La política de Washington sabe ser muy cruel a veces. Lo pudo comprobar el martes el senador republicano John Cornyn, quien, tras casi un cuarto de siglo en el Capitolio, tendrá que irse el próximo mes de enero a casa tras cosechar una brutal derrota en la segunda vuelta de las primarias del partido conservador en Texas. Su rival, el polémico fiscal general de ese Estado, Ken Paxton, arrasó con un 63% de los votos. Cornyn era la opción lógica como candidato republicano por uno de los dos escaños (el otro lo ocupa Ted Cruz) que en la Cámara alta corresponden a Texas, el único que se renueva las elecciones de medio mandato del próximo mes de noviembre. Pero el de la lógica no es siempre el camino escogido por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien, tras deshojar la margarita durante semanas, decidió hace pocos días respaldar la campaña de Paxton, aun a riesgo de agravar su enfrentamiento con los senadores republicanos en el Capitolio y de que sus apuestas puedan pasarle factura al partido en las midterms.Al oprobio de caer por el fuego amigo y salir por la puerta de atrás tras cuatro mandatos en Washington, se suma para Cornyn el hecho de que su derrota ni siquiera sea un caso aparte, dado que pasa a engrosar la lista de congresistas a los que Trump ha laminado sin mucho esfuerzo. Bien porque, como al representante por Kentucky, Thomas Massie, los tiene por sus enemigos. O bien porque, como en el caso de Cornyn, considera que no le han sido lo suficientemente leales. La escabechina está siendo especialmente dura con un tipo de candidatos para los que las primarias solían ser un plácido trámite: los senadores que se presentan a la reelección. El primero en caer fue Bill Cassidy, en Luisiana. ¿Su delito? Haber votado en 2021 a favor del juicio político a Trump (impeachment) tras el asalto al Capitolio. Para ocupar su escaño, los republicanos tienen aún que escoger entre dos aspirantes en una segunda vuelta: la representante Julia Letlow, que es la que apoya Trump, y el tesorero estatal John Fleming. Ambos están citados en las urnas el próximo 27 de junio.La apuesta de Trump en Texas es un tanto incomprensible (Cornyn nunca votó para inhabilitarlo, aunque sí cometió el error de decir en 2023 que “su tiempo” había “pasado”) y aún más arriesgada. Paxton, que el presidente ha definido estos días como “el mejor fiscal de Estados Unidos”, tiene a sus espaldas una trayectoria marcada por los escándalos: de las sospechas por corrupción y sobornos que acabaron en un impeachment del que lo salvó el Senado estatal a la fea ruptura con su esposa, que pidió el divorcio “por razones bíblicas” (sea lo que sea lo que eso signifique).Talarico, estrella ascendenteEl escogido por Trump tendrá además enfrente a un rival que promete plantar batalla: James Talarico, estrella ascendente demócrata, que se frotó este martes las manos al confirmar quién será su contrincante. “Es el político más corrupto de Estados Unidos”, dijo sobre Paxton en un vídeo publicado tras el recuento. El propio Cornyn empleó ese argumento al colocar a los votantes conservadores de Texas en la disyuntiva de escoger entre un aspirante “fuerte” (él) o uno “débil [Paxton]”, que, auguró, pondrá “en riesgo todo aquello que importa”.Los analistas coinciden en que Talarico lo habría tenido peor contra el senador depuesto en un país en el que estos tienden a eternizarse —como prueban los casos del expresidente Joe Biden (que estuvo 39 años) o Mitch McConnell, que, cuando se retire en enero próximo, habrá cumplido 42 en la Cámara alta—. Texas es además un Estado que, elección tras elección, amaga con convertirse en bisagra o púrpura, color que sale de mezclar el rojo conservador y el azul demócrata. Un Trump más desatado que nunca parece poco preocupado por si sus decisiones acaban afectando al partido en noviembre o si, como ha empezado a suceder, provocan una cierta rebelión entre sus senadores, que se ven súbitamente con mucho que perder al comprobar que nadie está a salvo de los caprichos del líder. Ni siquiera quienes, como Cassidy y Cornyn, hayan apoyado con sus votos en el Capitolio las políticas de la Casa Blanca en casi un 100% de los casos.Ambos batieron una marca: ningún senador candidato a ser reelegido había caído en en las primarias desde 2010. “Es muy triste e inquietante, y no es bueno para la Cámara alta”, declaró este miércoles la senadora Susan Collins, republicana de Maine que aspira a repetir en noviembre, aunque tampoco lo tendrá fácil. La mayor parte de sus compañeros de bancada han permanecido, por su parte y de momento, en silencio tras la debacle de Texas. Aún está por ver también si Cornyn se pasará, en los siete meses que le quedan en el Capitolio, al bando de los republicanos del Senado que llevan la contraria al presidente: allí le esperan Thom Tillis (Carolina del Norte), que no se presenta a la reelección, o Lisa Murkowski (Alaska).A Trump tampoco parece importarle que sus movimientos hayan abierto un escenario inédito hace un año para los demócratas: la posibilidad de recuperar la Cámara alta (que ahora controlan los republicanos con 53 votos por 47 de sus rivales), sumada a la opción nada descabellada de ganar también la de Representantes. En noviembre se renuevan todos los escaños de la segunda y un tercio de los de la primera. Perder una o las dos Cámaras supondría un desastre para la segunda parte de la presidencia de Trump, que por lo demás bate récords de impopularidad por el aguijón de la subida de los precios, la guerra de Irán o el apoyo inoxidable de su Administración a Israel. Aún faltan, con todo, más de cinco meses para la cita con las urnas. Así que hay tiempo más que suficiente para perderlo en una de las costumbres más extendidas de Washington: minusvalorar la capacidad de Trump para probar a sus rivales que las noticias de su muerte política fueron, como las de Mark Twain, demasiado prematuras.
Trump atiza en las primarias su enfrentamiento con los republicanos en el Senado y pone en peligro la mayoría de su partido en noviembre
John Cornyn (Texas) es la última víctima del presidente de Estados Unidos, que está decidido a mostrar el control sobre los suyos aun a riesgo de que le pueda pasar factura en las elecciones










