La República del Paraguay, impulsada por el crecimiento de sus exportaciones de carnes y granos, y su preeminencia en el transporte de materias primas y productos a través de la hidrovía Paraná-Paraguay, ha consolidado un cambio estructural. A partir de la transformación de langostinos argentinos para su posterior exportación, el país vecino se ha transformado, en los hechos, en un Estado con litoral marítimo en el Atlántico Suroccidental, independientemente de su rol en el Mercosur. Ante la pregunta de si falta que haga negocios con las islas Malvinas, la respuesta es negativa: también los hace. La Argentina, desde la época del Virreinato y tras su independencia en 1816, tuvo clara la importancia estratégica del Río de la Plata y del comercio fluvial. Nadie hubiera imaginado que doscientos años después Paraguay asumiría un rol protagónico en la comercialización de productos regionales argentinos y, menos aún, en la industrialización de la pesca del Atlántico Sur. No hay nada que recriminarle al Paraguay; la situación responde a las deficientes políticas del Gobierno argentino. Un repaso histórico por la soberanía regional Entre 1825 y 1828, la Argentina disputó con Brasil el control de la Banda Oriental. En línea con una política de invasión y control de negocios manifestada previamente en 1806 y 1807, el Reino Unido intervino para evitar que cualquiera de las dos potencias locales controlara el Río de la Plata. Al presionar a ambos contendientes, promovió la independencia de Uruguay como un «Estado tapón», lo que se consolidó con la firma de la Convención Preliminar de Paz el 27 de agosto de 1828 y la posterior Constitución uruguaya de 1830.
Paraguay Marítimo: el impacto de las políticas argentinas en la soberanía fluvial y pesquera
Paraguay capta recursos pesqueros de la Patagonia para su posterior exportación global. La falta de competitividad interna y el veto a leyes clave aceleran la pérdida de valor agregado y mano de obra argentina.










