NoticiaEl 9 de abril de 2025, Karol iba en una ambulancia que realizaba un traslado no vital desde Galapa hacia Barranquilla. El vehículo, según dejan deducir las imágenes del impacto, iba rápido. Foto: Suministrada a EL TIEMPO27.05.2026 15:35 Actualizado: 27.05.2026 15:35
La última vez que hablaron con Karol Amaya, ella estaba lista para salir. Era 23 de mayo de 2026 y afuera la esperaba los 15 años de su hija menor, una celebración que, según lo declarado a EL TIEMPO por su hermana, había logrado devolverle por unas horas algo parecido a la ilusión. LEA TAMBIÉN Aunque cargaba más de un año de dolor, un centenar de secuelas físicas, económicas y una profunda depresión, ese día quería verse bien. Estaba motivada y quería acompañarla. Media hora después, desafortunadamente la médica profesional estaba muerta.La encontraron en el pasillo de su edificio, desplomada, ya sin signos vitales. Minutos antes había hablado con su madre, con su hermana, con el padre de sus hijas. Nada hacía prever un desenlace inmediato, pero después de múltiples padecimientos y afecciones derivadas directamente de un accidente en el trabajo, una complicación de salud acabó con la vida de Karol.Pero para su familia, la historia de Karol empieza mucho antes y no se entiende sin el mencionado accidente que la dejó, según palabras de su entorno, “viva, pero rota”.Una profesional de la saludKarol se graduó en pandemia de medicina, pero ya era enfermera jefe. Foto:Suministrada a EL TIEMPOKarol Amaya tenía 38 años. Era médica, pero antes de ser doctora, fue enfermera jefe de UCI. Luego decidió estudiar medicina mientras ya era madre, trabajaba y sostenía un hogar. Se graduó en plena pandemia.“Tenía una vocación impresionante. Siempre quería ir más allá, siempre quería ayudar”, relató su hermana en declaraciones exclusivas a EL TIEMPO. Esta profesional de la salud trabajaba en dos lugares y lo hacía por sus hijas: Sharom y Francesca.Sus ingresos dependían de eso, su vida giraba alrededor de eso y por eso también aceptaba turnos largos, condiciones exigentes y un ritmo laboral que, según el testimonio recogido por este medio, estaba atravesado por presiones laborales internas.¿Un riesgo anunciado?Imágenes del choque. Foto:Suministrada a EL TIEMPOSemanas antes del accidente, Karol ya tenía miedo. Su hermana recuerda conversaciones diarias en las que manifestaba quejas constantes sobre el nuevo conductor asignado a su ambulancia, alguien que —según su relato— conducía a alta velocidad y de forma imprudente.De hecho, antes del fatídico suceso, habría ocurrido un primer incidente. Aproximadamente 20 días antes del accidente, el mismo conductor ya había chocado con otro vehículo. La situación, según confirman conversaciones de Karol con el personal de Ambulancias AMI, fue reportada.Algunas hipótesis presumen que el contexto iba más allá de una conducta individual. De acuerdo con lo reconstruido por esta casa editorial, en la empresa existía un esquema de ingresos basado en bonificaciones por rendimiento: quien cumpliera más servicios, ganaba más dinero. Quien no lo hiciera, veía reducido su salario.Ese modelo, aunque no exime de responsabilidad al conductor, generaba presión directa sobre los tiempos de traslado que por una fuente confidencial serían de máximo 35 minutos entre lugar de origen y lugar destino. Eso ‘justificaría’ el afán.El accidenteSensibles imágenes del estado de Karol posterior al accidente. Foto:Suministrada a EL TIEMPOEl 9 de abril de 2025, Karol iba en una ambulancia que realizaba un traslado no vital desde Galapa hacia Barranquilla. No era una grave emergencia y no había una gran razón médica para correr.Pero el vehículo, según dejan deducir las imágenes del impacto, iba rápido. Quizá demasiado rápido, según el relato que la propia Karol había sostenido durante semanas, por lo que la ambulancia perdió el control, se estrelló contra un árbol y, dentro de la ambulancia, Karol salió proyectada contra los equipos médicos.Un impacto directo, violento y con consecuencias inmediatas. El diagnóstico inicial fue devastador: trauma craneoencefálico severo, fracturas faciales, heridas abiertas profundas, exposición de estructuras óseas, compromiso torácico. Pero lo que siguió fue aún más complejo.A los siete días desarrolló un tromboembolismo pulmonar, una complicación típica de pacientes con politraumatismos graves. Su rostro cambió, el nervio facial quedó seccionado y la parálisis fue permanente.Sus conductos lagrimales se destruyeron, su párpado no cerraba, su visión se deterioró y el daño no tenía vuelta atrás. De hecho, nueve meses después, los especialistas fueron contundentes: irreversible. El dolor no se puede escribir, pero las sensibles imágenes a las que tuvo acceso y permiso de uso EL TIEMPO quizá puedan hacer una idea de lo que Karol Amaya sufrió.Una profunda depresión y un enorme problemaSu rostro cambió, el nervio facial quedó seccionado y la parálisis fue permanente. Foto:Suministrada a EL TIEMPOKarol sobrevivió. Estuvo intubada, estuvo grave, salió de la clínica y volvió a casa, pero ya no era la misma.