supuesto, yo tengo ideas, pero las buenas salen del debate con los profesionales que conocen la Feria y a los feriantes. Básicamente, mi mérito es valorarlas y, cuando creo que son acertadas, darles el visto bueno. Es decir, el mérito es trabajar en equipo, durante muchos meses y en la sombra, para que estos 17 días sean días de luz.Publicidad¿Qué gran idea todavía no ha logrado materializar?Ya hemos hecho lo que teníamos pensado. Las casetas y el pabellón del Ayuntamiento se han renovado. Y, aunque la gente no lo ve, antes había mucho lápiz y papel y ahora está todo informatizado, lo que facilita el trabajo con los expositores. Ahora nos toca repensar y seguir sorprendiendo, porque el espacio del parque del Retiro no puede ser modificado.Hasta 2029 seguirá en el parque: ¿concibe la Feria del Libro lejos del Retiro?No, porque no se entiende fuera del Retiro. Es más, la Feria del Libro es el Retiro. Más allá del esfuerzo del montaje, la Feria también es leer en un banco o tumbado en el césped, caminar entre árboles, pasar calor… Sin todo eso, no se concibe. Algunos otros sitios nos podrían ofrecer un buen escenario, pero yo no la veo en un sitio cerrado como Ifema. Tiene que ser un lugar abierto, verde y en el centro de la ciudad.