Noticia Exclusivo suscriptores Un análisis del alcance del fenómeno ayuda a explicar por qué la cifra oficial que obliga a cerrar grandes, medianos y pequeños negocios puede estar quedándose corta. Foto: El Tiempo27.05.2026 06:10 Actualizado: 27.05.2026 06:10
En Barranquilla hay un dato que no cuadra; para rematar, ni sabemos con certeza de cuánto es. Es que mientras las autoridades reportan una reducción del 33% en las denuncias por extorsión en 2026, sectores gremiales y analistas advierten que la dimensión real del fenómeno podría ser hasta siete veces mayor a la que aparece en las estadísticas. LEA TAMBIÉN Dicho de otra forma: por cada caso que llega a las autoridades, podrían existir varios más que nunca se denuncian. Ese desfase no es menor en una ciudad que hoy concentra 121 capturas por este delito y que se mantiene como el principal epicentro de la extorsión en el Caribe colombiano. A esa incógnita, la conocemos como el subregistro de la extorsión en Barranquilla.Más capturas, menos denunciasEl balance operativo de 2026 muestra resultados: capturas, dinero evitado —más de 296 millones de pesos— y golpes a estructuras como ‘Los Costeños’ y ‘Los Pepes’. En paralelo, las cifras oficiales sugieren que la extorsión denunciada va a la baja.La mayoría de las capturas son de presuntos integrantes de Los Pepes y Los Costeños. Foto:Prensa FiscalíaPero la percepción ciudadana muestra otra lectura. Según Barranquilla Cómo Vamos, la extorsión es el segundo problema de seguridad que más preocupa, con un 41,88%. Es decir, mientras los reportes formales disminuyen, la sensación de presión se mantiene alta.El concepto que explica esa diferencia es el subregistro. Y aunque su dimensión exacta es difícil de medir, hay coincidencias en que es alta.Desde la Federación Nacional de Compra Vendedores con Pacto de Retroventa (Fenacoven) se ha advertido que, al incluir los casos no denunciados, el fenómeno podría escalar hasta un 700% frente a las cifras oficiales.El dato no busca ser exacto, pero sí ilustrativo dado que la estadística disponible podría estar capturando solo una fracción del problema, que además sería mucho más grande.Luis Fernando Trejos, investigador barranquillero sobre temas de seguridad. Foto:EL TIEMPOAunque el investigador y experto en seguridad Luis Trejos, nos dice que ponerle un número preciso al subregistro es, en sí mismo, especulativo. Sin embargo, las razones por las que existe son concretas.“Para algunos comerciantes, lo más práctico es pagar y seguir produciendo. En otros casos hay la percepción de que la denuncia no produce efectos. Y también hay una idea generalizada de impunidad: que los capturan y vuelven a la calle”, explica en conversación con EL TIEMPO.Esa combinación de miedo, cálculo económico y desconfianza, mantiene una parte del delito fuera de cualquier registro oficial.El silencio también es un datoEl subregistro no solo distorsiona las cifras, sino que también impide dimensionar el negocio. Si no se denuncian todos los casos, tampoco se puede calcular con precisión cuánto dinero mueve la extorsión en la ciudad. Y ese detalle es clave en un contexto donde las estructuras criminales dependen, en buena parte, de rentas locales.Panfletos y todo tipo de amenazas sufren muchos comerciantes en la ciudad. Foto:Redes sociales“Desconocer la magnitud del fenómeno también nos hace desconocer cuánto dinero se está moviendo en ese mercado ilegal. El día que lo sepamos, nos vamos a ir para atrás”, advierte Trejos.A diferencia de otras regiones, donde los grupos criminales tienen vínculos con economías como el narcotráfico internacional o la minería ilegal, en el Atlántico las rentas son, en su mayoría, urbanas. En ese esquema, la extorsión es su eje financiero… casi nada.Un análisis del alcance del fenómeno ayuda a explicar por qué la cifra oficial puede quedarse corta. La extorsión impacta a tiendas de barrio, rutas de transporte, negocios nocturnos, motocarros, motos y hasta docentes.Sus modalidades incluyen llamadas desde cárceles, mensajes por WhatsApp con fotografías de los locales, panfletos amenazantes, videos intimidatorios y ataques a bala contra fachadas. Y, por supuesto, homicidios.A esto se suman efectos indirectos. Gremios han reportado el cierre de cientos de pequeños comercios en los últimos años, una consecuencia que no siempre aparece en las denuncias, pero que está ligada a la presión extorsiva.Muchos prefieren pagar y seguir. Otros cierran de inmediato. En ambos casos, sin denunciar. Foto: El TiempoEn paralelo, el delito ha mostrado una tendencia de crecimiento sostenido: pasó de 106 denuncias en 2018 a 892 en 2024. Una curva ascendente que, leída junto al subregistro, sugiere que el fenómeno real podría ser aún mayor. No se sabe si dos, tres o siete veces, pero sí se sabe que es mayor.Esa variable que no se denuncia, ese volumen desconocido de casos que nunca llegan al sistema y que no suele aparecer en los balances oficiales, incide directamente en la lectura – y resolución– del problema. LEA TAMBIÉN Porque si la extorsión puede estar multiplicada varias veces por fuera de las estadísticas, la discusión deja de ser solo cuántos casos hay y empieza a cuestionar de qué tamaño es el iceberg con el que estamos por chocar.También te podría interesar:Le contamos todas las movidas políticas de las últimas horas Foto:EL TIEMPO Sigue toda la información de Colombia en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.














