La ciencia no es una creencia o una foto estática, sino el mecanismo que tenemos los humanos para cuestionarnos la realidad, establecer certezas y ahondar en el conocimiento del mundo y todo lo que nos rodea. Por ello, de vez en cuando aparecen fenómenos que cuestionan aquello que creíamos saber, generando nuevos paradigmas que necesitan ser investigados. Es el caso del viaje improbable llevado a cabo por dos ballenas jorobadas, quienes marcaron un récord al cruzar más de 14.000 kilómetros de océano abierto entre áreas de reproducción del este de Australia y Brasil.PublicidadLa investigación, publicada en la revista Royal Society Open Science y llevada a cabo por un equipo internacional de científicos de Australia, Brasil, Ecuador y Estados Unidos, constituye “un avistamiento único en el mundo”, según explicó a EFE la bióloga ecuatoriana Cristina Castro, una de las autoras principales del estudio.Lo insólito del casoLas ballenas jorobadas se caracterizan por una fuerte fidelidad a sus rutas migratorias. Concretamente, viajan de entre zonas de alimentación en aguas frías y áreas de reproducción en regiones tropicales, casi siempre a los mismos lugares. “Estos dos animales deberían migrar hacia sus áreas de alimentación y regresar hacia sus áreas de reproducción”, explicó Castro. Sin embargo, en lugar de volver a sus zonas de reproducción habituales, uno apareció años después en la costa brasileña, mientras que otro realizó el recorrido inverso.Aunque se sabía que algunas ballenas pueden desviarse de su rumbo, esta es la primera vez que se documenta con evidencia científica un detour tan grande. Por eso el mencionado récord es “extremadamente raro” y apenas supone el 0,01 % de los individuos registrados, aunque podría desempeñar un papel importante en la salud de sus poblaciones a largo plazo.Por qué ha podido sucederAhora llega el momento de encontrar las causas y, por el momento, todo son hipótesis. “Está pasando algo con el cambio climático”, apunta Castro, quien añadió que podría estar relacionado “con la disposición de alimento”, aunque todavía no se sabe “por qué se están moviendo de esta manera”.PublicidadEl hallazgo se suma a otros casos recientes, como el de una ballena que en 2025 migró desde Colombia hasta África, recorriendo unos 13.000 kilómetros. Este tipo de registros refuerza la llamada hipótesis del Intercambio del Océano Austral, que sugiere que individuos de distintas poblaciones reproductivas pueden coincidir e incluso mezclarse en áreas de alimentación compartidas en la Antártida.Cómo han logrado hallar este fenómenoSin duda, una de las cuestiones más llamativas ha sido la manera en la que los investigadores lograron identificar la migración de los dos ejemplares de ballena jorobada, pues ninguno de ellos poseía dispositivo de rastreo alguno. Así, los localizaron gracias a la plataforma global Happywhale, que trabaja con algoritmos que cotejan miles de fotografías tomadas en diferentes partes del mundo.Cada ballena jorobada posee un patrón único en la parte inferior de su cola, similar a una huella digital, formado por pigmentaciones y cicatrices distintas. Al procesar estas fotografías mediante un algoritmo automatizado de reconocimiento de imágenes, y verificar luego visualmente cada coincidencia, el equipo identificó a las dos ballenas jorobadas.PublicidadUna de las ballenas fue fotografiada por primera vez en la bahía Hervey (Australia), en 2007, donde la vieron nuevamente en 2013, antes de aparecer frente a la costa de Sao Paulo, Brasil, en 2019. Ambas áreas reproductivas están separadas por unos 14.200 kilómetros en línea recta, equivalente a la distancia entre Sídney y Londres.A la segunda ballena se le tomó la fotografía por primera vez en 2003 en el Banco de Abrolhos, la principal área de reproducción y crianza de ballenas jorobadas de Brasil, frente a la costa de Bahía, junto a nueve adultos. Veintidós años después, la vieron en Bahía Hervey. Esos lugares de avistamiento están separados por unos 15.100 kilómetros.Un fenómeno raro, pero relevanteAunque excepcionales, estos viajes sugieren que las poblaciones de ballenas jorobadas no están tan aisladas como se pensaba. En un contexto de recuperación global de la especie tras décadas de caza intensiva, estos intercambios podrían desempeñar un papel importante en su evolución y adaptación. El hallazgo abre nuevas preguntas sobre cómo responden estos grandes mamíferos a un océano en transformación y hasta qué punto sus rutas migratorias son más flexibles de lo que la ciencia había asumido hasta ahora.