Nos ha tocado el villano. La mesa lleva el nombre del inspector Fumero, el personaje despiadado de La Sombra del Viento. Y alrededor de esa y de otras mesas bautizadas con nombres de personajes de novela, el mundillo literario se ha sentado para rendir homenaje a un autor, Carlos Ruiz Zafón (Barcelona, 1964-Los Ángeles, EE UU, 2020), y a un libro que cumple 25 años, en un lugar muy especial, el Ateneu Barcelonès, en la calle Canuda. Allí, durante varios instantes de este miércoles, se pudo sentir de nuevo la fuerza de una novela que ha batido todos los récords, traducidos en números: 50 millones de ejemplares vendidos y traducciones en más de 50 idiomas, la mayoría presentes en una exposición en la biblioteca del Ateneu. “En esta fiesta falta Carlos”, ha lamentado Emili Rosales, director editorial del Grupo Planeta. “Un libro puede ser infinito y es lo que está sucediendo con La sombra del viento. “Se fue hace seis años y no hay día en que no queramos llamarle”, ha afirmado Rosales, quien ha asegurado que lo mejor de Zafón está en sus libros.¿Cómo empezó todo? Si no hubiera sido por la insistencia de Terenci Moix, jurado por entonces del Fernando Lara del año 2000, la historia sería diferente. Quedó finalista Ruiz Zafón con La sombra del viento, que transcurre en la Barcelona de la posguerra y también fue publicada. Y así arrancó el recorrido galopante de esta novela con la ayuda siempre de su agente Antonia Kerrigan. La llegada a las bodas de plata del libro arrancó sus festejos oficialmente en la FIL de Guadalajara (México), donde Barcelona fue la ciudad invitada. Ahora han creado, entre otras cosas, una edición especial para la llamada generación Z con un diseño especial para que la novela siga siendo la puerta de entrada para muchos a la literatura, sobre todo los más jóvenes. Y el 18 de noviembre, Planeta lanzará otra edición especial con desplegables y elementos tridimensionales.“El arte inteligente es el que se mete en nuestro cerebro, en nuestro corazón, sin darnos cuenta”, contaba Zafón durante una entrevista en 2008 en EL PAÍS. “Los personajes deben definirse a través de sus acciones y sus palabras, no echando un rollo patatero en un párrafo inmenso. Eso es básico en la construcción dramática. Y aquí estamos tan acostumbrados a que esto no se haga... Lo triste es que la narrativa profesional y con decoro esté ahora en las series de televisión”. Fue precisamente Alemania, y desde la televisión, uno de los países que en sus inicios dio más acogida a la novela. El ministro de Asuntos Exteriores de Alemania, Joschka Fischer, habló en 2003 en el programa literario estelar de la televisión alemana de la novela de 800 páginas como de un libro que se lee de un tirón, en “un día y medio sin poder dejarla ni para dormir”. Los expertos calcularon que un elogio como el de Fischer podía suponer para la novela aludida la venta de 50.000 ejemplares. En el Ateneu, este miércoles, hubo muchas y buenas palabras para recordar al hermético escritor, tan famoso como reservado. Zafón falleció un viernes de junio de 2020, de madrugada, a los 55 años en Los Ángeles, donde vivía desde 1994. Allí se fue a trabajar en Hollywood, pero ninguno de sus proyectos terminó de concretarse. Y como él mismo escribió: “Existimos mientras alguien nos recuerda. Existimos porque nos han reconocido, porque resonamos en los demás. Probablemente sea la huella más importante que dejamos”.