Después de presentar con éxito en Cannes y Sevilla su último filme, La vie après Siham, el cineasta Namir Abdel Messeeh, de 52 años, recala en el Festival de Cine Africano de Tarifa, donde se siente como en casa desde el primer minuto. “La luz es maravillosa, la gente es agradable, el festival es muy cálido, así que todo va bien”, celebra.
Su filme, un nuevo ejercicio de autoficción tras títulos como Toi, Waguih o La Vierge, les Coptes et moi, es una historia llena de ternura y desenfado que aborda el duelo tras la muerte de una madre, retratando las complejas dinámicas de la familia egipcia.
En La vie après Siham vuelve a poner la mirada sobre su familia, desde una óptica novedosa. ¿Es un tema inagotable?
He trabajado durante años sobre esa cuestión. Durante 20 años, casi todos mis filmes y cortometrajes han tenido como personajes principales miembros de mi familia: mi padre, mi madre, mis vecinos, mi familia en Egipto... Son mis personajes, los que grabé durante años. Es algo muy cercano, me gusta mucho porque los conozco muy bien y eso me lleva a querer grabarlos. Es un trabajo que conozco y que requiere una gimnasia un poco particular, porque no se trata simplemente de grabar a tu familia, sino también de contar una historia, de cómo transformar a quienes grabamos en personajes. La particularidad de este filme, que hizo el trabajo muy complicado y difícil, es que el personaje que quería grabar ya no estaba ahí, porque el filme comenzó después de la muerte de mi madre. Ahí se planteaba otro asunto complicado: cómo grabar a alguien que ya no está.








