La maquinaria bélica estadounidense ha puesto sus ojos en Cuba. Marco Rubio, el cubano-estadounidense que ejerce de secretario de Estado busca la caída del gobierno comunista de la isla desde hace tiempo. La semana pasada volvió a dejarlo claro cuando dijo que, por mucho que él prefiera “un acuerdo negociado”, las posibilidades de llegar a un entendimiento “no son altas”. Hace un par de meses viajé a Cuba y pude ver de cerca la devastación económica infligida al país por décadas de asedio estadounidense y agravada, desde enero, por el paralizante bloqueo petrolero impuesto por Donald Trump.

Ahora Estados Unidos acusa al expresidente de Cuba, Raúl Castro, de conspirar para asesinar a ciudadanos estadounidenses, de cuatro asesinatos y de la destrucción de dos aeronaves en 1996. Una serie de acusaciones que recuerdan, de forma inquietante, a las esgrimidas contra el venezolano Nicolás Maduro para justificar su secuestro por parte de fuerzas estadounidenses.