“Estábamos prácticamente dos o tres días sin conexión”, la alcaldesa de Lazuela, Carla Gascón, resume una realidad que todavía persiste en parte del medio rural aragonés pese a la mejora de las telecomunicaciones en los últimos años. Es una de las conclusiones que deja el análisis bienal de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) sobre la calidad del servicio en zonas rurales.
Este informe confirma que, aunque la brecha digital se ha reducido en los últimos años, continúan las diferencias entre entornos urbanos y rurales tanto en el despliegue de fibra y 5G, como en tiempos de instalación. Así, a menor número de habitantes: menor presencia de tecnologías avanzadas, menores velocidades y mayor dependencia de tecnologías alternativas.
Gascón asegura que la situación en Los Monegros “ha mejorado algo respecto al año pasado”, aunque sigue lejos de la estabilidad de las grandes ciudades. “Antes era un desastre. Muchas veces no teníamos internet y algunos días incluso fallaba la cobertura”, señala. La regidora de este pueblo que ronda los 800 habitantes explica que los servicios más afectados fueron el ayuntamiento, la tienda de alimentos, el colegio y la gasolinera.
Según el informe de la CNMC, la disponibilidad de banda ancha fija es alta en todo el territorio, aunque persisten diferencias relevantes entre el ámbito urbano y el rural. Casi el 99 % de los hogares urbanos cuenta con este tipo de conexión, frente al 78 % en zonas rurales.











