La vecina Venezuela ha estado presente, una vez más, en la carrera presidencial de Colombia. En plena recta final, Paloma Valencia voló el domingo a Ciudad de Panamá, poco después de haber encabezado el evento de cierre de su campaña en un coliseo de Bogotá. El propósito de la candidata del Centro Democrático, el partido de derecha fundado por el expresidente Álvaro Uribe, era obtener un guiño público de María Corina Machado, la líder de la oposición venezolana a la que considera una heroína. “No vamos a caer en el abismo hondo por el que se fue Venezuela, vamos a luchar por nuestra democracia, por nuestra libertad”, remarcó Valencia en un video publicado en sus redes sociales. “Sabemos nosotros que los destinos de nuestras naciones, de nuestros pueblos, están absolutamente unidos”, le correspondió Machado.La derecha colombiana ha exprimido por más de una década el temor al fantasma del “castrochavismo”, un término acuñado por el expresidente Uribe, curtido en sacar provecho del lenguaje político. La actual campaña no ha sido la excepción, en la que Valencia se disputa con el ultra Abelardo de la Espriella tanto las banderas de la derecha como la posibilidad de pasar a una eventual segunda vuelta contra Iván Cepeda, el candidato de la izquierda para darle continuidad al Gobierno de Gustavo Petro. La narrativa que explota el miedo a que el país termine convertido en la Venezuela chavista encontró una particular acogida aquí, en Norte de Santander, un departamento fronterizo. Ningún otro lugar de Colombia vive con tanta intensidad las relaciones con la República Bolivariana, ni ha sufrido tanto las sucesivas crisis binacionales.Cúcuta, la capital departamental acechada por el crimen, le teme al cambio. O al menos al que representó la llegada al poder del presidente de izquierdas. Hace cuatro años, la principal ciudad sobre la porosa línea limítrofe se expresó en contravía del resto del país, con una apabullante mayoría de votos a favor de Rodolfo Hernández, el rival de Petro en la segunda vuelta. En Cúcuta, la votación de Hernández estuvo por encima del 80%, una cifra que aumentó hasta el 86,6 % en el municipio de Villa del Rosario, parte de la zona metropolitana y donde se ubica el puente internacional Simón Bolívar. Ese fue un margen mayor que en su natal Santander, un departamento vecino, e incluso que en Bucaramanga, la ciudad de la que había sido alcalde. En este nuevo ciclo electoral, aún pesa la arraigada tradición conservadora de la región. Los dos candidatos de derecha, con promesas de mano dura en seguridad, se disputan sin cuartel el favor de los votantes en Norte de Santander: Valencia apela a la tradicional fortaleza del uribismo mientras que De la Espriella espera repetir el fenómeno de Hernández. Consciente de que es un territorio hostil, la campaña de Cepeda, el líder de las encuestas a nivel nacional, se concentra en minimizar los daños y cerrar esa brecha. Los tres han visitado Cúcuta para masivos actos de campaña, y Valencia incluso estuvo dos veces en este mayo. También, la semana pasada, el presidente Petro, que impulsa sin disimulos al candidato del Pacto Histórico. La disputa de la derechaEl expresidente Uribe, un archienemigo del chavismo, siempre ha sido muy popular en Cúcuta. Incluso fue, desde aquí, un temprano promotor de la intervención militar de Estados Unidos en Venezuela para deponer a Nicolás Maduro, antes incluso de la posesión de Donald Trump. A comienzos de 2025 hizo desde la calles de Cúcuta un encendido llamado por una “intervención militar internacional” para “desalojar a la dictadura” de un Maduro recién investido. Lo acompañaron entonces los cinco precandidatos del Centro Democrático, entre ellos Miguel Uribe Turbay, posteriormente asesinado, y la propia Valencia. El ataque estadounidense del 3 de enero sobre Caracas le cumplió su deseo. La hoy candidata apuesta por la fortaleza del uribismo. “Cúcuta y Norte ha sido uno de esos departamentos que siempre nos ha acompañado”, recordaba a mediados de mes en un evento multitudinario frente al estadio General