Cuando el sanguinario batallón Atlácatl del Ejército salvadoreño masacró al jesuita Ignacio Ellacuría y a siete personas más en el campus de la Universidad Centroamericana (UCA), en San Salvador, el 16 de noviembre de 1989, la noticia estalló como una bomba en la frecuencia clandestina de Radio Venceremos, la pesadilla del mando militar: “El asesinato confirma que el régimen ha entrado en colapso”, sentenció la emisora del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN). Ese eco insurgente, que marcó el pulso de una década de guerra, se convirtió en voz de información y agitación, pero estuvo callado por décadas. Hasta ahora, cuando resucita en un podcast que no solo cuenta su trayectoria, sino que confronta el revisionismo histórico de Nayib Bukele, el presidente que se empeña en borrar las cicatrices del conflicto civil que desangró al país centroamericano.Aquella emisora ahora mítica transmitía desde las entrañas de las montañas salvadoreñas, esquivando las bombas y el asedio del Ejército. Un grupo de jóvenes armados con micrófonos, grabadoras y un ingenio a prueba de balas, liderado por el venezolano Carlos Henríquez Consalvi (alias Santiago), libró una de las batallas más singulares de la guerra civil de El Salvador (1980-1992). La radio surgió en 1981, tras el asesinato de Óscar Arnulfo Romero, arzobispo de San Salvador, y se convirtió en un objetivo prioritario de los militares, que querían acallarla por su rol de propaganda y agitación en un país sumido en una profunda crisis política y bajo la violencia de los militares dispuestos a destripar cualquier indicio de insurgencia.El podcast que ahora rescata su historia, titulado Venceremos, es fruto de una alianza entre la organización Casa Centroamérica, Ibero 90.9 (una estación de la jesuita Universidad Iberoamericana de México) y la productora Tanto que Contar. Para Andrés Torres Checka, director del podcast, la chispa se encendió en 2016, tras una visita fortuita al Museo de la Palabra y la Imagen (MUPI), en San Salvador, y donde compró el libro Las mil y una historias de Radio Venceremos, del radialista José López Vigil. La semilla germinó años después, al calor de una crisis regional innegable. “Es un contexto en el que los medios de comunicación están siendo asediados en Centroamérica. Muchísimos periodistas salvadoreños, nicaragüenses y guatemaltecos están hoy en el exilio. Hablar de lo que fue tener una radio en un contexto de dictadura y límite de la libertad de expresión hace un eco ineludible con el hoy”, reflexiona el director.02:12Un podcast contra el olvidoEréndira Ibarra y Andrés Torres Checka en Ciudad de MéxicoFoto: Mónica González | Vídeo: Polet Salazar (Oronda Studio)El alma narrativa del podcast reside en la voz de la actriz mexicana Eréndira Ibarra. Para ella, ponerle voz a este relato no fue un encargo profesional más, sino un viaje a las raíces de su propia infancia. La actriz es hija del reconocido productor y periodista Epigmenio Ibarra, quien fue corresponsal de guerra en El Salvador durante 12 años, acompañando precisamente a la Radio Venceremos.“Yo crecí rodeada de estas personas, pero en otro contexto. Eran mis tíos, eran la razón de la ausencia de mi papá”, confiesa la actriz conmovida. Entre esos “tíos” se encontraba Hernán El Maravilla Vera, la icónica voz de la Venceremos, y el venezolano Henríquez Consalvi. “Cuando leí Las mil y una historias de la radio a los 14 años, entendí el porqué de tantas cosas. Escuchar ahora el podcast ha sido mágico, catártico y sanador. Ha creado conversaciones que pensé que nunca tendría con mi papá y mis hermanas”, dice la actriz. Ibarra, guiada por la directora Tamara Mazarrasa, se alejó de la narración periodística neutra para buscar un tono íntimo y vulnerable. Define ese tono como una conversación “al oído”, una “llamada a la acción íntima”.El primer capítulo de Venceremos inicia precisamente el día cuando decenas de miles de salvadoreños se congregaron en la plaza central de la capital para despedir a Romero. Miles intentaron entrar a la Catedral para ver el féretro, pero una lluvia de plomo cayó sobre la multitud, generó una estampida y demostró que los milicos estaban dispuestos a lo peor. Aunque aquellas heridas siguen aún abiertas, en El Salvador de Bukele se eliminan ahora memoriales de víctimas, la narrativa oficial reduce una década de sangre y utopía a un simple acto de corrupción y hasta ha suprimido la conmemoración de los Acuerdos de Paz, que pusieron fin a una guerra civil que dejó más de 70.000 muertos. En medio de este revisionismo histórico, el podcast de cuatro capítulos no solo busca rescatar la frecuencia de la radio de la guerrilla, sino también confrontar el olvido.Para reconstruir la historia, el equipo —que incluyó un cuarteto de escritores para tamizar cientos de horas de archivo donadas por el Museo de la Palabra