Gabriel Rufián pincha en hueso en su propia casa. Su proyecto de izquierdas plurinacional hace agua precisamente en Cataluña. El enfant terrible de las izquierdas catalanas no es bien visto en su propio partido, ERC, y los comunes no se fían de su frente ‘estatal’. La lideresa de los comunes, Ada Colau, se mostró públicamente de acuerdo en un frente amplio como el propuesto por Rufián, pero en su partido no dan un euro por su futuro. Una cosa es lo que se dice puertas afuera y otra muy distinta, lo que se cuece dentro de las formaciones “¿Quiere un frente amplio al que ya han dicho que no ERC, el BNG y Bildu? Eso no es ningún frente amplio. Es más de lo mismo. Da la sensación de que la propuesta de Rufián es una tabla de salvación para sí mismo. Parece que sabía que hay amplios sectores de su partido que no quieren que repita de cabeza de lista y se ha sacado de la manga el invento de un frente amplio que no es tal”, explica a El Confidencial una fuente próxima a los comunes. Además, se ha puesto el tema encima de la mesa como si fuese una guerra de egos o de nombres. “¿Qué puede aportar Gabriel Rufián además de su nombre? Sin las organizaciones que tienen el voto en Cataluña, Euskadi y Galicia, poco puede aportar, más allá de su marca personal. Esa propuesta no nos va a beneficiar, porque si los ciudadanos siguen votando a los partidos nacionalistas, el beneficio no llegará nunca al frente de las izquierdas. Los votos se quedará en esos partidos y es como si no hubiésemos hecho nada”, añade la fuente. Para rizar el rizo, la intención era atraer a sectores de la CUP hacia ese frente. Estas fuentes creen que podrían actuar como mediadores y negociadores con los cuperos el eurodiputado Jaume Asens y el candidato de los comunes a la alcaldía de Barcelona, Gerardo Pisarello, que se ufanan de excelentes relaciones con los sectores duros del independentismo de extrema izquierda. Pero esta vía se antoja difícil. La mayoría de la CUP no está por la labor y se opone a compartir escenario político con otras fuerzas. Y menos con Rufián, al que las bases de la CUP odian cordialmente. Rufián es, en estos momentos, un comodín para usar a conveniencia. Los comunes saben que el futuro de un frente rufianista no tiene mucho futuro. Y, de hecho, el propio Pisarello se ha rendido a la evidencia de que para las próximas municipales tendrá que disputar el escaño calle a calle. Para marcar perfil, ha comenzado una intensa actividad política barcelonesa de fin de semana. Necesita ser conocido por la ciudadanía y sabe que no tiene el tirón de Ada Colau. Para el último fin de semana de mayo, ha tocado a rebato y reunirá en Barcelona un frente amplio ministerial en apoyo a su candidatura. Nada menos que tres ministros se desplazan a Barcelona para dejarse ver junto al candidato de los comunes en las próximas municipales, aunque falta aún un año para la cita con las urnas. Opinión TE PUEDE INTERESAR El rosario de la aurora de ERC Josep Martí Blanch El motivo no es otro que el hecho de que se considera a Barcelona una pieza clave del proyecto de las izquierdas. En realidad, hay quien dice que si no se reconquista Barcelona, la travesía del desierto ‘de las izquierdas a la izquierda del PSOE’ será larga y dura. Cumbre en Barcelona La antigua sede de la ONCE, hoy reconvertida en equipamiento municipal, es el escenario donde confluirán los ministros de Cultura, Ernest Urtasun, de Sanidad, Mónica García, y de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, Pablo Bustinduy. No faltarán el líder de IU, Antonio Maíllo, ni Lara Hernández, cara visible de Movimiento Sumar. Rufián ni está ni se le espera. El motivo de la cumbre es generar posibilidades para que otras fuerzas de izquierda se sumen, pero el desierto en torno a los socios de Sumar es enorme. Posiblemente, tras el verano se haga algún movimiento para agrupar a las izquierdas nacionalistas e independentistas, pero el pesimismo es cada día mayor. “Nos encontramos en Barcelona para pensar y organizar la izquierda que necesitamos, tanto en Barcelona como en el ámbito estatal: una que hable de vivienda, de salarios, de barrios”, dice la convocatoria enviada a la militancia de los comunes para que asista al cónclave. Sea como sea, ahí están los Comunes, Más Madrid, Movimiento Sumar e Izquierda Unida. Ni un posible socio más. “El frente convocado por Pisarello en Barcelona es el mismo que el que aglutinaba Sumar en las últimas elecciones. No ha habido cambio alguno”, se quejan voces críticas de la coalición de los comunes. Fuentes cercanas a ERC, por su parte, explican es impensable que haya un frente común en las municipales del año que viene. Respecto a las legislativas, las previsiones no son muy diferentes: “ERC ya ha dicho lo que piensa. El partido no tiene intención de renunciar a sus históricas siglas. De hecho, es el partido que más tirón tiene de todos los que componen la izquierda estatal. Sería un grave error renunciar a eso. Si alguien se quiere sumar, se puede hablar y negociar, pero sería para integrarse dentro de nuestra lista”. Otra fuente republicana señala que “Rufián está muy tocado, con problemas en el grupo parlamentario de Madrid. Lo que ha hecho es una huida hacia adelante que tiene toda la pinta de que no le saldrá bien”. Los comunes, mientras tanto, siguen son su hoja de ruta propia. La probabilidad de que haya un frente amplio se desdibuja cada día más. Con los grandes partidos independentistas fuera de la ecuación, el único activo que puede tener ese frente es Gabriel Rufián, pero no está claro que sólo él pueda mantener un tirón electoral que han perdido tanto Sumar como Podemos. Al menos, en la casa de los Comunes no se lo creen. Gabriel Rufián pincha en hueso en su propia casa. Su proyecto de izquierdas plurinacional hace agua precisamente en Cataluña. El enfant terrible de las izquierdas catalanas no es bien visto en su propio partido, ERC, y los comunes no se fían de su frente ‘estatal’. La lideresa de los comunes, Ada Colau, se mostró públicamente de acuerdo en un frente amplio como el propuesto por Rufián, pero en su partido no dan un euro por su futuro. Una cosa es lo que se dice puertas afuera y otra muy distinta, lo que se cuece dentro de las formaciones