En la noche del 9 al 10 de junio de 1956 la policía de la provincia de Buenos Aires detuvo a doce civiles en una casa de la localidad de Florida y horas después los sometió a un pelotón de fusilamiento en un basural de José León Suárez. Cinco murieron y uno de los sobrevivientes, Juan Carlos Livraga, reveló la historia a Rodolfo Walsh a fines de ese año, en un café de La Plata. Siguieron una crónica, una campaña periodística, un libro célebre: Operación masacre. Desde aquel encuentro fundador, el género de la no ficción no deja de interrogarse y calibrar sus posibilidades y su especificidad, como lo asumen los escritores actuales. “Rodolfo Walsh y Truman Capote no solo son modelos del género sino que representan el lugar del que venimos, nuestros ancestros, la tradición”, afirma Leila Guerriero (Junín, 1971). Cuando empezó a dar talleres, hacia 2010, la autora de La llamada descubrió que títulos como Operación masacre y A sangre fría no eran tan conocidos como pensaba “y hoy día son libros que están muy vivos y tienen una escritura muy contemporánea”. “Tanto Rodolfo Walsh como Truman Capote son, además de los fundadores, una parte de la historia. No creo que exista una oposición entre ambas cosas. La no ficción, como cualquier otro género, es acumulativa. Si uno desconoce a esos y otros y otras autores y autoras lo más probable es que escriba creyéndose original”, dice Federico Bianchini (Buenos Aires, 1982), autor entre otros libros de Antártida: 25 años encerrado en el hielo.
La verdad también se escribe
En la noche del 9 de junio de 1956, civiles fueron secuestrados y fusilados de manera clandestina en los basurales de José León Suárez; testimonios de los sobrevivientes sirvieron como ingrediente sustancial para que Rodolfo Walsh ejecutara la publicación, al año siguiente –nueve antes que A Sangre fría de Truman Capote–, de Operación Masacre, el primer libro de no ficción a escala planetaria. Siete décadas después del acontecimiento, los representantes del género vuelven sobre sus preguntas esenciales: cómo narrar hechos reales sin traicionar la verdad, qué lugar ocupa la primera persona y de qué modo el periodismo puede seguir siendo, además de información, una forma de arte. Opinan las y los protagonistas.













