El canciller Pablo Quirno tomó el micrófono ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU) el 26 de mayo y dijo que el organismo corre el riesgo de volverse "irrelevante". Habló de "burocracias eternas", pidió por un multilateralismo que "rinda cuentas", y relanzó la candidatura de Rafael Grossi a la secretaría general, con una frase que resume el imaginario diplomático libertario: devolver la "brújula moral" al organismo surgido en las cenizas de la Segunda Guerra Mundial. Convocado bajo la presidencia de China, Quirno participó del debate abierto en el órgano ejecutivo acompañado por una delegación que excluyó al embajador en Estados Unidos, Alec Oxenford, y a representante ante la ONU, Francisco Troppepi, cuyo pliego de ascenso a ministro de primera logró esquivar la interna interpartidaria por los ascensos de embajadores en Cancillería. En ese mismo viaje se reunió con sus pares de Indonesia y China, dos piezas clave en el tablero de la votación que se definirá durante el último trimestre del año. La presencia de Quirno, en tanto, permitió seguir poniendo en circulación el nombre de Grossi, elegido como una de las 100 personas más influyentes por la revista TIME. "Su solvencia técnica y vocación de resultados representan exactamente el liderazgo que este tiempo exige", dijo Quirno, ante más de 100 delegaciones reunidas en Nueva York. Apeló, así, a la hoja de ruta que trazó el director de la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA) desde que comenzó a hablar en clave electoral: dejar "la torre de marfil", "ponerse las botas" y bajar al terreno, en un contexto de alta volatilidad y conflictividad global.