Un cuento hecho añicos, despedazado por un villano, como suele ocurrir en las historias cuyos finales se alejan de la felicidad. Jean-Philippe Mateta aparecerá como un personaje que invoque la mala fortuna cada vez que el Rayo recuerde que jugó una final europea. Quedarán los recuerdos y pervivirán las anécdotas. Pero faltará la Conference League, a estas horas camino de las vitrinas del Crystal Palace (1-0) tras su victoria. El Rayo y el Crystal Palace son dos equipos cuya única semejanza era la falta de bagaje en finales europeas. El factor económico era la gran diferencia entre ambos, ubicados a una distancia sideral en lo pecuniario. Si los ingleses se han gastado más de 700 millones en fichajes en la última década, los españoles solo han superado los 50. Vallecas, no obstante, está más que acostumbrada a ver molinos en lugar de gigantes y confiaba en apelar al orgullo y a la identidad para culminar una epopeya que no ha sido tal. La autenticidad de la previa daba la razón a aquellos que soñaban con un desenlace feliz. En un fútbol en el que los sentimientos se han convertido en un terreno inexplorado, el Rayo encontró en la grada el motor para no aterrarse ante semejante aventura. Pero el inicio dio pistas de que la misión, tal vez por momentos, podía sonar a utopía. El Crystal Palace monopolizó la posesión para ahorrarse la presión. El Rayo es un equipo que domina el balón y los ingleses aprovecharon para evitar esfuerzos. La superioridad inicial se transformó en una pronta igualdad, en un partido tan táctico como físico, alejado de las genialidades y los intercambios de golpes. El Crystal Palace se llevó el título. (EFE/Filip Singer) El cabezazo de Mitchell Pathé Ciss rozó la tarjeta roja en una jugada en la que tuvo que decidir entre dejar una autopista o mantener a su equipo con vida. Las decisiones tan vertiginosas suelen tener consecuencias funestas, pero la fortuna parecía aliada con el Rayo. El vértigo se había diluido tan rápido como emergió la audacia que identifica al equipo y al barrio. El peligro había pasado, el Rayo tenía el balón, pero la defensa inglesa se había convertido en un muro infranqueable. Resistir hasta el descanso era fundamental, no había hoja de ruta más allá del momento a momento. Los sueños, en realidad, se edifican a la vez sobre pensamientos gigantes y decisiones minúsculas. Tyrick Mitchell rozó el primer tanto en un cabezazo en el área pequeña. Es posible que él mismo desconozca aún cómo fue capaz de fallar. No es una conjetura al azar, solo había que observar su mirada perdida, su rostro descorazonado. Si algunos pensaron que aquello había sido la salvación, no se imaginaron la tormenta que estaba por llegar. Batalla, junto a Ciss tras el final. (Reuters/Violeta Santos) El remate de Mateta El inicio de la segunda mitad fue el instante en el que el sueño tornó en maleficio. El Crystal Palace hizo gala de su poderío ante un Rayo desdibujado e irreconocible. Una superioridad manifiesta frente a un equipo incapaz de descifrar los trucos de los ingleses. La perplejidad era el mayor síntoma de preocupación. Mateta aprovechó un despeje de Augusto Batalla para desatar la euforia y adelantar al Crystal Palace. El dominio era tan abrumador que las dudas existentes surgieron en torno al momento del gol en lugar de si habría ventaja en el marcador. Pocos confiaban en la capacidad de resistir ante semejante avasallamiento. Yéremy Pino incluso se topó con ambos postes tras el lanzamiento de una falta. Si había alguna señal de la connivencia de la fortuna, tal vez era esa. El Rayo, sufrido el traspié inicial, se recompuso y miró hacia delante. Aunque la diferencia era mínima en el marcador, parecía gigante en el césped. El Rayo se quedó muy cerca. (EFE/Filip Singer) El estilo de Íñigo Pérez Jorge de Frutos remató al lateral de la red tras una internada de Álvaro García que levantó a todo el rayismo de sus asientos. Eran, en realidad, los últimos coletazos del sueño. Por ese entonces, ya se vislumbraron las primeras lágrimas en las gradas, símbolo inequívoco de la tragedia. El rostro compungido de los aficionados presagiaba un fatal epílogo, como finalmente ocurrió. Esta triste conclusión no fue solo el de una final, también el del proyecto de Íñigo Pérez, el hombre tranquilo que insistió al pedirles tranquilidad a sus jugadores. Un hombre educado e inmune a la climatología que ha tallado su nombre en oro en la historia del Rayo, derrota al margen. Llegar hasta aquí fieles a la esencia y al estilo del barrio es el mayor premio para Vallecas. Mención aparte merece Oliver Glasner, técnico que ha logrado tres de los cuatro títulos de la historia del Crystal Palace. Otro hombre diplomático, capaz de saludarse con suma educación con su homólogo el día antes de la final. Un tipo sin estridencias que se ha convertido en el santo y seña de un equipo que busca un hueco entre los grandes de Londres. Los jugadores del Rayo, incapaces de ser ajenos a la idiosincrasia del barrio, se acercaron a la grada para agradecer el esfuerzo. A pesar del varapalo, nadie se había movido de su asiento. En ocasiones, el orgullo pesa mucho más que los logros. Y en Vallecas lo saben bien. Un cuento hecho añicos, despedazado por un villano, como suele ocurrir en las historias cuyos finales se alejan de la felicidad. Jean-Philippe Mateta aparecerá como un personaje que invoque la mala fortuna cada vez que el Rayo recuerde que jugó una final europea. Quedarán los recuerdos y pervivirán las anécdotas. Pero faltará la Conference League, a estas horas camino de las vitrinas del Crystal Palace (1-0) tras su victoria.
Un gol de Mateta aniquila el cuento perfecto del Rayo y le da la Conference al Crystal Palace (1-0)
Su remate, tras el rechace de Batalla, le dio la victoria a los ingleses. Los vallecanos sufrieron en el inicio de la segunda parte. El potencial ofensivo del Crystal Palace se notó










