El arte y el compromiso social se dan la mano en el musical Ubunzu Zircus, una obra que se estrenó en el Movistar Arena en Madrid el pasado 21 de mayo y que llega al teatro Lope de Vega de Vélez-Málaga del 29 al 31 de este mes. El musical está ambientado en un circo donde la risa empieza a apagarse. El protagonista es Rari, hijo de un payaso famoso, que se enfrenta a la presión por encajar, la manipulación y las burlas, hasta descubrir la importancia de romper el silencio, pedir ayuda y actuar en grupo. “Este año, y ya van nueve ediciones con esta representación, nos centramos en el acoso escolar porque es una de las heridas más dolorosas que puede sufrir un niño o una niña en su etapa educativa, porque no solo afecta a quien lo padece, sino también al grupo, al aula y al colegio entero”, explica Juan Manuel Alonso, creador y director de Somos Ubuntu, el proyecto socioeducativo y musical que utiliza el canto coral para mejorar la convivencia en los colegios y que está detrás del espectáculo. El eje de este proyecto es la palabra zulú ubuntu, que alude al poder de la comunidad para favorecer cambios sociales y se puede traducir como: “Yo soy porque nosotros somos”. “La semilla de Somos Ubuntu nace de una intuición muy sencilla: cuando un grupo de niños y niñas canta unido no solo está haciendo música, están aprendiendo a escucharse, a respirar juntos, a esperar al otro, a sentirse parte de algo más grande”, afirma Alonso. “El proyecto Ubuntu no es solo música. Es convivencia, trabajo en equipo, autoestima, inclusión, responsabilidad y sentido de pertenencia”, añade. El proyecto fue galardonado en 2020 con el Premio Grandes Iniciativas por la Inclusión, otorgado por la Fundación Atresmedia y la Fundación “la Caixa”, creados en 2013 para reconocer proyectos educativos innovadores desarrollados en centros escolares de toda España.El musical Ubunzu Zircus contará con la participación de más de 14.000 estudiantes de 188 colegios e institutos españoles. Esta temporada, según explican, el alumnado de los centros participantes forma parte del coro y de las escenas colectivas, tras haber trabajado el musical durante todo el curso (música, letras, coreografías y valores). El espectáculo cuenta, además, con un elenco de actores profesionales, así como con una puesta en escena profesional que se representa en grandes teatros y auditorios. “El musical tiene un equipo creativo y pedagógico fijo (dirección, textos, música y coordinación) y una estructura común, mientras que la participación del alumnado varía según la ciudad y los centros participantes”, explica Alonso.Los centros educativos se incorporan al proyecto a través del programa Somos Ubuntu y trabajan el musical dentro del aula, con el profesorado como pieza clave del proceso, que recibe materiales de trabajo y acompañamiento pedagógico a lo largo del proyecto. “La idea nació con la voluntad de poner la música al servicio de la educación en valores. No queríamos hacer simplemente un concierto escolar, sino una experiencia educativa y artística que implicara a los profesores, los centros y las familias”, añade Alonso, quien además de director del proyecto es compositor y libretista.“A lo largo de estos años, hemos trabajado siempre en torno a temas de gran importancia educativa y social. Hemos hablado de medioambiente, de convivencia, de cooperación, de la necesidad de cuidar el planeta y de la importancia de sentirnos responsables del mundo en el que vivimos”, agrega. Según cuenta, aunque cada edición trata temas diferentes, todas tienen una base común: “Utilizar la música, el teatro y la emoción para que los alumnos puedan reflexionar sobre asuntos importantes desde un lugar vivo, participativo y memorable. La música y el teatro permiten no solo explicar una idea, sino que la hacen sentir. Y cuando un aprendizaje se siente, permanece mucho más tiempo”. “Ubuntu trabaja precisamente eso: la pertenencia, la escucha, la responsabilidad compartida. Cuando un niño entiende que su voz forma parte de un conjunto, también comprende que sus actos afectan a los demás”, señala Alonso.El papel de los colegios en el proceso de ensayo del musical es fundamental. “Los niños llegan muy bien preparados a las actuaciones gracias a los profesores”, asegura Alberto Frías, director de escena y libretista de Somos Ubuntu. “Cada uno sabe que es el protagonista y que tiene un mensaje importante que dar a su audiencia. A veces, echo de menos esa energía en actores profesionales. Hay una entrega, una presencia y una generosidad en el escenario que es muy difícil de fabricar. Ellos la traen de serie”, incide. “Los docentes son los verdaderos protagonistas y valedores de este proyecto. No se limitan a enseñar canciones: transmiten sacrificio, trabajo en equipo y la satisfacción de conseguir algo grande juntos. Ubuntu les da una herramienta, pero son ellos quienes la convierten en algo vivo dentro del aula”, añade Frías. “Consigue no solo emocionar, sino transformar, porque queremos que cada niño que suba a ese escenario salga siendo un poco más consciente de que necesita a los demás para que algo hermoso ocurra. Y que eso no se quede solo en el teatro”, destaca. Somos Ubuntu mejora las relaciones interpersonales en los colegios a través de la unión que se genera para sacar adelante el musical, sostiene Almudena García, profesora del Colegio Arturo Soria, centro madrileño que participó en el espectáculo del pasado 21 de mayo en la capital: “Brinda herramientas reales que consiguen mejorar la convivencia escolar. Tanto alumnos como profesores y familias se enriquecen realizando el proyecto”. “Si lo que llevamos a cabo en las aulas lo conectamos con el exterior, los alumnos son conscientes del impacto que tiene en el público lo que hacen, y eso genera empatía y valores, como el trabajo en equipo”, añade la maestra.El musical escolar no es excluyente, porque todos los niños pueden participar. “No hay proceso de selección. No se trata de un certamen o un concurso. Cada alumno siente que tiene algo que aportar para enriquecer al grupo, lo que le permite disfrutar de la música de una forma activa y diferente”, explica García. Hacer actividades artísticas con más personas genera dinámicas de colaboración que redundan en el buen ambiente que se vive en las aulas. “Por ejemplo, cantar en un coro fomenta la interacción grupal y favorece el sentimiento de comunidad, lo que deja recuerdos que perduran en el tiempo”, sostiene. Para la profesora, se aprende de lo que emociona y la música tiene precisamente esa capacidad de llegar de una manera muy profunda a las personas: “Lo que se vive desde la emoción permanece en la memoria y en la forma de relacionarse con los demás”.
Somos Ubuntu, el proyecto que mejora la convivencia en los colegios a través del canto coral y el teatro
Esta iniciativa estrena por noveno año una obra en la que involucran a alumnos y colegios. 14.000 estudiantes de 188 colegios e institutos españoles participarán en ‘Ubuntu Zircus’, un musical centrado en combatir el acoso escolar