Santander, su segunda visita en una semana. A Iván Márquez, el jefe de la Segunda Marquetalia, y Antonio García, el comandante del ELN, “se les acabó el escondite porque cayó Maduro”, arengó a una multitud que estalló en aplausos, en referencia a la retaguardia que han encontrado los grupos armados del otro lado. Su campaña cuenta con el respaldo de la mayoría de las estructuras partidistas tradicionales. Pero ese arraigo uribista está amenazado por De la Espriella. En su día, Hernández recogió el palpable hastío frente a la clase política, con una campaña muy fuerte en redes sociales, que a nivel local se construyó a punta de voluntarios. De la Espriella repite la fórmula como el candidato que interpreta el papel del outsider en esta ocasión. “Los partidos políticos pasan a un segundo plano cuando ha sido la misma ciudadanía la que se ha apropiado de la propuesta del doctor Abelardo”, dice Diego González, exalcalde de Los Patios, parte de la zona metropolitana, y coordinador político de De La Espriella en Norte de Santander. “Está despertando tanta pasión, tanto fervor, que orgánicamente la militancia del Centro Democrático se pasa para este lado, ven en nosotros una esperanza de autoridad y de seguridad”, asegura. Otro cuadro de la campaña en el departamento es el general retirado Jorge Mora, quien pasó a coordinar el apoyo de los reservistas después de que otro militar en retiro, Eduardo Enrique Zapateiro, tuvo que dar un paso al costado tras una imputación por acoso sexual. La tradición conservadora de la ciudad se refrenda en cualquier esquina. “Hay que pujar para que sea un presidente de derechas”, afirma en un local sobre la Avenida Libertadores Hernán Bustos, un mesero de 57 años. Aunque prefiere a Valencia, no le molesta De la Espriella. “Cualquiera de los dos que quede sería buenísimo, no queremos repetir cuatro años de izquierda”, asegura. No muy lejos de allí, en una larga hilera de taxis abundan los cárteles del ultra, popular en el gremio. “Hay mucha inseguridad, él la va acabar”, asegura Nelson Tarazona, 48 años, uno de los conductores, que se despide con el ademán militar que hace el candidato y repite su lema: “firme por la patria”. Cepeda busca cerrar la brecha“Es evidente que el tema venezolano derechizó totalmente a Norte de Santander”, concede Juan Fernando Cristo, un curtido político cucuteño, de origen liberal, que ahora es parte de la Alianza por la Vida, la coalición electoral que respalda a Cepeda. Hace cuatro años, e incluso hace ocho, cuando Petro perdió la segunda vuelta con el uribista Iván Duque –que también recogió más del 80% de los votos en esta región–, verse en el espejo de la crisis venezolana impactó mucho el resultado. “Los resultados van a ser mejores, la apertura de la frontera ha reactivado en algo la ciudad, sumado a la caída de Maduro y a que el mismo cuento [del castrochavismo] se va desgastando. Siento que hay menos resistencia hoy a una opción distinta al uribismo”, vaticina el exministro del Interior.El mapa de 2022 muestra que Petro estuvo propulsado por las regiones en la periferia y por Bogotá, la capital que gobernó. Lo contrario ocurrió en Antioquia, la cuna del uribismo, y el centro-oriente del país, donde se ubican los santanderes. En esta campaña, Cepeda se ha volcado a llenar plazas públicas a lo largo y ancho del país. “Tenemos una huella en los territorios, hemos logrado construir un respaldo fuerte en el Pacífico, en el Caribe, en la misma Bogotá”, explica el congresista Gabriel Becerra, cercano a Cepeda y también oriundo de Cúcuta.“En Norte de Santander es más difícil por el peso que ha tenido en la frontera todo este relato del antichavismo”, coincide Becerra. “El objetivo es mantener y aumentar lo que obtuvo Petro hace cuatro años, ir rompiendo esa coraza derechista, no renunciar a la disputa de ese espacio político de la frontera”, añade con realismo. “La meta es una votación respetable, que en el conjunto nacional nos permita mantener una ventaja para ganar en primera vuelta”, concluye sobre el propósito manifiesto de Cepeda.