y la Imagen— tuvo que recurrir al exilio, un fantasma que vuelve a recorrer la región. El Gobierno de Bukele obligó a exfuncionarios y excombatientes del FMLN a huir hacia México. Voces fundamentales para entender el contexto de los años setenta y ochenta, como las de los exguerrilleros exiliados Douglas Santa María y Felipe Dubón, fueron grabadas en la Ciudad de México, que se convirtió, gracias al refugio de Casa Centroamérica, en el cuartel de operaciones del podcast.La serie no se queda solo en la trinchera guerrillera. En un esfuerzo por construir una memoria completa, los productores viajaron a San Salvador para entrevistar a un capitán retirado del Ejército, Herard Von Santos Méndez, quien hoy se dedica a documentar minuto a minuto los enfrentamientos. “Él nos decía: ‘Si no contamos nuestra historia, es como si no lo hubiéramos vivido’. Están callando también la voz de los militares que participaron”, señala Torres Checka.El podcast recoge momentos dolorosos como la masacre de Ellacuría o el asesinato de Romero, ahonda en los dolores de la guerra, la intervención insidiosa e infame de Estados Unidos bajo el mandato de Ronald Reagan, quien estaba dispuesto a borrar a la guerrilla salvadoreña, que consideraba como grupo “terrorista”. A tal punto que, según uno de los entrevistados, Washington entregaba un millón de dólares diarios al Ejército salvadoreño para entrenamiento y avituallamiento. También narra un momento de solidaridad internacional con El Salvador, campo de batalla de la guerra fría, o acciones que el FMLN aplaudió como triunfos en su lucha de liberación. Una de ellas fue el asesinato del teniente coronel Domingo Monterrosa Barrios, brutal y cómico a la vez.Monterrosa Barrios odiaba la radio no solo por el trabajo de propaganda que se filtraba en los hogares del país, sino porque en un programa cómico, llamado La guacamaya subversiva, se le ridiculizaba, pero también se le presentaba como un matón sanguinario. En uno de los capítulos se contaba que tenía un amorío con el capellán de los militares y que ambos pasaban intensas noches de pasión en el motel más famoso de San Salvador, una guasa que el coronel no podía dejar pasar.En su afán por eliminar Radio Venceremos, Monterrosa cayó en una trampa de los guerrilleros. El 23 de octubre de 1984, el militar más emblemático del Ejército creyó haber silenciado por fin la voz insurgente tras capturar un transmisor en Joateca, al norte del país. Convocó a la prensa para exhibir el aparato como un trofeo de guerra que simbolizaba la derrota definitiva del FMLN. Pero nada era lo que parecía. Monterrosa y seis de sus hombres subieron el transmisor a un helicóptero, sin saber que los guerrilleros —esos jóvenes estudiantes de cine y periodismo que hacían de la radio algo icónico— habían convertido el equipo en una trampa mortal cargada de explosivos. Poco después del despegue, el artefacto estalló en el aire, borrando del mapa a la cúpula militar de la zona. Con capellán incluido.Un lugar para el debate y el recuerdoEl impacto de Venceremos ha trascendido el formato clásico del podcast en plataformas como Spotify. Al subir los episodios a YouTube (acompañados por el trabajo visual de Oronda Studio), el proyecto perforó una brecha generacional imprevista, llegando a centenares de salvadoreños mayores de 55 años. En la sección de comentarios, veteranos de guerra de ambos bandos, exiliados y sobrevivientes civiles han comenzado a debatir y a recordar. “Hay comentarios muy conmovedores de gente que recordaba escuchar la radio muy quedito”, relata Checka. Otros, desde la otra acera, dice el director, reclaman que la guerrilla también cometió abusos contra la población civil. Para los creadores, este choque de opiniones refuerza la pertinencia del proyecto: el pasado no está muerto, solo está esperando una frecuencia para volver a hablar.A 32 años de los Acuerdos de Paz que desmovilizaron a la guerrilla y silenciaron los fusiles, el eco de aquella radio que transmitía desde las trincheras de las montañas del norte del departamento de Morazán vuelve a sonar. Esta vez, la señal no esquiva ráfagas de ametralladora, sino el avance de un autoritarismo moderno que pretende reescribir la historia por decreto. Pero como demuestra Venceremos, la memoria siempre encuentra una frecuencia por la cual filtrarse. En un El Salvador que se empeña en mirar hacia un futuro sin memoria, este podcast obliga a mirar hacia adentro. Como dice la actriz Ibarra: “Te voy a contar un cuento de cómo sí podemos vencer al monstruo, porque ya lo hemos hecho antes”.
Un podcast contra el olvido: Radio Venceremos vuelve a desafiar el silencio en El Salvador
El director Andrés Torres Checka y la actriz mexicana Eréndira Ibarra narran la historia de la emisora mítica del FMLN en momentos cuando Bukele impone un feroz revisionismo histórico













