La presencia del ministro de Defensa, Carlos Presti, en el Tedeum del 25 de Mayo volvió a colocar en el centro del debate público el delicado equilibrio entre lo militar y lo civil en la Argentina democrática. El acto, realizado en la Catedral Metropolitana y encabezado por el presidente Javier Milei junto a todo el gabinete nacional, derivó en una fuerte controversia luego de que el funcionario asistiera vistiendo uniforme militar con insignias, medallas y condecoraciones, una imagen que rápidamente se viralizó y generó reacciones cruzadas.

El foco de las críticas no estuvo únicamente en la estética del uniforme, sino en el significado político e institucional de esa decisión. Presti, quien asumió como titular de la cartera de Defensa tras una extensa carrera en el Ejército Argentino, se convirtió en el primer militar en ocupar ese cargo desde el retorno de la democracia en 1983, lo que ya de por sí implicaba una novedad relevante dentro de la tradición política nacional. En ese contexto, su aparición con uniforme completo en una ceremonia oficial de carácter religioso fue interpretada por sectores críticos como un gesto cargado de simbolismo, que tensiona la histórica conducción civil de las Fuerzas Armadas.