“No se reconocía en el espejo”, relató su hermana a este diario. Lo decía sin metáforas ni exageraciones. Literalmente Karol empezó a evitar el reflejo y salir de la casa era ‘una decisión dolorosa’.Comentarios, improperios, verse accidentalmente la podía llevar a días enteros sin comer, sin levantarse de la cama. y eso hizo que su salud mental se deteriorara rápidamente: depresión mayor, ansiedad, aislamiento e ideas suicidas.Dormía con la luz encendida porque ya no soportaba la oscuridad. Temblaba cuando veía ambulancias; particularmente las de la AMI, empresa para la que trabajaba.Mientras Karol enfrentaba ese estado físico y emocional, su familia empezó la batalla administrativa y jurídica. De acuerdo con la reconstrucción hecha por EL TIEMPO, 20 días después del accidente, representantes de la empresa de la ambulancia se reunieron con la familia.Allí, según el testimonio directo, se les comunicó que la póliza de la ambulancia no cubría a Karol. “La póliza es de nosotros”, fue la frase que, según Daniela Amaya, marcaría ese atípico encuentro.¿La única ayuda ofrecida? Ambulancia y personal de enfermería. La familia la rechazó y desde entonces el acompañamiento de la empresa ‘fue inexistente’. Ni un mensaje, ni un ramo de flores, ni un apoyo y, por el contrario, trabaron todo lo que pudieron.Sensibles imágenes del estado de Karol posterior al accidente. Foto:Suministrada a EL TIEMPOTras el accidente, y según pudo establecer EL TIEMPO, el conductor no habría sufrido lesiones de gravedad. Permaneció vinculado a la empresa por un corto periodo y posteriormente renunció. Desde entonces, la familia asegura no haber tenido contacto con él ni haber recibido una explicación directa de su parte.El testimonio también señala episodios que consideran “indolentes”, como publicaciones en redes sociales días después del accidente mientras Karol permanecía en estado crítico. Hoy, su actuación concreta ese 9 de abril y el contexto que la rodea, hace parte de las preguntas que aún esperan respuesta dentro de un proceso judicial en curso.Mientras tanto, la familia pagaba terapias, traslados, medicamentos, procedimientos no cubiertos y los ingresos de Karol disminuyeron drásticamente. Las incapacidades no alcanzaban, el dinero empezó a agotarse. “Terminamos consumiendo nuestros ahorros”, confesó su hermana.Un proceso que no avanzabaLas circunstancias del accidente de ese 9 de abril hace parte de las incógnitas. Foto:Suministrada a EL TIEMPOEl caso de Karol transitó entre distintas instancias: ARL, EPS, especialistas, procesos legales. Ese tránsito, según su familia, estuvo marcado por demoras, contradicciones y trabas.Citas autorizadas que no existían, muchos procedimientos clave pospuestos, negación de servicios de urgencia y falta de seguimiento a complicaciones graves. Uno de los puntos más delicados fue el manejo del tromboembolismo pulmonar que debía tener seguimiento, pero no lo tuvo con la rigurosidad que ameritaba.Además, desde 2025, el caso contra el empleador laboral fue llevado a Fiscalía. Medicina Legal evaluó a Karol, documentó sus secuelas, midió el daño., pero Karol murió y eso demuestra que el proceso no avanzó con la celeridad necesaria.Incluso, EL TIEMPO pudo conocer que varios abogados en Barranquilla se negaron a asumir el caso alegando “conflicto de intereses”. Como si fuera poco, la familia tuvo que acudir a un abogado de otra ciudad.Los últimos díasKarol Amaya era una médica barranquillera. Tenía dos hijas. Foto:Suministrada a EL TIEMPOKarol seguía esperando. Esperaba una calificación en Bogotá que determinaría si recibiría una pensión, una indemnización o alguna forma de compensación.Su familia tenía un plan para sacarla del entorno donde todo le recordaba el accidente, llevarla a otra parte e intentar empezar de nuevo, pero esa resolución nunca llegó.En los días previos a su muerte, Karol reportaba dolor de cabeza persistente. Los estudios iniciales no habían detectado algo grave y, aunque se le habían ordenado nuevos exámenes, el tiempo no permitió realizarlos todos.El 23 de mayo, su cuerpo colapsó. Karol Amaya murió un año después del accidente, pero murió atravesando un proceso médico complejo derivado del mismo, una depresión profunda consecuencia de las secuelas y un entramado institucional que no respondió con la urgencia que el caso requería. LEA TAMBIÉN “Lo único que quiero es que esto no le pase a nadie más”, dijo su hermana a EL TIEMPO. La médica Karol Amaya murió esperando que su caso se resolviera y su familia hoy está reclamando justicia.También te podría interesar:#ElTiempo #Chile #Exfutbolista #UltimaHora #NoticiasHoy Foto:EL TIEMPO Sigue toda la información de Colombia en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.














