Hay un problema central de la economía argentina en este momento que no podemos seguir ignorando, y es la velocidad de la apreciación cambiaria. Los números son contundentes y eximen de mayores comentarios: en lo que va del año, la inflación acumulada ya alcanza el 13%, mientras que el dólar, lejos de acompañar esa dinámica, cayó un 3,7%. Esto configura un escenario de atraso cambiario clásico. Como bien sabemos, el valor de una moneda y la estabilidad de este tipo de esquemas financieros se sostienen sobre una suerte de ficción colectiva. Mientras todos confiemos en eso, funciona. El problema es que las ficciones, por definición, tienen fecha de vencimiento, aunque hoy no sepamos cuándo se acaba. Yo no creo, como regla general, que ninguna regulación de un Banco Central sea capaz de contener a un mercado cuando este decide expandirse. No hay pulseada en la historia en la que una autoridad monetaria le haya ganado a la realidad profunda del mercado, por más trabas, por más cepos y por más bandas de flotación que intenten imponer. Evidentemente, es un tema de mediano plazo y el curso de la historia dirá cuánto tiempo dura esta ficción colectiva aquí en la Argentina. El Gobierno recompró letras del BCRA por $18,4 billones para avanzar con la reducción de pasivos
La ficción colectiva del dólar barato y un mercado financiero que ahoga a los cumplidores
El atraso cambiario enciende alarmas mientras la morosidad trepa al 25% y las tasas para préstamos personales se vuelven inviables incluso para clientes premium.
















