Los usamos cada día. Para conservar y calentar alimentos, lavar la ropa o limpiar la suciedad del hogar. Los electrodomésticos son uno de los símbolos de la sociedad de consumo: vivimos rodeados de aparatos diseñados para resolver cualquier necesidad, por pequeña que sea. Pero estos mismos productos también cuentan la historia de la industrialización en España, donde entre los años 50 y 70 proliferaron fábricas que los producían con sello nacional. Aun así, en las últimas dos décadas el escenario ha cambiado: han cerrado o se han deslocalizado 17 plantas de electrodomésticos. Hoy apenas queda una decena, dos de ellas en Catalunya. ¿Qué explica este declive?Para el portavoz de la patronal española del sector APPLIA y director de ventas de la alemana BSH en España, Augusto Río, esta pérdida acelerada de tejido industrial se explica por una competencia más global y feroz, pero también por la desigualdad regulatoria que sufren los fabricantes nacionales y europeos. “Hay ciertas normativas en Europa encaminadas teóricamente a hacer que mejore el entorno industrial europeo, pero la aplicación de las mismas hace que sea más complicado fabricar dentro de la UE”, defiende el directivo.El presidente del grupo CNA, propietario de la histórica marca Cata, prevé que el sector siga creciendo pese al contextoRío asegura que la industria está siendo “acosada” por decisiones comunitarias como el Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM). Se trata del instrumento ideado por Bruselas para fijar un precio justo al carbono emitido con la producción de determinados bienes que entran en la UE y fomentar una fabricación más limpia en los países de quienes importamos.El acero, una de las principales materias primas que usan los electrodomésticos y que mayoritariamente llega a Europa desde el extranjero, está en la lista. “No solo no nos beneficia, sino que nos está perjudicando”, incide el portavoz de APPLIA. Su crítica es que esta tasa encarece el acero que necesitan para recubrir sus aparatos, pero en cambio no se aplica a los que llegan desde otros países ya terminados. “Hace que sea más rentable importar el producto fabricado fuera que producirlo aquí”, dice.A esto que se le añade que España sea más estricta con la garantía de fabricante (son tres años versus los dos que marca la UE) y que la obligación de guardar componentes de los electrodomésticos durante 10 años les genera costes de almacenaje que a menudo ignoran los importadores. “El servicio técnico necesario también implica dinero. Es mucho más fácil cambiar directamente el aparato, que es lo que hacen fabricantes de fuera”, dice. El directivo insiste que el sector no piensa incumplir la normativa europea, pero sí reclaman acabar con la “falta de control real” sobre los productos importados de Asia. De hecho, revela que desde la misma APPLIA pagan a laboratorios externos para analizar electrodomésticos de estos competidores que puedan ser defectuosos. “No pedimos un subsidio. Pedimos un terreno de juego con un arbitraje justo”, remarca Río.Quedan una decena de fábricas de estos aparatos en España por la mayor competencia y deslocalizaciónUna de las dos fábricas de electrodomésticos que aún resiste la pujanza asiática en Catalunya es la del grupo CNA, propietarios de la histórica marca Cata. Su presidente ejecutivo, Santiago Torent, remarca que el sector “tiene buenas perspectivas”, con crecimientos de entre el 3% y el 4% anual en España, impulsados por “la reposición, la eficiencia y la innovación”. “El reto no es crecer, sino hacerlo con más valor añadido”, expone el representante de APPLIA. Para el responsable del grupo, con una planta ubicada en Torelló, tras años de competencia centrada en los costes, la industria europea debe enfocar su lucha “en calidad, innovación, durabilidad y mejores prestaciones”. Esto también incluye los servicios de postvenda y las reparaciones, ámbitos en los que la legislación les obliga a ser cada vez más responsables de todo el ciclo de vida del producto.Desde APPLIA, Río enfatiza que el sector no se encuentra inmerso en ninguna “crisis brutal”. El año pasado esta industria facturó 4.500 millones de euros en España, exportó 980 millones en producto fabricado aquí y da trabajo a cerca de 8.000 trabajadores de manera directa. “Sería ideal que abrieran más fábricas, pero que por lo menos las diez que tenemos se mantengan intactas”, pide el representante de los fabricantes.Periodista de Economía en La Vanguardia. Antes trabajó durante diez años en la misma sección en el Diari Ara. Es autora del libro 'El club de los unicornios' (Península, 2023).